La vida bohemia bajomedieval: Kingdom Come Deliverance

“Thou art perfect then, our ship hath touch’d upon
The deserts of Bohemia?”

Shakespeare. Scene III. Bohemia. A desert country near the sea.

Alguien dijo que tan sólo cuando el cielo se vació de ángeles los sabios pudieron estudiar las estrellas. El videojuego del que vamos a hablar, Kingdom Come: Deliverance (2017), se ambienta en la Bohemia de 1403 (la República Checa de hoy), durante el otoño de la Edad Media (s.XIV y XV), justo cuando la cristiandad se divide entre dos Papas, el Turco está a las puertas de la segunda Roma y la bóveda celeste se estratifica por jerarquías angélicas.

Bohemia no era ese desierto imaginario cercano al mar de las estrofas shakespirianas, pese al enciclopédico desconocimiento insular del bardo inglés. En el agora del juego es el corazón de Centroeuropa, y su capital, Praga, una joya que acaba de vivir su edad de oro bajo el mandato de Carlos IV, sacro-emperador germano. Sin embargo Warhorse Studios no propone debates teológicos heréticos en la recién fundada universidad, sino un conflicto feudal en torno las minas de plata de Skalice entre dos dinastas que pugnan por la corona bohemia, Wenceslao IV y su hermano Segismundo, rey de Hungría.

Una vez presentado, difusamente, el trasfondo histórico, podemos señalar qué peticiones apriorísticas le hice y se le formulaban al juego; y además aclarar que cuando un historiador superpone su educada mirada no ve stricto sensu lo que tiene delante, sino que capta matices incognoscibles para el niño-rata promedio.

Pasado el frenesí de la batalla nuestro angustiado Henry vaga con la mirada perdida de las mil yardas. Medio caballero, medio perro que ha probado la sangre humana; ya no hay vuelta atrás. A su alrededor todo arde.

Así pues, si el bardo de Stratford-upon-Avon imaginó desiertos donde no los había, un colectivo mediático (multicultural y feminizado) ha exigido ver la Centroeuropa de después de la Peste Negra (1348) como si fuera un anuncio de Benetton, saturada de negros y de mujeres empoderadas. Quizás sería necesario que se quitasen las lentes deformantes y suspendieran ese discurso para firmar un pacto con el desarrollador y no pedir ni mundos posibles ni imposibles, sino verosímiles, con un entramado de reglas internas coherentes que garanticen la inmersión.

Kingdom Come recaudó 1.106.371 £ en Kickstarter y su desarrollo costó 36 millones de dolares. Finalmente no hubo princesa prometida.

Su intento de reescritura de la Historia no puede ocultar que hasta tiempos recientes la mujer ha sido un personaje anónimo, más allá de diversos roles como el de amantísima madre o como mera pieza de intercambio matrimonial, habiendo eso sí excepciones de mucho renombre (precisamente por lo excepcional). Lo más parecido a una mujer fuerte que podríamos encontrar en el medievo sería aquella dama noble que administrase su dote o se ocupase de los asuntos de su marido in absentia, pero no siempre como norma. En cuanto al cromatismo pantone, bastante trabajo tiene el juego tratando con cautela las relaciones de animosidad entre tudescos y protochecos.

Blackwashing aparte, los puristas del género histórico y de la simulación bélica, que dieron el primer empujón a la iniciativa del estudio checo financiándola por kickstarter, compraron la premisa del traslado a un mundo abierto y reinterpretable de relaciones feudo-vasalláticas y que el tan cacareado sistema de combate realista emulara tanto a los manuales de esgrima pre-renacentistas (fetchbücher) como a su experimentación a través del reenacment marcial.

Yo tan sólo quería poder galantear cortesmente con la mujer del castellano (suponiendo que con las palabras adecuadas se puede llegar muy lejos) y quizás reventarle la crisma a algún bandido con el pomo de la espada. He de advertir que las dos expectativas se cumplieron satisfactoriamente: la mujer me tuvo a su entera disposición para realizar encargos absurdos y para sangrar por ella y al final no conseguí nada más allá de lo platónico y en cuanto al malhechor, al final dejas un reguero de cadáveres, de baja y de alta alcurnia, del que faltan dedos de las manos para contarlos; que esto sea en justa lid depende de la catadura moral de cada uno.*

Sobre el puente levadizo un hombre de armas con bacinete de morro de cerdo desvía la bisarma de su oponente y se apresta a descargarle la espada en algún punto indeterminado entre el hombro y el cuello.

La casta de los homo furens

Lo interesante es que nuestro Henry, el avatar que impersonamos, no es un curtido matasiete sino un joven normal, virgen frente al mundo, que rondará la veintena; el hijo solícito de un herrero local famoso por sus espadas (una profesión de cierto estatus), con una novia lozana y con unos amigotes de poco seso pero sin excesiva malicia. Éste bucólico erase una vez de historia con minúsculas va resquebrajarse cuando una horda de jinetes cumanos, un pueblo túrquico al servicio del monarca húngaro, ataque tu aldea y la reduzca a cenizas, masacrando a los lugareños y matando a sangre fría a tus seres queridos por orden de su comandante, Markvart von Aulitz.

El Radzig Kobyla del códex en formato de miniatura iluminada.

Baste decir que Segismundo, tras apresar a su inepto y putañero hermano, dio un ultimátum a los nobles bohemios exigiéndoles que le juraran lealtad, al que el señor de Skalice, sir Radzig Kobyla, respondió con nones. Como su castillo domina las estratégicas minas de plata de la región de Kutná Hora, y el ejército del monarca húngaro se compone sólo de soldadesca pagana, que si que cree en el constante sonido del dinero en su bolsa, la toma de la fortificación y de su hinterland era prioritaria. Henry tan sólo es un peón analfabeto en una partida que no comprende, aunque las lineas maestras de esta lucha de poder se revelarán más adelante, cuando nos ganemos el derecho de asistir casi como uno más a la mesa de notables.

Y es que si nos creemos que el caos es una escalera, este primer acto sienta las bases del camino del héroe tras una hazaña primeriza (básicamente huir a uña de caballo y dar las malas nuevas al señor de otro bastión), así como resuelve satisfactoriamente el dilema de cómo un trozo de carne huérfana puede permear el montón bueno de la pirámide estamental. Pronto seremos apadrinados por sir Radzig Kobyla y se nos desvelará un feudalismo utópico en el que podremos querer a nuestro señor feudal como si fuera un padre (metafóricamente hablando). Sabiendo que sólo somos materia que interactua con la realidad y que el trato que se les da a los sujetos depende de un capital simbólico consensual, a lo largo del juego tendremos la sospecha de que se nos considera gente de calidad sin motivos objetivos (se puede presumir que es por hidalguía, pero no parece fundamento suficiente).

Una vez acostumbrados al Henry digital el ver al Tom McKay de carne y hueso nos generará la sensación del valle inquietante.

¿Nos atreveremos a describir la fisionomía de Henry?, y aquí tomo distanciamiento académico, que no es sino una argucia para no exponerme porque, según la inexorable ley del talión, quien a Lavater mata a Lavater muere. Nos encontramos pues, ante un joven con una buena estructura osea capaz de soportar algunos kilos de musculatura extra, con una proporción correcta de las distintas partes del cuerpo entre sí y una estatura media. Sus ojos glaucos y su rostro neutro y algo bobalicón generan confianza y aun pareciendo simplón (por falta de mundo y por juventud, pero esto tiene cura) se le ve distinto al resto de los aldeanos. Por último, sus correctos modales y su habla bien modulada son un buen punto de partida para desplegar el ingenio si lo adquiriera.

Aprovecho para calzar un excursus: de las tres grandes némesis dos son calvos y un tercero se cubre con un chaperón, pero posiblemente también lo sea. No es que quiera derivar maldad de la alopecia, pero aquí al menos se constata la tendencia y de momento ningún colectivo ha exigido a Warhorse la inclusión de los calvos en las filas del bien.

Las crónicas nos dicen que el Markvart von Aulitz histórico murió en el año 1402, pero ¿por qué desaprovechar a un archienemigo con un nombre tan imponente? El santoral católico limitó y homogeneizó la rica variedad de nombres eslavos de las centurias precedentes.

Puedes ser todo lo que quieras ser

Como ya hemos insinuado, podremos personalizar a nuestro inmaculado recipiente de muchas maneras. Quizás queramos llenarle la cabeza de bellas letras, planteandosenos una curiosa paradoja: y es que aunque él no sepa leer, nosotros sí, por lo que para emular el aprendizaje las letras aparecen con desorden disléxico, consiguiendo ralentizar de forma efectista la lectura. Otras veces elegiremos defender nuestro honor ante acusaciones que puedan manchar nuestro buen nombre o querremos hacer que se respete el orden aristotélico de las cosas neutralizando a algún cazador furtivo en los bosques del señor y, aunque sean ejemplos extremos, nuestra conciencia ya nunca más estará limpia. Esta aventura será una sucesión de puertas que deberían haberse quedado cerradas, la mezcla de una novela de caballerías con un juego de la oca en el que avanzaremos de estrés postraumático en estrés postraumático.

La carísima armadura de placas llegó a su cenit a finales del siglo XV gracias a las técnicas de forjado del acero mejoradas. Pesaba entre 15-25 kg y al ser articulada dejaba gran libertad de movimientos.

Nuestro Henry será la suma de todas las decisiones que tomemos más la distorsión de los muchos bugs del juego (personajes redivivos, encamisadas a cara de perro en pijama largo, bajadas de reputación instantáneas que sólo pueden atribuirse a las malas lenguas) más nuestro perfeccionamiento como galán, embaucador o espatario a través de un árbol de diecisiete habilidades que tienen impacto real en el juego.

La curva de aprendizaje será elevada, pero a la vez que nosotros mejoremos también lo hará el muñeco, pues la mayoría de las acciones las deberemos ejecutar en primera persona y al principio nos faltará soltura: al forzar cerraduras las ganzúas se quebraran, afilando de canto una hoja la mellaremos o si no bloqueamos un golpe en el momento preciso seremos heridos. Cuantas más veces regateemos, hurtemos o cabalguemos antes descollaremos en esos campos, pero toda dote es secundaria salvo la de convertirnos en expertos homicidas.

El director creativo Daniel Vavra y el diseñador principal Viktor Bocan profundizan en este video en la complejidad del sistema de combate, realista pero a la vez accesible, de Kingdom Come Deliverance.

Gracias al potente motor gráfico el combate se rige por las leyes de la física y de la dureza de los materiales, los objetos coliden y las espadas se deslizan a través de la armadura o no consiguen perforar las hasta cuatro capas de protección. Pronto querremos, cuando nos enfrentemos a infantes acorazados, abrirles con el pincho del martillo de guerra como si fueran una lata de sardinas; o rebozarnos de acero para ser invulnerables ante los pordioseros subequipados, porque cualquier espadazo que haga carne puede mandarnos sin confesión al cielo al que van los héroes.

La principal obligación de un soldado es la de quejarse en voz alta de todo (siempre que no le escuche un mando). Su sustento está garantizado por a un puchero que va rellenandose con lo que hay a mano.

Si el oponente es uno deberemos bailar con él; desplazándonos lateral y perpendicularmente mientras le buscamos las vulnerabilidades a través de las guardas, tal vez lanzando ataques en direcciones inesperadas: apuñalando, cortando o empujando; fintando, amagando o sincronizando bloqueos, hasta que fruto de su cansancio o de su error concatenemos varios ataques que le impacten. La inmersión se acentúa cuando el cansancio aparece entre jadeos, la adrenalina difumine el entorno y la cámara se focalice sólo en el oponente, reduciendo la existencia terrena sólo a vosotros dos y a los ángeles del cielo. Si cae al suelo derrengado es hora de propinarle el golpe de misericordia o, como premio a su hombría, darle cuartel.

Si son dos o más deberemos intentar que se obstaculicen entre sí, tratando de que no nos lluevan golpes a varios brazos. También hay batallas multitudinarias en los momentos clímax de la historia; las cuales se asemejan a una melee de rugby en la que se empuja tratando de romper la formación enemiga mientras la batalla se resuelve por los flancos. Si contamos con el soporte de los números podremos apostar a romper el centro haciendo daño con un arma de asta o, equipados con un arma más ligera, dar dentelladas por las alas o por la retaguardia.

Aunque como producto de masas el videojuego priorice el entretenimiento y se nutra de tropos del juego de rol tradicional y de la fantasía histórica sin magia en un compromiso con el realismo Influirán en el rendimiento de Henry sus carencias fisiológicas: el sueño, el cansancio, el desangramiento, la intoxicación o el hambre.

Aun cuando consideremos el placer un interludio de la batalla o al revés, la vie bohème bajomedieval también ofrece posibilidades de esparcimiento: buena conversación, ropaje burgués, cerveza, dados y buen yantar.

El encantamiento del mundo

Si tenemos dudas sobre el contexto histórico un códice bellamente ilustrado, al que se accede desde el menú, hace más fácil entender cómo encaja todo en este mundo: las relaciones entre los distintos estratos sociales, el rol de la religión, cómo funciona la economía y cómo distantes eventos políticos afectan a la vida en tu pequeño rincón del Imperio. Mucho de este conocimiento sociológico le sería inaccesible al personaje pero otro lo daría por sentado, formando parte de su cosmovisión de paleto de pueblo, y es a nosotros al que nos resulta extraño. Afortunadamente, el ser acogidos dentro del “cuerpo místico del reino” nos permitirá observar transversalmente todos estos temas desde la perspectiva de la otredad.

Los nobles se desplazan para controlar su territorio mostrando músculo, y al menos en esta región mantienen lazos de solidaridad y de lealtad entre ellos, aun cuando la Historia sea generosa en ejemplos de enemistades ancestrales entre vecinos. Atendiendo al tiempo de larga duración encontramos una nobleza especialmente levantisca, defensora de sus prerrogativas de clase frente a algunas monarquías que quieren devenir en autoritarias, rompiendo el pacto feudal. Superestructuralmente vemos que se guían por códigos caballerescos que no son clichés, sino una evolución muy elaborada de una ideología justificativa:

Si quebrantamos nuestra palabra de honor, no tenemos ninguno, y sin honor no somos nada

Estas palabras las pronuncia sir Hanush de Leipa, ayo del heredero de Rataje, al que le inculca todo lo que se espera de él para ocupar ese puesto de preeminencia, y son sintomáticas de una sociedad tradicional que se basa más en el valor de la palabra dada y de la tradición que en el acatamiento de la ley (las leyes eran más bien instrumentos de poder monárquicos).

Sir Hanush y sir Radzig forjaron unos lazos de amistad inquebrantables durante su juventud. Cuando Segismundo destruya Skalice Hanush cederá temporalmente a su camarada el castillo bajo de Rataje.

El contacto con el populacho está garantizado por nuestro más inmediato pasado, en forma de gentes reducidas a la mendicidad que quieren cobijarse bajo tu buena estrella, y por las misiones de que desempeñemos como subordinado de sir Radzig: recolecta de información, investigación criminal, exploración e infiltración y limpieza de focos de bandidaje. Vemos que lo que posteriormente se denominará Tercer Estado se dedica a una amplia gama de oficios manuales, que se despiertan a una hora prudente (aunque el gallo cante al amanecer aún apuran un par de horas) y que tras su rutina acuden en tropel a la taberna hasta que el merino da el toque de queda. Suelen conocerse entre si y son muy opinadores sobre la vida de los demás constituyendo su chismorreo un método impagable de control social.

Originalmente Sázava fue un asentamiento en la ribera izquierda del río epónimo. Fue destruido durante las guerras husitas en 1421.

Si uno pierde el tiempo en hablar con ellos te contarán que en tiempos de su abuelo se vivía mejor, y aún el más informado de ellos navegará entre medias verdades y mentiras completas. Algunas profesiones, como la de molinero o minero, son miradas con recelo por los villanos por su modus operandi poco honesto y por su contacto con forasteros propagadores de ideas poco ortodoxas. Serán unos mineros los que descuarticen al sir Radzig histórico en 1416 disgustados por la quema de su profeta Jan Hus.

Durante los siglos XIII y XIV los agricultores y los ganaderos, que constituirían el 90% de la población rural, obtuvieron el derecho a heredar sus granjas y tanto los salarios como el comercio comienzaron a tener reglas más definidas. Esto se encuadraría dentro de la ruptura de la economía autárquica feudal y el inicio de una fase de economía monetaria precapitalista, expandiéndose los mercados regionales, en donde se vendian los excedentes, y mejorándose las vías de comunicación.

¿Qué puede decirse de la religión en un tiempo en que media cristiandad tenía excomulgada a la otra mitad? Pues que aunque sea una parte central de la cultura y de la estructura social esta no parece tener un peso demasiado importante en la trama. Al fin y al cabo todos, buenos o malos (excepto los cumanos), son católicos y por ende hermanos. Nuestra relación con los oratores será distinta según interactuemos con el bajo clero, más cercano, o el alto, incluyendo un legado papal que ha recibido el soplo de que una familia alemana practica el culto de la secta valdense. En el primer caso tenemos al padre Godwin, un ex-mercenario que cohabita con su barragana en el presbiterio pero que se preocupa de su rebaño como un buen pastor, y, en el segundo, el vicario antes mencionado, perseguidor incansable de desviaciones heréticas.

El padre Godwin oficia una misa ante su congregación en la iglesia de Uzhitz. Como hijo menor de una familia nobiliaria acabó tomando los hábitos tras una juventud dedicada a las mujeres y a las armas.

No será hasta más tarde cuando las ideas de John Wycliff y Jan Hus se propaguen por toda Bohemia dando lugar a las terribles guerras husitas (1420-1434). Se desliza por algunas conversaciones que hay un descontento generalizado debido al Cisma de Avignon y a la lejanía de la curia de los valores del cristianismo primitivo; además empieza a cobrar importancia la lengua vernácula, el checo, en detrimento del latín o el alemán. El sacerdote oficiaba la misa en latín de espaldas a los feligreses, lo que junto a las pinturas sacras, la música de órgano y la “observación de la hostia” acentuaba el carácter místico de esta. El pueblo sólo comulgaba en Navidad, en Pascua y en algunos días festivos señalados. No son más que indicios de lo que explotará en unos años, cuando Segismundo sea por fin rey de Bohemia y tenga que traer cruzados de toda Europa para combatir a los invencibles husitas de Jan Zizka (no es casualidad que su emblema sea el Cáliz de Cristo).

Por último, la vestimenta tiene veracidad de manuscrito y el territorio y la arquitectura han sido recreados tridimensionalmente con minuciosidad basándose en los enclaves reales.  Algunos se han conservado hasta nuestros días, otros se modificaron por barroquismos palaciegos o han sido musealizados, y otros simplemente fueron destruidos durante las guerras husitas, por lo que gran parte de la labor arqueológica de reconstrucción se ha basado en las indicaciones de unos veinte historiadores que han asesorado a Warhorse.

De Skalice sólo quedan ruinas que fueron reutilizadas para la construcción de la iglesia de San Juan de Nepomuk (1730), Talmberk es una ruina aprisionada por el desarrollo residencial, de Rataje se conserva en buen estado el castillo de Pirkstein y el monasterio de Sázava luce casi tan hermoso como en el juego. La afluencia de turistas desde que salió a la venta el juego se ha dejado notar significativamente en la región.

Daniel Vavra y el equipo de Warhorse explican las dificultades y la polémica detrás de la producción de Kingdom Come Deliverance en un documental para Gameumentary. Pincha para ver.

Claro que sabemos que todo lo que aquí se ha expuesto no es sino la encarnación más reciente del historicismo, que recupera lo que le interesa del pasado para entretener y que, como producto de ficción, nos habla más de la visión de los autores que del periodo que retrata; pero si somos capaces de suspender el discurso por un momento y si estamos muy atentos- entre todo el horror y el barro medieval- aun podremos saborear algo muy especial cuando, cubiertos de la sangre de nuestros enemigos, un sentimiento atenace nuestras gargantas: a lo mejor no sabremos lo que es; pero no es otra cosa que… la gloria.

Carlos de Lorenzo Ramos

* Cuando conocí a lady Stephanie pensé de ella que personificaba ese meme que reza: “mi novia me dijo que la tratase como una princesa, así que la obligué a casarse con un conde treinta años mayor que ella para aliarme con el rey de Francia”. Más tarde, cuando frecuenté su compañía, me di cuenta de su excelente crianza y de los muchos placeres no siempre a simple vista del amor cortés, iniciándose un juego que, aunque natural, seguía unas reglas muy pautadas en el que las dos personas tratan de mostrar al otro la mejor versión de si mismas.

El Henry de otra persona se compadece de lady Stephanie mientras la mira con ojos de cordero degollado. Entre los dos se ha creado un vinculo de complicidad más que buscado por ambas partes. Pincha para ver.

Llegado un momento era evidente como iba a acabar el asunto así que mi Henry eligió respetar a sir Divish. Puede que el señor de Talmberk sea un viejo severo con la cara arada por profundos surcos pero ama con devoción a su esposa. Cuando le vi emperifollado con su armadura de punta en blanco siendo el primero en asaltar la brecha para rescatar a su amada (pues la habían tomado como rehén junto al castillo), supe que había elegido sabiamente y me di cuenta de que el amor puede albergar muchas formas y que esas dos personas, pese a sus circunstancias, se querían profundamente.