Entrevista a Eric Shanower, autor de La Edad de Bronce

mil naves

Mil naves aqueas arriban a la playa de Troya. Agamenón, Aquiles, Ulises, Menelao, Ayax, Diomedes…todos los príncipes de la Hélade empeñarán diez años de su vida, y no todos volverán a casa.

Historiavera entrevista a Eric Shanower, autor de la Edad de Bronce, una ambiciosa recreación de la Guerra de Troya en forma de novela gráfica que aúna todas las versiones de la rapsodia de Homero

La Guerra de Troya es un maremágnum, una historia que se a reescrito hasta el infinito. Eric Shanower, talentoso dibujante ganador de dos premios Eisner, ha compuesto una serie que bebe tanto de la Iliada y la Odisea, como de tradiciones medievales como el Troilo y Crésida de Shakespeare, y como gran novedad: utilizando datos arqueológicos reales de la Edad de Bronce micénica para plasmar atuendos, costumbres, armas y edificios.

eric shanower

Eric Shanower (1963). Ganador de dos premios Eisner (2001, 2003). Autor de la Edad de Broce y un gran número de publicaciones ambientadas en Oz.

En unas versiones los dioses caminan de la mano del hombre, en otras, se da importancia al amor cortés; algunas resuelven el entuerto en una única titánica batalla, pero las más hablan de diez interminables años de asedio.
La Edad de Bronce, la novela gráfica de Eric Shanower, es distinta; nunca se había contado la rapsodia de Homero de esta forma. ¿Qué la hace tan especial?: un guión nutrido de todas las versiones anteriores, la intención del autor de aunar esos episodiosen una obra en la que lleva veinte años inmerso y su valiente interpretación gráfica de la época. Su dibujo se basa escrupulosamente en vestigios arqueólogicos de la Edad de Bronce, cual si fuera una ventana al oscuro siglo XIII a.C. Lejos quedan esas románticas armaduras clásicas y esos palacios llenos de capiteles corintios que Hollywood se ha empeñado en vendernos.

menelao y helena la edad de bronce

Menelao ve el rostro de su amada Hélena, aquella que se fugó con el príncipe troyano París.

La trama comienza en la Edad de Bronce Tardía, y enfrenta a troyanos,que Shanower ha plasmado con rasgos hititas, y a aqueos. La guerra la desata el consabido rapto de Helena por el príncipe troyano Paris; pero la realidad subyacente, y de la que Agamenón, rey de Micenas, espera sacar tajada, es la lucha por el control del Helesponto, y con él todo el comercio con las ciudades del Mar Negro.

Aunque el guión sea primordial, el dibujo no se queda atrás. La vestimenta, el aspecto físico e incluso el corte de pelo de los griegos está marcado por las pinturas, esculturas y grabados. El rey Agamenón, por ejemplo, es un calco de la homónima máscara de oro encontrada en su palacio de Micenas. Todavía quedan en pie varios edificios de la época: Micenas, el Pilos de Néstor o los restos de Accotini en la isla griega de Tera.

P-Desde que empezaste a documentar la historia a principios de los 90 han pasado más de 20 años. ¿Cuál ha sido tu inspiración para plasmar las armas y panoplia de la Edad de Bronce tardía?. ¿Han cambiado tus referencias con nuevos descubrimientos?

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Portada de la Edad de Bronce, editada en España por Azake. Agamenón está basado en la máscara de oro que lleva su nombre, descubierta en Micenas.

R-Las armaduras aqueas están basadas en general en imágenes del vaso de los guerreros de Micenas. Desde luego he incluido variaciones. Hay muchas representaciones de cascos y otros tipos de armadura que se han descubierto en la esfera de influencia micénica, e intento incorporarlas en mis diseños de la panoplia aquea. También me baso en descripciones de Homero en la Iliada, e intento incluirlas lo máximo que puedo, aunque la Iliada tal como la conocemos data de varios cientos de años después de los hechos que inspiraron la Guerra de Troya (siglo VIII a.C). El único que lleva armadura completa de Dendra es el rey Nestor, pero ninguno más.

La armadura troyana se basa en imágenes de guerreros hititas, pero no existen muchas de ellos portando armadura, así que he ido más al este para incorporar algunos aspectos de armaduras de otras culturas. Desde luego he tomado en consideración el equipo de los Pueblos del Mar, pero como no sabemos quienes fueron realmente o su procedencia, he tratado de ser cuidadoso en el uso de las representaciones que tenemos de ellos. Sus barcos desde luego fueron los mismos que se usaron en la Edad de Bronce. Pero los que han sido interpretados como cascos emplumados, muy distintivo de ellos, no los he usado en mi historia. Todas las armas de la Edad de Bronce son lo más autenticas que he podido plasmarlas.

P-La raza troyana en los comics parece muy diferente de los aqueos, incluso su morfología es similar a los nativos americanos con esos pómulos pronunciados y narices distintivas. ¿Porqué elegiste ese estilo?

R-Empecé con fotografías de personas actuales de Turquía cuando me imaginaba como serian los troyanos. Algunos personajes, como Hécuba, están basados específicamente en representaciones de gente hitita. Las cintas para el pelo que llevan casi todos los hombres pueden dar la impresión de que los troyanos parecen nativos americanos, pero están basadas en la arqueología, y todas mis representaciones están centradas en ella.

P-Encuentro fascinante el arco argumental sobre Crésida y Troilo. Los reyes aqueos tratan a Cresida como un premio, un objeto. En general todos los personajes son MUY OSCUROS, ninguno cree en el amor al projimo. Incluso Príamo, que se ha mostrado como un rey correcto y querido quiso sacrificar algunos prisioneros en venganza por la muerte de su hijo. ¿Qué podemos esperar en los próximos números?, ¿tal vez Eneas tenga algo que decir?

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Ifigenia, la hija de Agamenón, es sacrificada para que el temporal amaine.

R-El próximo episodio se centrara en el encuentro entre Helena y Aquiles en el monte Ida. Intento contar la historia como se ha ido concibiendo durante milenios. No intento añadir nada que no estuviera presente antes, aunque desde luego debo expandir algunos aspectos y dramatizar otros para una audiencia moderna, en modos que nunca se habían hecho con esos personajes. Además debo encajar varias piezas de la historia para que concuerden. Desde luego Eneas volverá a aparecer en La Edad de Bronce. No sería la historia de la Guerra de Troya sin él.

P-Si sigue la serie Juego de Tronos, Stannis debe tomar con su hija una decisión parecida al rey Agamenón. ¿Cree que los antiguos mitos siguen inspirando los dramas de hoy?

R-Me encantan los libros de Canción de Fuego y Hielo, pero nunca he visto Juego de Tronos porque sospecho que los libros son mejores. A mi entender es la Guerra de las dos Rosas la que inspiró el libro, y no la mitología. Pero la mitología siempre ha sido una fuente de inspiración fructífera.

P-¿Cuales son tus personajes favoritos y porqué?
R-Me gustan todos. Pero quizás Héctor un poco más porque es un buen hombre. También me gusta Aquiles, en parte porque es alguien ajeno al resto de monarcas aqueos. Y también amo a Helena, porque toda su historia gira en como existir en una sociedad en la que no encaja, y no entiende porqué.

P-He estado esperando cada número como un tesoro. ¿Llegar al épico final es un objetivo a largo plazo entre otros proyectos?

R-Llegaré al final de la Edad de Bronce algún día. Me gustaría llegar ahí antes de ser demasiado viejo para tantear otros proyectos. Pero veremos.

P-Gracias por contar su versión de una historia a la que se lleva dando vueltas 3.000 años con realismo. Gracias por mostrar la cara oscura de los humanos. No hemos cambiado lo suficiente.

R-Muchas gracias. No creo que la naturaleza cambie, de todas formas.

 

Carlos de Lorenzo Ramos

c.d.lorenz@hotmail.com

 

 

Dioses, tumbas y sabios: el propagandista nazi que divulgó arqueología

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Dioses, tumbas y sabios es un libro de divulgación histórica, obra del escritor alemán C.W. Ceram. Se publicó por ver primera en 1949. Tuvo la virtud de acercar al gran público los secretos de la arqueología. Desde su publicación fue un éxito de ventas, traducido a numerosas lenguas, y reimpreso en la actualidad.

Cuando los tanques estadounidenses entraron en Irak en el 2003 acamparon en un yacimiento arqueológico próximo al palacio de Sadam Hussein. Los dos millares de norteamericanos no repararon en que obliteraban las huellas de un pasado más importante que ellos mismos. Los restos, de 4.000 años de antigüedad, pertenecían a la civilización babilónica, y los blindados, hollando las arenas milenarias, destruyeron el pavimento y dañaron la puerta de Ishtar.

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C.W Ceram

Cada arañazo al patrimonio mesopotamico repugnaría a C.W. Ceram, el autor de “Dioses, tumbas y sabios”, que sentía un profundo aprecio por el pasado, y narró las aventuras y desventuras de unos arqueólogos primerizos que, al despuntar el siglo XIX, se veían en pañales en esa nueva profesión. Su libro es una combinación de aventura e historia, pero escrito en forma de ensayo, siempre instructivo y que no comete el mayor pecado de las letras juntas: ser aburridas.

La propia vida de Ceram es interesante. Para empezar su apellido es un anagrama. Su verdadero nombre es Kurt Wilhelm Marek y en vez de buscarse un alter ego literario decidió darle un toque anglosajón a su apellido alemán cambiando el orden de las letras. Ceram sirvió durante la Segunda Guerra Mundial como propagandista de Hitler y, cambiando pluma por fusil, fue apresado por los soldados Aliados en una batalla tan internacional como su obra, Montecassino. Su dilatada experiencia en las letras (la sociedad nacionalsocialista era meritocratica y el talento de Marek fue aprovechado) le recondujo a la divulgación arqueológica.

Destaca el capítulo dedicado al arqueólogo alemán Shliemann que, desafiando a un mundo que se burlaba de él, se propuso descubrir Troya allí donde los textos homéricos ubicaban la ciudad de Príamo, en la colina de Hisarlik. Que Ceram no era academicista se demuestra en que excusa los comportamientos vándalicos de los arqueólogos amateurs a la hora de llevar sus excavaciones. Shlieman no tuvo reparo en volar capa tras capa de Ilión con dinamita hasta llegar al séptimo estrato. Peló Troya como si fuera una cebolla.

Con sus palabras apasionadas Ceram consigue sumergirnos en un mundo más parecido al de Indiana Jones que a la poco excitante tarea de ordenar científicamente los hallazgos de la arqueología moderna. En el pasado era mucho más peligroso salir de la esfera del mundo occidental. Aunque hoy te siguen dando matarile para robarte el rolex y hay mucha gente que viaja pensando que el mundo es Bambi, las excavaciones no hay que defenderlas rifle en mano de saqueadores derviches. Los primeros arqueólogos eran aventureros que querían vivir experiencias líricas y parecerse a aquellos héroes de las historias de su niñez. Dentro de la profesión nos encontramos una variopinta caterva de excéntricos lords ingleses, millonarios con mucho tiempo libre o forzudos de circo.

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Portada del libro en edición en lengua inglesa.

Personalmente disfruté más con los primeros capítulos del libro: los protagonizados por la cultura micenica y minoica. Antes de empezar a leer “Dioses, tumbas y sabios” llevaba un tiempo empapándome de la historia de la Guerra de Troya y de la interpretación que se le ha dado en cada época; desde el intento de apropiarse de Eneas y sus dárdanos por los romanos, a las historias de amor cortés entre Troilo y Crésida en la Edad media. Los capítulos dedicados a Troya y a la Creta redescubierta por Evans me provocaron la sensación de que sí; de que el poeta ciego del ayer se basó en hechos reales. Que los nobles aqueos reñían desde sus carros acorazados con armaduras como la encontrada en Dendra. Que hubo una gran expedición para dominar las rutas comerciales del Helesponto y que el declive de Creta se debe tanto a las invasiones micenicas,a temperadas con casamientos, como a los terremotos que sacudieron el Egeo.

También compartimos la excitación de lord Carnavon y Howard Carter cuando penetran en la tumba de Tutankamon, la única que quedó libre de saqueo en el Valle de los reyes. Ceram hace bien en atribuir todo el merito a Carter en detrimento de Carnavon que puso el capital y cierto entusiamo despreocupado. Como buen libro divulgativo no se priva de comentar la terrible maldición que cayó sobre los que desenterraron al faraón.

Los capítulos dedicados a Pompeya y al desciframiento de la piedra Rosetta les siguen en interés. Ceram también dedica sendos capítulos a Babilonia y la cultura maya, pero mi periodo y ámbito geográfico preferido es el Egeo.Debido a que el libro fue escrito en 1954 muchas tesis han sido superadas y se han descubierto muchas inexactitudes, pero el apasionamiento de Ceram en hilvanar y descubrir el pasado sigue siendo hoy igual de valido que hace medio siglo.

 

Carlos de Lorenzo Ramos

c.d.lorenz@hotmail.com

Howard Wasdin, un Navy SEAL en la Batalla de Mogasdicio

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El sargento Eversmann y un ranger parapetados tras una esquina que da a la calle Hawaldig. Enfrente, un vehículo artillado somalí (Black Hawk Derribado, 2001)

Howard Wasdin, es autor del libro Seal TEAM SIX; en él relata su duro entrenamiento para entrar en los Navy Seal, la élite de la marina norteamericana.

Quienes demuestran cualidades casi sobrehumanas pueden aspirar al todavía más selecto Team 6, un cuerpo secreto creado después de los atentados de Irán en 1980. La obra empieza narrando con fuentes de primera mano la operación que acabó con la muerte de Bin Laden en la que participó esta fuerza de combate. Multitud de detalles contados desde dentro que arrojan luz sobre asuntos poco claros de la actualidad. Wasdin estuvo desplegado en la Operación Tormenta del Desierto y aporta datos vívidos de la Batalla de Mogadiscio, donde acertó a un miliciano a 750 metros y fue herido en la tibia por una ráfaga de AK-47.

Diez preguntas al Navy Seal Howard WasdinEn inglés

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Howard Wasdin explica el intenso entrenamiento al que se someten los Navy Seals. PINCHA PARA VER.

En 1993 las calles de Mogadiscio, la capital de Somalia, eran un hervidero de hombres armados. El país se hallaba inmerso en una guerra civil donde los Señores de la Guerra pugnaban por alzarse con la hegemonía. Los milicianos del caudillo más poderoso, Mohamed Farah Aidid, robaban el alimento enviado por la Comunidad Internacional y ametrallaban a la multitud hambrienta. Cuando Aidid utilizó una mina de detonación para matar a cuatro policías militares norteamericanos, el presidente Bill Clinton envió tropas de refresco para su captura, incluido Wasdin y otros tres Navy Seal.

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El derribo de dos helicópteros UH-60, el 3 de octubre de 1993, terminó con 19 soldados estadounidenses y más de 500 somalies, entre civiles y milicianos, muertos.

La misión se orquestó el 3 de octubre y lo que empezó como una sencilla misión de captura, terminó con dos helicópteros Blackhawk derribados y con 19 estadounidenses muertos, dos de ellos, los Delta Force Shugart y Gordon, fueron paseados sin vida por una muchedumbre desmadrada, lo que presionó a Clinton para abandonar Somalia. Mike Durant, piloto del Super Seis Cuatro, fue hecho cautivo y liberado una semana después.

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En Seal Team Six se narra la muerte de Bin Laden. Nueva información contradice lo expuesto en el libro.

La batalla tiene muchos nombres: del Mar Negro, del Black Hawk derribado, o como los somalíes la llaman, Ma-alinti Rangers (el día de los rangers) y fue la batalla terrestre más importante de Norteamérica desde Vietnam hasta Afganistan en el 2001.

Olvidado episodio para las autoridades militares, fue el periodista del Philadelphia Inquirer Mark Bowden en Black Hawk Derribado el que reconstruyó fidedignamente el cerco a los 99 soldados estadounidenses en la antigua ciudad africana, y que posteriormente fue llevada a Holywood por Ridley Scott. Entrevistó a la mayoría de los rangers implicados y viajó a Somalia para hacer lo propio con los milicianos de Aidid. Tuvo acceso a los vídeos del avión espía del comandante Garrison, lo que le permitió dar coherencia a los sucesos segundo a segundo. Lógicamente encontró problemas para recopilar testimonios de los cuerpos secretos: la Delta Force y los Navy Seals.

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SEAL TEAM SIX, Howard Wasdin, Barcelona, Crítica, 352 págs., 24 €

El libro de Wasdin aparte de sumergirnos en el combate a pie de calle, complementa y se solapa al de Bowden de una forma sorprendente. Wasdin, que pasó los dos meses anteriores a la batalla realizando operaciones secretas en un piso franco, revela el doble juego que se seguía en la Embajada italiana. Asegura que informaban a Aidid de cada movimiento estadounidense y a su vez apoyaban la labor de los cascos azules.

La batalla tuvo consecuencias políticas importantes. Según Bowden, acabó con el breve y emocionante periodo de inocencia que siguió a la Guerra Fría, una época en la que se creía poder barrer del planeta a los dictadores corruptos. El Gobierno de Estados Unidos fue testigo mudo del arranque genocida de Ruanda y Zaire un año después. Además se adoptó la decisión de no poner tropas estadounidenses bajo mandato de la ONU.

Pero este libro no solo narra pasajes de la historia bélica reciente de EE UU. Cuenta la superación personal de un hombre al que sufría malos tratos paternos, cómo superó todos los esfuerzos físicos requeridos para alistarse en los seals y, por último, cómo se reintegró a su vida civil. Fue guardaespaldas del embajador norteamericano en Filipinas, policía en un barrio conflictivo, vendedor de coches y hace poco se graduó en fisioterapia. Dice que nunca quitó una vida por placer.

Carlos de Lorenzo Ramos

Invadieron el Viejo Mundo para redimirlo

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“Vencedores” de Stephen Ambrose narra las penurias y las glorias del infante de EE.UU que luchó desde Normandía hasta el corazón de Alemania para vencer al régimen nazi.

Vencedores es un compendio del sufrimiento del soldado estadounidense en la Segunda Guerra Mundial. A través de cientos de testimonios se puede vivir el hambre, la desesperación, el frío intenso y una lluvia interminable que cala hasta los huesos, esperando a que la artillería alemana reviente su miserable pozo de tirador. A los profanos en el conflicto les sorprenderá el desesperanzador coste de avanzar cada metro, cada centímetro, con el objetivo final de llegar hasta Berlín.

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Vencedores, Stephen E. Ambrose, 2012, Madrid, Inédita Editores, 396 págs., 29 €.

La dureza de los desembarcos, los interminables combates de mata en mata en el bocage francés o la rivalidad entre el general Montgomery y Patton por idear el plan que acabara la guerra antes de Navidad, son algunos de los episodios que marcaron los combates del norte de Europa. La gran estrategia y la visión desde el soldado de a pie se solapan de forma magistral y que ha servido de referencia a historiadores de nuevo cuño.

Los primeros en morir son los héroes

El libro cuenta dos historias. La de los norteamericanos que invadieron Francia en 1944, y la de los remplazos que cubrieron las espantosas bajas producidas en los seis primeros meses. Los primeros eran tipos duros, en su plenitud física, y entrenados machaconamente en el asalto y el fuego de cobertura. Y sin embargo se puede afirmar que muy pocos de los norteamericanos que desembarcaron en Normandía llegaron indemnes al final de la guerra. El demencial sistema de remplazos, que mantenía en pie muy pocas divisiones, prefería alimentar las bajas con un torrente de nueva carne de cañón. Los soldados que cruzaron el Rin en 1945 eran en su mayoría adolescentes con los 18 años recién cumplidos que o aprendían con premura los fundamentos del combate o morían sin que sus compañeros llegaran a conocer su nombre. Algunos que murieron en su primer día habían estado cenando con sus padres en Fin de Año.

Sirva como ejemplo practico el modus operandi de los Aliados y del Eje en una de las últimas ofensivas a gran escala de la contienda. En la navidad de 1944 el ejército nazi era un animal herido de muerte, así que Hitler se jugó el todo por el todo en un asalto que rompiera la línea americana en las Ardenas y capturara el puerto de Amberes. Para llevar a cabo la penetración concentró a tropas selectas, divisiones panzer y de las SS, pero el grueso eran hombres maduros y niños equipados a toda prisa. Ninguno de los dos bandos hacía las cosas bienLos pelotones asaltaban posiciones a paso de marcha y sin avanzadillas. En una escaramuza cerca de Bastogne, 400 alemanes quedaron tendidos en el suelo por solo una decena de bajas americanas. Ningún lado tenia tropas de calidad a esas alturas, y cada vez quedaban menos veteranos.

Biógrafo de presidentes y cronista de la invasión de Europa

Stephen E. Ambrose, el autor de este libro, es conocido por ser el biógrafo de Nixon y Eisenhower, y por plasmar verazmente la historia del infante estadounidense en la Segunda Guerra Mundial. Educado en una atmosfera patriótica, pronto dejó las clases de medicina por una asignatura optativa: historia, que le enganchó irremisiblemente.

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Soldado encarandose la metralleta Thompson.

Su primer libro, Halleck, vendió menos de 1000 copias, pero llamó la atención de Eisenhower, que le propuso escribir su biografía autorizada. Cinco años de colaboración y un total acceso a los amigos y documentos del Presidente le catapultaron a la fama como uno de los historiadores más prestigiosos de Norteamérica.

Su incursión en la Segunda Guerra Mundial vino con Citizen Soldiers, que narra la conflagración desde el punto de vista de aquellos hombres que lucharon desde el Día D hasta la caída de Berlin. El renovado interés del publico le llevó a asesorar a Steven Spielberg en Salvar al Soldado Ryan, que muestra con vivida crudeza el sangriento desembarco en la playa de Omaha, y en Hermanos de Sangre, la odisea de la Compañía E de la 101 División paracaidista.

En el prólogo afirma que coincidía con todos los combatientes que, una vez acabado el conflicto, hartos de destruir, ansiaban construir desde los cimientos de la paz. Y por eso se puso a escribir la historia de los hombres que construyeron el ferrocarril Intercontinental. No pudo acabarlo porque sintió la necesidad escribir Vencedores, la obra definitiva sobre las penurias y las glorias de los soldados americanos en la II GM. Al final del libro el autor se pregunta qué es lo que se perdió. Se perdieron muchas almas buenas, segadas por la vorágine de la guerra. Gente que no había venido como invasora y que se había embarcado para liberar. Vinieron del Nuevo Mundo para redimir al Viejo Mundo.

Carlos de Lorenzo Ramos

c.d.lorenz@hotmail.com

Desmontando a Jasper Maskelyne, el mago que ¿derrotó? al Afrika Korps

jasper maskelyne

El Mago de la Guerra, de David Fisher, narra la historia de Jasper Maskelyne, el ilusionista que engañó al Afrika Korps.  Maskelyne cuenta en su portentoso haber con la desaparición del puerto de Alejandría, la protección del Canal de Suez, el engaño a Rommel sobre el verdadero eje de ataque en el Alamein e incluso haberse batido en un duelo mágico con el chamán supremo derviche. Lastima que casi todos estos hechos sean pura invención. Los medios documentales de Fisher se basan en las memorias de Maskelyne escritas por un negro (Magic  Top-Secret), y en los diarios del mago, prestados por su hermano Noel a Fisher y jamás devueltos.

En los años treinta Jasper Maskelyne era un ilusionista consagrado, una celebrity de la noche londinense. Sus espectáculos de magia congregaban a lo más selecto de la sociedad inglesa. El Mago de la guerra presenta a un hombre de espléndida apariencia y  felizmente casado. Pero la realidad contada por Fisher dista de lo que verdaderamente ocurrió. “En 1935, Jasper pasaba apuros económicos, sus espectáculos no eran tan exitosos como se ha pretendido vender”, aclara su hijo Alistair.

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Frank Stuart, el “negro” que escribió Magic Top-Secret.

Un escritor fantasma llamado Frank Stuart ofreció dinero a Maskelyne para publicar sus memorias bajo el titulo Magia Blanca, en las que cuenta sus años de paz; y años después relató sus años de guerra en Magic Top-Secret. Stuart ya era famoso por rubricar“autobiografías” con material inventado y semificticias. Escribió Memorias de un detective real, sobre el inspector Herbert Fitch, que murió redactando su vida sobre su mesa de estudio, por lo que  hizo acopio de su legado y las finalizó. A lo que la baronesa Orczy, autora de La pimpinela escarlata, opinó que “el inspector Fitch es un personaje que a cualquier escritor de ficción le gustaría concebir”.

Esta era la situación personal de Maskelyne cuandoHitler invadió Polonia en 1939. Después de caer Francia y de que la Luftwaffe bombardeara Londres,el hechicero intentó alistarse insistentemente. Al principio fue rechazado por su edad y mirado con escepticismo por su profesión. Pero gracias a su tenacidad consiguió destino en África, donde se estaba librando una dura batalla contra el Afrika Korps de Rommel, que había empujado las líneas británicas hasta Alejandría. Esta parte del relato es escrupulosamente cierta, pues un hombre maduro como Maskelyne podía eludir fácilmente el servicio militar y optó por servir a su país.

Junto a su Cuadrilla Especial, compuesta por gente desencantada con la milicia: artistas, ingenieros y arquitectos, afrontó su primer encargo. La fabricación de toneladas de pintura color caqui para camuflar los tanques. La ingeniosa mezcla se compuso de salsa Worcester y estiércol de camello que consiguieron rebuscando en el vertedero de Alejandría. Seguidamente inventaron el escudo solar, que tornaba tanques en camiones, gracias a un recubrimiento de lona que encubría sus formas. John Codner, un oficial de camuflaje que sirvió en Tobruk, asegura que nunca tuvo conocimiento de esa ingeniosa mezcla de pintura para barnizar los blindados.

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Maskelyne representando un espectaculo en El Cairo.

Aquí viene la parte del libro que ha sido calificada por Alistair como “una caja de lombrices”. Fisher dice que Maskelyne hizo desaparecer el vital puerto de Alejandría construyendo un dique falso en la bahía de Maryut, y que ocultó el Canal de Suez gracias a unos potentes reflectores que creaban tormentas de luz. Estos hechos se contaron de forma vaga en Magic Top-Secret y Fisher los magnificó aun más.La bahía de Maryut ni siquiera existe, en realidad es un lago salado.

Pero el subterfugio más relevante de Maskelyne fue derrotar al Afrika Korps. El mago y sus ayudantes construyeron un falso ejército que apostaron en el flanco sur del Alamein. El general Montgomery atacó por el norte, ahora menos defendido, y quebró la línea de Rommel. Fue el principio del fin de la guerra del desierto y aparentemente es cierto.

Como ultimo apunte decir que Alistair Maskelyne también se muestra crítico con el ego de su padre. “Todos sus gansos eran cisnes. Era financieramente irresponsable, y siempre estaba feliz por engordar su cartera por el medio que fuese oportuno, aunque no fuera de buena reputación”.

el mago de la guerra libro

El mago de la guerra, David Fisher, Madrid, Almuzara, 2007, 480 pags, 23 euros.

El final de su padre no fue tan feliz como nos lo pinta Fisher. Cuando le desmovilizaron en 1946 su mujer fue diagnosticada de cáncer terminal. A su muerte conoció a su segunda esposa Mary en un bar nocturno del Soho. Juntos emigraron a Kenia para escapar de las deudas a Hacienda. Finalmente, fundó una autoescuela en Nairobi, donde murió aficionado a la bebida y empobrecido.

En definitiva, podemos calificar el libro de Fisher como una obra de no-ficción novelada, en el que un 40% es real y el resto es producto de la fantasía de Fisher. Sus fuentes, que no cita en ningún momento, son los diarios de Maskelyne que custodiaba su hermano Noel yMagic Top-Secret, fruto de la fértil imaginación de Frank Stuart. Sin embargo, si se diferencia lo real de lo ilusorio, el ensayo de Fisher resulta una lectura amena y fascinante, sobre todo por el hecho de creer estar leyendo algo verídico.

Carlos de Lorenzo Ramos

c.d.lorenz@hotmail.com

James Garfield, magnicidio fallido rematado por los médicos

retrato james garfield

Un estudio de la escritora Candice Millard indaga en la figura del presidente estadounidense, muerto tanto por los disparos como por la negligencia médica.

De los cuatro presidentes de Estados Unidos que han sido asesinados, solo Lincoln yKennedy están grabados en la memoria colectiva. James Garfield es el menos conocido, pero no cabe duda de que era un hombre extraordinario. Fue asesinado por Charles Guiteau, un fracasado que le descerrajó dos tiros en el hombro y la espalda. Sin embargo, según una investigación de Candice Miller, autora de The river of doubt, las balas no le provocaron la muerte. Fue la incompetencia de los médicos que hurgaron las heridas con sus dedos desesterilizados en el lugar del crimen, una mugrienta estación de tren. Ni las pesquisas por localizar la bala de Alexander Graham Bell, el inventor del teléfono, le salvaron la vida.

William McKinley había sido presidente durante un mandato consecutivo antes de ser asesinado a finales del siglo XX. Pero James A. Garfield, presidente durante menos de cuatro meses antes de que le dispararan en 1881, es para los americanos una nota a pie de página de la Historia. Pese a ello, la figura de Garfield se nos presenta extraordinaria. Criado en la más absoluta pobreza, se convirtió en un hombre brillante. Su padre murió antes de su segundo cumpleaños. Se graduó en 1856 como estudiante excepcional e impartió idiomas clásicos, antes de pasar a ser director de instituto de 1857 hasta 1860, cuando decidió dedicarse a la vida política y a la abogacía.

En la Convención de Chicago de 1880 fue elegido representante del partido republicano al no alcanzarse consenso entre sus rivales: James Blaine, John Sherman y Ulises S. Grant. Él era lo que se llama un dark horse, es decir un candidato oscuro que no estaba en la lista de favoritos.

“Su perdida es más descorazonadora”, escribe Candice Millard“porque ni siquiera tenia que haber muerto”. James Garfield, el héroe de la Guerra Civil y nueve veces congresista que fue elegido por los republicanos para ser Presidente, nunca quiso el cargo. Él llamaba a ese puesto de responsabilidad “una montaña inhóspita”.

Era una época de clientelismo político y Garfield sabía que su posición era muy solitaria y comprometida. Se le podía acusar de dar puestos a gente sin habilidad ni experiencia. El Presidente recibía más de 100 visitas al día pidiendo favoresCharles Guiteau era uno de estos buscadores de ésos. “Era un hombre que había fracasado en todo lo que había intentado” dice Millard. “Estudió derecho, practicó el evangelismo. Probó a vivir en una comuna de amor libre y fracasó allí también. A Charles Guiteau las mujeres le llamaban“Charles Get Out”

asesinato james garfield

James Garfield recibe el tiro en el hombro y en la espalda de Charles Guiteau.

El 2 de julio de 1881 el presidente tenía pensado viajar en tren desde Washingtong D.Ca Massachusetts.“Así que Guiteau se despertó por la mañana y se encaminó al andén de la estación. Tenia los zapatos relucientes y el arma preparada”. Estaba expectante pues sabía la atención que recibiría. El Presidente llegó a la estación acompañado de dos de sus hijos. Anduvieron un poco, sólo unos pasos, cuando Guiteau apareció de entre las sombras y le disparó dos tiros a quemarropa, uno en el hombro y otro en la espalda.

El tiro en la espalda no fue mortal, no alcanzó ningún órgano vital. La bala quedó alojadacerca del páncreas.“Si se la hubieran dejado en su sitio hubiese sobrevivido con toda certeza” asegura Millard.

En pocos minutos los cirujanos rodearon al presidente y hurgaron con sus dedosdesesterilizados en sus heridas. El primer examen se practico en el suelo de la terminal y estas se infectaron. “No se puede imaginar un lugar más infestado de germenes” aseguró Candice Millard.

Los médicos americanos de aquel tiempo no creían en la existencia de gérmenes. Jefrey Reznick, de la Biblioteca Nacional de Medicina, dice que rehusaron utilizar antisépticos descubiertos por el cirujano británico Joseph Lister, del que proviene el termino Listerine. Los doctores estadounidenses pensaban empero en la teoría del miasma, y que las enfermedades las causaban los efluvios del aire, no los gérmenes. “No creían en cosas que no podían ver” asevera Millard.

En la escena del crimen estaba Robert Todd Lincoln, presente en la muerte de su padre 16 años antes y que vería la de McKinley 20 años después. Fue Lincoln quién avisó al doctor Doctor Wiliard Bliss (Doctor era su nombre de pila). Bliss era muy despótico con sus decisiones y no consultaba a sus colegas de profesión. Durante 80 días, agravados por el calor veraniego de Washington, James Garfield sufrió y empeoró. “En este punto estabacarcomido por la infección y tenia abscesos por todo el cuerpo”.

Languidecía poco a poco y perdía peso a ojos vista, incapaz de digerir las suntuosas comidas que se le preparaban. Ante el pánico por encontrar la bala alojada en el cuerpo de Garfield, Bliss llamó al inventor del teléfono, Alexander Graham Bell. La misión de Bell era usar su “balanza de inducción”, una especie de detector de metales para que la bala fuera extraída de una vez por todas.

Había un dato que Bell desconocía, que la cama en la que yacía Garfield era metálica, “hecho que obviamente afecto al detector de metales”, dice Millard. Peor todavía era la creencia de Bliss de que la bala permanecía en el lado derecho, cuando realmente se había desplazado a la izquierda. El presidente Garfield murió el 19 de septiembre de 1881. La autopsia confirmó la ignorancia de Bliss.

“El presidente Garfield no tenia que morir” confirma el Dr. Reznick. “Garfield murió por lo que los médicos le hicieron y por lo que los médicos no le hicieron”. “Lo único bueno que se sacó del asunto fue que los médicos americanos aceptaron rápidamente el uso deantisépticos” apuntala Reznick.

Charles Guiteau fue ahorcado, dándose cuenta en el ultimo momento de que no iba a ser una celebridad por matar al presidente, de hecho Guiteau dijo “yo solo disparé, los doctores hicieron el resto”.

Carlos de Lorenzo Ramos

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