El alcohol antes del combate: valor en una botella

calle de constantinopla siglo VI

Una sórdida calle de Constantinopla en el siglo VI. El ejército no era cuna de alcohólicos, pero el consumo frecuente fomentaba el vicio allende la batalla y lo acompañaba con juego y putas

Desde siempre el Hombre ha buscado maneras de aumentar artificialmente su valor, y a veces lo ha encontrado dentro de una botella.

Los beneficios de las bebidas espirituosas en combate son muchos: el más importante es el de mantener a raya la angustia que genera la visión del enemigo, y más si avanza lentamente (la parsimonia de los Tercios españoles ponía los pelos de punta). Esa calma antes del choque era desquiciante y el alcohol ayudaba a controlar los nervios. También tienen valor anestésico frente a las heridas (Homero lo menciona en la Ilíada). Muchos beberían alcohol en espera de recibir una herida penetrante para mitigar su dolor; mientras que después del combate se consumía como transición de la inhumana tensión a la rutina cotidiana.

choque hoplita

El orden y la disciplina son la antítesis del alcohol. El estrés extremo del combate, sin embargo, hacía necesario el liquido báquico como suplemento de coraje en el choque cara a cara.

Mantenía el historiador John Keegan que “toda batalla, excepto quizás la primera de una guerra, o el primer combate de una unidad novata, siempre crea ansiedades. Aunque los soldados fueran jóvenes y vigorosos, se anteponía el nerviosismo a la excitación. Beber alcohol es inseparable de la preparación y del combate mismo. El alcohol deprime reflejos de autoprotección e induce a la aparición de sentimientos de coraje.”

En la época antigua el uso y abuso de alcohol antes de la batalla era un incentivo para los hoplitas griegos. Las demandas del combate cara a cara entre falanges lo exigía. Existen pocas pruebas en la literatura, pero está claro que beber antes del combate era algo rutinario. Los escritores pudieron ocultar este hecho por considerarlo insignificante o porque mencionarlo les causara rechazo. La sola mención de alcohol evoca a abuso y desorden, lo que puede ser malo para la reputación del comandante si pierde la batalla o disminuir su gloria si se aduce que el enemigo estaba ebrio e inoperante.

hoplitas cargando desorganizados

Excederse en la ración de alcohol podía convertir una hueste disciplinada en una turbamulta desbocada. Aquí unos furiosos hoplitas en persecución.

valor holandes

Valor en una botella. La ginebra era el secreto del coraje holandés.

En el siglo XVII se acuñó la frase Dutch Corage. Ese coraje lo encontraban los holandeses en una botella de ginebra, como observaron los británicos durante la Guerra de los Treinta Años, aumentando su agresividad. Los ingleses se aficionaron tanto al término como a la ginebra, que consumieron desde entonces. Otra versión traslada el dicho a 1665, durante la Gran Peste de Londres. Velas de ninguna nación osaban acercarse a llevar suministros a la ciudad enferma, pero un grupo de capitanes holandeses se atrevió a llevarlos, sin tocar puerto. En honor a ellos se habría acuñado el termino valor holandés, aunque más tarde se lo ligó exclusivamente al consumo de alcohol.

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Cuadro británico en Waterloo (1815). La “escoria de la tierra” del duque de Wellington soplaba pero daba el do de pecho.

Durante las Guerras Napoleónicas las raciones de licor abundaron. Antes de Waterloo (1815) los casacas rojas de Wellington estaban muy cansados, lo que amortiguaría el miedo, pero muchos también habían bebido. El Duque de Hierro opinaba de sus soldados, la escoria de la tierra, que eran una banda de borrachos y pendencieros, pero que en batalla daban la cara como los mejores. Los médicos llevaban ginebra tanto para los heridos como para compartir algún trago ocasional; y a uno de los cuadros que resistió la carga de los coraceros franceses se trasladó un barril rodando. En las últimas fases de la batalla esos soldados bebidos fueron los más inmisericordes con los franceses en fuga.

La Primera Guerra Mundial (1914-1918) institucionalizó las raciones de combate que contenían alcohol para las tropas del frente. Aunque el gobierno francés prohibió la absenta, a los poilus se les entregaba media botella de vino diaria. Los alemanes recibían brandy y cerveza. Los rusos mientras tanto prohibieron el vodka, para prevenir su tendencia al abuso, aunque en la Segunda Guerra Mundial se les suministró 100 gramos diarios (las tropas siberianas tenían tendencia a beberse el anticongelante de las ametralladoras y a quedarse ciegos en consecuencia).

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Soldado siberiano soviético, Segunda Guerra Mundial. Sumamente aficionados a las raciones de vodka (y a todo lo que llevara alcohol).

En el caso inglés hubo controversia acerca de si una ración diaria de ron era eficiente. Si se les preguntaba a las tropas respondian claramente que “alimentaba, calentaba y estimulaba”. En general se aceptó que en casos de fatiga y estrés extremo el ron “enviaba energía al organismo instantáneamente”. El coronel J.S.Y Rogers, del 4th Black Watch, expresó contundentemente que sin una ración de ron y otra de café antes de atacar la trinchera enemiga “no creo que hubiésemos ganado la Gran Guerra”.

Pero muchas veces ir bebido ha sido desastroso para el bando o el individuo que ha incado el codo. El 6 de junio de 1944, la noche del Día D, infantería británica a bordo de planeadores tomó intacto el puente Pegasus. Los alemanes no volaron el puente sobre el Orne porque su comandante en vez de dar la orden bebía vino con su novia francesa. O el caso en el que los príncipes rusos fueron masacrados por la Horda Azul mongola en 1377: habían ingerido tanta cerveza que murieron como patos en un estanque. El jefe supremo, Ivan Dmitriyevich se ahogó incluso antes de que llegaran a él los jinetes esteparios. La propia Troya cayó, según cuenta la leyenda, mientras los dárdanos se embriagaban durante un banquete. Los aqueos descendieron del caballo, y el resto es “historia”.

Carlos de Lorenzo Ramos

c.d.lorenz@hotmail.com

El acto de bondad del kaiser Guillermo II

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Fue posiblemente el hombre más odiado de Europa antes que Hitler. Al kaiser Guillermo II su prepotencia le llevó a involucrar a Alemania en apoyo de Austria Hungría contra la Triple Alianza ruso-franco-británica, desencadenando la Primera Guerra Mundial. Durante esos días de julio de 1914 las cancillerias no estuvieron ociosas, hubo opciones de frenar ese despropósito que costaría millones de vidas. Rusia movilizó sus ingentes recursos humanos, y el kaiser hizo lo mismo. El choque entre los europeos fue inevitable; y aun así, hubo ciertos contactos diplomáticos por los que se pudieron parar en seco los trenes de tropas y acordar un alto al fuego. “Adelante”, reafirmó el emperador alemán, “nos causaría más caos detener la movilización que seguir los planes trazados. No hay vuelta atrás”, y así este hombre, malvado dirán, se lanzó contra Francia.

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El kaiser Guillermo II de Alemania.

En esa guerra un soldado británico fue liberado por Guillermo II de un campo de prisioneros alemán para visitar a su agonizante madre, y mantuvo su promesa hecha al kaiser de regresar al campo de prisioneros alemán, según se ha descubierto hace poco.

El capitán Robert Campbell, de 29 años, fue capturado unas semanas después de que Reino unido declarara la guerra a Alemania en julio de 1914. Pero tras dos años en un campo de prisioneros cerca de Magdeburgo el oficial inglés recibió una carta en la que se contaba que su madre, Loise Campbell, estaba cerca de la muerte.

Escribió al kaiser Guillermo suplicandole que le dejara visitar a su madre una última vez. Increiblemente el líder alemán concedió al prisionero 14 días para visitarla con la condición de que volviera al campo de concentración. Lo único que exigió fue que Campbell le diera su palabra de oficial y caballero.

Hizo su viaje d retorno al pueblo de Gravsend Kent en diciembre de 1916 y pudo pasar una semana con su madre aquejada de cáncer. Después mantuvo su promesa y retornó a su prisión germana, donde continuó hasta su liberación al final de la guerra en 1918.

El historiador Richard van Emden ha revelado este extraordinario hecho de honestidad en tiempo de guerra en su nuevo libro. El autor dice que los actos caballerosos fueron realmente raros en los años de la Gran Guerra.

Van Emden dice que “el capitán Campbell era un oficial e hizo una promesa jurada sobre su honor de que volvería. No hubo un canje de prisioneros u otra retribucion, solo su palabra”. Esto es único, y pienso que es un ejemplo del que no pueden trazarse paralelismos. En mi experiencia es un hecho único y que conmueve profundamente“.

Carlos de Lorenzo Ramos

c.d.lorenz@hotmail.com

El inhundible Lusitania, cebo para los U-boot

lusitania 13 septiembre 1915 El 13 de septiembre el Lusitania batió el récord de velocidad a través del Átlantico. Es más recordado por precipitar la entrada de Estados Unidos en la Gran Guerra.

El “Inhundible” Lusitania ha aparecido en los periódicos del siglo XX por dos hitos; como el transatlántico más veloz del planeta, y como el barco que provocó la entrada de Estados Unidos en la Gran Guerra. El buque fue botado en Glasgow en 1906. De características similares a las de sus gemelos, el RMS Mauritania y el RMS Aquitania, se convirtió en el barco más rápido, lujoso y grande del momento. Era un palacio flotante de 239 m de eslora, 26 de manga y un peso de 31.550 toneladas.

El flamboyante transatlántico de la Cunard Line fue el espejo en el que basó la White Star Line para diseñar los interiores delTitanic. La navieras competían en lujo y velocidad para conseguir grandes ventajas comerciales. El 13 de septiembre de 1907 se haría merecedor de la prestigiosa Banda Azul, al batir el récord de velocidad en cruzar el Atlántico en cinco días de travesía.

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Aviso de la embajada alemana advirtiendo de la legitimidad de atacar al Lusitania.

Sin embargo, el buque ha pasado a la historia por otro motivo. Con el estallido de la Primera Guerra Mundial (1914) se intentó reconvertir al Lusitania en un crucero auxiliar, pero fue liberado por ser poco apto para esa función. El Lusitania se dedicó al transporte de pasajeros y su hermano, el Mauritania, al de tropas.

Cuando el gobierno alemán se enteró de que el barco transportaba no solo viajeros, sino también munición y suministros bélicos, advirtió de que el Lusitania pasaba a ser considerado un objetivo legítimo. El aviso de la embajada imperial alemana fue leído con sorna en los periódicos estadounidenses y tomado como “la mejor broma en mucho tiempo”. Solo doce pasajeros cancelaron su billete tras leer el anuncio. La guerra submarina sin restricciones había empezado, sin distinciones entre enemigos y neutrales beligerantes.

El 7 de mayo de 1915 el U-boat 20 se encontraba patrullando por la costa irlandesa cuando avistó al Lusitania. Su presa portaba bandera británica, por tanto era un objetivo legítimo y deseable para el almirante Walther Schwieger. El submarino torpedeó la proa del Lusitania, matando a 1.198 personas de las 1.959 a bordo. Se consideró uno de los mayores crímenes bélicos del siglo pasado. El Lusitania se convirtió en un símbolo contra el imperialismo alemán, al igual que el Tío Sam o la efigie de Lord Kitchener pidiendo voluntarios.

Carlos de Lorenzo Ramos

c.d.lorenz@hotmail.com

Ypres 1917, el Kaiser Guillermo se atreve a usar el gas mostaza

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El 21 de julio de 1917, el ejército alemán probaba proyectiles de gas mostaza en Ypres, el arma química más refinada hasta el momento.

Cuando el Kaiser Guillermo destapó el gas venenoso de la caja de Pandora, elevó el terror de la Primera Guerra Mundial a cotas inimaginables. La iperita fue usada por los alemanes por primera vez en 1915 contra las posiciones defendidas por los soldados coloniales franceses en Ypres. Al dispersarse la nube de gas el éxito había sido abrumador; tanto que ellos mismos quedaron sorprendidos al avanzar los metros que les separaban de la trinchera enemiga. Los zuavos marroquíes y los argelinos yacían muertos entre vómitos y sus semblantes estaban pálidos por la asfixia. El cloro había colapsado su sistema respiratorio, causándoles una muerte rápida y agónica. Algunos se habían suicidado, dejando la trinchera literalmente barrida de vida. Nunca se consiguió un éxito con el gas como aquel día y aun así las tropas del Kaiser no supieron explotar la ventaja estratégica. Pronto la guerra química fue imitada por los Aliados y se convirtió en un arma estándar.

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Fritz Haber visita el frente para evaluar los efectos del gas.

De todas las armas químicas, la más infame fue el Gas Mostaza, que los científicos de la empresa Bayer pusieron a prueba el 21 de julio de 1917 en el saliente de Ypres. Se disparaba mediante proyectiles de artillería convencionales que, al reventar, desperdigaban un líquido por el suelo que se evaporaba lentamente. Aunque no estaba diseñado como agente letal, si entraba en contacto con la piel producía quemaduras graves y al inhalarse los órganos internos se hacían añicos.

La cabeza pensante detrás de la guerra química era el catedrático Fritz Haber, director del Instituto Kaiser Wilhelm. Sus científicos se pusieron con entusiasmo a las ordenes del Jefe de Estado mayor alemán Von Falkenhayn, que ya advirtió sus intenciones: “La industria y la ciencia deben poner en marcha nuevas armas que pongan fin a la guerra de posiciones, incluyendo las químicas”. El Alto Mando rechazó los primeros envíos por considerarlos inocuos. Querían algo que matara y empezaron a usar cloro en animales para estudiar sus efectos, produciéndoles el colapso interno y la muerte agónica. Fritz Haber se lo explicó con todo lujo de detalles a Von Falkenhayn, y éste quedó complacido.

Surgieron compañías de élite en ambos bandos, los alemanes las llamaban Compañías de Desinfección, que se especializaron en el manejo de estas sustancias. Pronto se convirtieron en expertos y así se lo hacían saber por carta a sus familiares: “La teoría es impulsar el gas viento a favor. Si es demasiado fuerte, el gas se dispersa de forma muy rápida y si sopla suave no se mueve nada”. Lo ideal quedó estipulado en unas rachas de viento de 20 kilómetros por hora. Una petición algo utópica con el viento cambiante de Flandes.

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Un infante se ahoga en medio de una nube de gas.

La tradicional sabiduría del infante no sirvió de nada. Los remedios caseros incluían orinar en las polainas y cubrirse la cara, con la creencia de que la orina cristalizaría el gas. En el momento en el que el uso del gas se convirtió en algo generalizado se pasó de medidas rudimentarias a la fabricación masiva de mascaras de gas. Las “mascaras de cerdo” protegieron la vida de muchos infantes, aunque el daño interno afectara a más de un millón de personas. Cuando repicaron las campanas de la paz, muchos franceses que creían haber salido indemnes de la contienda tenían los pulmones destrozados y padecieron problemas de salud de por vida.

Veinte años después, con el Tercer Reich contra las cuerdas, Hitler no desdeñó el uso de armas de terror como los cohetes V2 y aun así no recurrió al gas mostaza; tal vez por su ineficacia o por haber sido gaseado él mismo en el Frente Occidental. El caso es que hasta a uno de los mayores genocidas le parecía un arma deplorable.

Carlos de Lorenzo Ramos

c.d.lorenz@hotmail.com

Conmemorando la guerra que no acabó con todas las guerras

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El Parlamento británico ha destinado 50 millones de libras para los festejos solemnes del aniversario de la Primera Guerra Mundial en el 2014.

En medio de una de las crisis económicas más duras que ha sufrido Europa, en medio de un clima de absoluta austeridad, David Cameron, Primer Ministro británico, ha sacado a relucir la carta de la Patria. Así que el Parlamento inglés ha aprobado un presupuesto de 50 millones de libras para recordar esa guerra que no acabó con todas las guerras: la Primera Guerra Mundial. El propio Cameron perdió a dos tío-abuelos, uno en Gaza y otro en Passchendaele.

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Fotograma de Passchendaele. David Cameron perdió un tío-abuelo en esa batalla.

La guerra duró desde el grito de “los cañones de agosto” en 1914 hasta la firma del armisticio el 11 de noviembre de 1918. Es recordada por la brutalidad de las trincheras y su alto coste en vidas: nueve millones de personas. No hubo prácticamente nadie en Reino Unido que no perdiera algún pariente, y casi un millón de británicos perecieron en tierra, mar y aire. Murieron más ciudadanos británicos por defender la neutralidad belga en la Primera que en la Segunda Guerra Mundial.

Eric Hobsbawm, un historiador de corte marxista, en su Age of Empire sostiene que la Gran Guerra fue el producto cataclismico de una lucha creciente por las posesiones coloniales, mercados, recursos y poder industrial entre los dos imperios europeos dominantes, Francia e Inglaterra, y el poder imperial creciente de Alemania que buscaba su “lugar bajo el sol”. En ese choque de imperios Europa devoró a sus hijos y a muchos de sus cautivos coloniales con ella.

Una de las medidas de este cien aniversario es la construcción del National War Memorial, que estará listo en el 2015, a tiempo para el siglo de los desembarcos en Gallipolli. Rendirá tributó tanto a los ingleses implicados como a los ANZACS, australianos y neozelandeses. Habrá conmemoraciones de Jutlandia, Gallipolli, Passchendaele y el Armisticio, así como eventos especiales en el Imperial War Museum, iniciativas educacionales y conmemoraciones en los memoriales de todo el país.

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Los turcos defienden ferozmente los Dardanelos.

Para los ingleses la importancia de este memorial reside en el hecho de que muchos de esos jovenes no volvieron a casa, y merecen ser recordados. “Los hombres no solían hablar de los años de la guerra cuando volvían al hogar, por eso los memoriales son importantes para no olvidar” dice Alistair Black, presidente de la Legión Real Britanica.

La urgencia de archivar esa memoria colectiva es más importante, si cabe, tras la muerte de Harry Patch en el 2009, el ultimo veterano de la Gran Guerra. El soldado describió las trincheras como “nada más que el asesinato legalizado”. La Primera Guerra Mundial está desapareciendo silenciosamente del imaginario colectivo, ya no quedan nexos directos con ese planteamiento bélico luchado bajo principios decimononicos, pero con armas del siglo XX.

“Aun así  seguirá cautivando eternamente, por lo ajeno que fue esa guerra a a nuestra mente moderna: esa forma de asumir bajas, los medios utilizados y la violencia empleada” afirma Jesper Ericsson, comisario del museo escoces de Aberdeen”.

Carlos de Lorenzo

c.d.lorenz@hotmail.com

Adolf Hitler, un “cerdo de retaguardia” según sus camaradas del Regimiento List

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Entrevistamos a Thomas Weber, historiador que gracias a documentos inéditos ha desentrañado los años de Hitler como enlace en la Gran Guerra.

En noviembre de 1914 se libró en Bélgica uno de los encuentros más carniceros de la Primera Guerra Mundial, la Primera Batalla de Ypres, apodada por los alemanes la Masacre de los InocentesEn la Kindermord murieron 40.000 germanos, pertenecientes a nueve divisiones, casi la mitad de los combatientes implicados. Adolf Hitler fue uno de los pocos afortunados de la 1º compañia del regimiento List que salió indemne (42 de 250). ¿Milagro o suerte? No; a pesar de servir como enlace de comunicaciones, se hallaba a bastantes kilómetros del frente, a salvo del fuego de ametralladora y de las estériles cargas a la bayoneta para desalojar a los británicos del saliente de Ypres.

Con el propósito de confrontar a la propaganda nazi, que tildó a Hitler de héroe de primera línea, con la opinión de sus camaradas, para los que era un Etappenschwein (cerdo de retaguardia), Thomas Weber, profesor de Historia Europea en la Universidad de Aberdeen, ha escrito La Primera Guerra de Hitler, que ahonda en la experiencia bélica del cabo durante la Gran Cuerra.

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Adolf Hitler.

Tras examinar documentos inéditos del regimiento bávaroList, intactos pese a los intentos de los inquisidores nazis por ocultar el historial de su jefe, Weber desvela aspectos poco conocidos del dictador. Tanto ha llamado la atención su publicación, que el director Niki Stein, autor deRommel rodará una serie de televisión inspirada en la obra de Weber. La miniserie constará de diez capítulos que comienzan en 1914, en los albores de la Gran Guerra, y terminan en 1945 con el suicidio de Hitler en su búnker berlinés.

El libro esclarece que las convicciones antisemitas de Hitler no estaban formadas de antemano y que después de la derrota de los ejércitos del Káiser las ideas de aquel joven de 25 años se radicalizaron. Durante el conflicto no expresó su odio a los judíos, es a partir de 1919 cuando empieza su dialéctica furibunda. También descubrimos que, pese a haber sido condecorado dos veces, con la Cruz de Hierro de primera(1918) y segunda clase(1914), y de haber sido herido y gaseado, su trabajo como enlace no era demasiado peligroso, pues era a nivel de regimiento, a varios kilómetros del frente y no de trinchera en trinchera.

La obra desmiente que los veteranos del Regimiento List se alistaran en masa en el partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, es más, destacan por el poco porcentaje en hacerlo (2% hasta 1933). Sus camaradas consideraban que el trabajo de Hitler era poco peligroso. El dictador solo acudió a una reunión de veteranos de su regimiento, y tras ser tratado fríamente no volvió a hacerlo. Otro interesante aspecto del libro es la implicación de Hitler en la República Socialista Bávara; es un asunto todavía por dilucidar, y que Weber se propone descubrir en su próxima obra. En una entrevista que Thomas Weber ha brindado a Historiavera nos cuenta con más detalle varios aspectos tanto de su libro como de su próxima serie de televisión:

P- Su libro, La Primera Guerra de Hitler, nace a raíz de una investigación sobre los archivos del 16º Regimiento bávaro  de reserva (List), en el cual sirvió como enlace de comunicaciones Adolf Hitler durante la Primera Guerra Mundial. ¿Buscaba específicamente los archivos del batallón, o se topo con ellos por casualidad?

R- Mi plan era escribir una biografía colectiva de los hombres con los que convivió Hitler durante la Gran Guerra, y así ahondar en la verdad sobre le mito que había creado de sí mismo. Por eso buscaba esos archivos en concreto, los del 16º Regimiento de Infantería bávara de Reserva. Cuando me dijeron que no había mucha cantidad de documentos acerca de ellos, pedí los documentos tanto de la Brigada, como de la División a las que el regimiento pertenecía; y descubrí que la mayoría de las actas del regimiento List se encontraban ahí.

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Hitler posa con el Pickelhaube.

P- En el libro descubrimos que el dictador nazi no era antisemita en los comienzos de la Primera Guerra Mundial, es más, Hugo Gutman, que le recomendó para recibir la Cruz de Hierro, era judío. ¿Cuándo cambió sus planteamientos en este crucial aspecto del nazismo?

R- En algún momento de 1919. Aun así es perfectamente posible que durante la Primera Guerra Mundial Hitler abrigara algún pensamiento antisemita (prevalentes en toda Europa y en el mundo occidental en ese tiempo). De todas formas, no le parecía tan importante como para manifestarlo en público. Sabemos que en septiembre de 1919 Hitler escribió unpanfleto extremadamente antijudío, pero no sabemos si esa transformación sucedió durante la guerra o en el año siguiente. Espero que esta cuestión se resuelva en unos pocos años. Actualmente estoy investigando este tema en un nuevo libro llamado provisionalmente Metamorfosis: Adolf Hitler y Munich, 1919.

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Thomas Weber, autor de La Primera Guerra de Hitler.

P- En Mein Kampf se describe a si mismo como un héroe, y como un perfecto conocedor delbarro de las trincheras. Condecorado dos veces, herido e intoxicado por el gas. Realmente ¿destacó sobre sus compañeros por su valentía, como aseguraba la propaganda, o por su cobardía?

R- Objetivamente hablando no fue un cobarde. Hizo todo lo que le pidieron y siempre estaba dispuesto arealizar las encomiendas más peligrosas. De todas formas, creo que más importante que la cuestión de si fue un héroe está la cuestión de a) lo que sus compañeros del regimiento pensaban de él y b)porqué Hitler mintió acerca de sus experiencias bélicas. Muchos soldados en su regimiento hablaban de Hitler en términos muy negativos, al tener este un trabajo cómodo y no particularmente peligroso.

Pienso que la razón de Hitler para mentir acerca de su experiencia bélica es que realmente no tenía una buena historia que contar: “Mirad he hecho lo que se me encomendó, pero muchos soldados pensaban equivocadamente que lo que hice no era muy peligroso”. Así que se inventó una historia en la que sus acciones eran extraordinariamente peligrosas y en las que salia a la luz su bravura, donde era admirado por todos, y en las que él era el producto típico de su regimiento. De esta forma pudo postular que el nacionalsocialismo nació en las trincheras de la Primera Guerra Mundial.

P- Un hecho particularmente interesante en su publicación es la implicación de Hitler en la República Socialista de Baviera. ¿Era un oportunista o una persona sin una tendencia política definida?

R- De nuevo esta cuestión está envuelta en secretismo y estoy tratando de resolverla en mi nuevo libro. No puedo darle una respuesta firme en este punto, pero creo que es justo afirmar que ambas definiciones son ciertas: no tenía una preferencia política definida Y también era un oportunista que buscaba una nueva “familia” en la que encajara y fuera aceptado.

libro

La Primera Guerra de Hitler, Thomas Weber, Taurus, 512 págs, 26€.

P- Por último. ¿Puede hablarnos de la superproducción para televisión sobre Hitler que está asesorando?

R- Será una miniserie dramatizada. Sin embargo, tratará de mantenerse fiel a la verdad histórica. Mi libro ha sido usado como fuente de inspiración inicial y se centrará en la relación de Hitler con alguna figura importante durante hechos puntuales de su vida. No puedo adelantar mucho más del proyecto, ya que soy asistente y no guionista, aunque mi libro se tome como fuente de inspiración. Por supuesto, la serie se tomará en serio a Hitlercomo protagonista. Libros recientes, películas, y exposiciones hanminimizado el rol de Hitler en la creación del Tercer Reich, el estallido de la Segunda Guerra Mundial y en el Holocausto; y creo que la razón es la preocupación de que si se centra la atención demasiado en su persona, puede parecer apología. La serie de televisión tratará de contrarrestar esta tendencia y presentar al pueblo alemán a Hitler de una manera seria.

Carlos de Lorenzo

C.d.lorenz@hotmail.com