Un millón de mercenarios suizos

mercenarios suizos grande

Los Reisläufer eran corajudos y cumplidores de sus contratos y su compacto cuadro masivo de picas revolucionó el arte de la guerra.

Estaba Luis XIV de Francia junto al coronel de la Guardia Suiza, Peter Stuppa, y su ministro de guerra, el marqués de Louvois, Michel Le Tellier. Éste último lanzó una mordaz acusación: “Sire, si su majestad tuviese todo el oro y la plata que vuesa merced y sus antepasados entregasteis a los suizos se podría pavimentar con ellos una calle desde París a Basilea”.

A lo que respondió Stuppa dolido, “Sire, puede ser así, pero si toda la sangre de mis paisanos que sirvieron a vuestros reales antepasados se recogiera, uno podría llenar con ella un canal desde París a Basilea”.

Si hoy Suiza es conocida como un remanso de paz alpino; famoso por su civismo, el mutismo de sus bancos, la perfección de sus relojes, su delicioso chocolate y, paradójicamente, su tradición humanitaria (Cruz Roja) es al coste de haberse alquilado sus habitantes al mejor postor como mercenarios desde el siglo XIII hasta finales del XVIII.

Para entender la importancia del “salario de la sangre”, que impulsó a un millón de helvéticos a hacer de la guerra negocio, y cómo se convirtieron en los soldados de fortuna más demandados del Renacimiento en adelante hay que remontarse a la Baja Edad Media.

Quinientos años de fama imperecedera

En 1291 los cantones forestales de Uri, Schwyz y Unterwalden formaron una liga, dando origen a la Confederación Helvética, para zafarse del yugo del Sacro Imperio Romano Germánico y proteger sus intereses comunes. Los reyes Habsburgo, que se negaron a perder su estratégico reichfreiheit centroalpino, intentaron recuperar sus tierras patrimoniales durante cien años (la Casa Real Habsburgo es originaria del cantón de Aargau, en el entonces ducado de Suabia).

Pero los duros campesinos helvéticos derrotaron repetidamente a los ejércitos feudales de los Austria, a la vez que otros cinco cantones (Acht Orte) se unían a la Antigua Confederación. Es en esta lucha por su libertad cuando desarrollaron la táctica que les hizo invencibles: la del gran cuadro de infantería; de alabarderos primero y de piqueros después. Nunca perdían la cohesión, eran proactivos en el ataque y las largas astas de sus armas les hacían inmunes ante los caballos.

Batalla de Sempach

Según el Halbsuterlied en Sempach (1386) el héroe legendario Arnold von Winkelried se sacrificó aferrando varias lanzas enemigas, creando un pasillo por el que sus paisanos pudieron romper la línea enemiga.

En la batalla de Sempach, el 9 de julio de 1386, derrotaron tan decisivamente a los austriacos que hasta el duque Leopoldo III perdió la vida junto a lo más florido de su nobleza. Esta derrota marca el declinar de la caballería pesada medieval y el resurgir de la infantería como fuerza a considerar en el campo de batalla. Como el terreno abrupto no era apto para sus monturas, los nobles leopoldinos descabalgaron e insistieron en formar en el lugar de honor, las filas delanteras de la mesnada. Los ilustres ricohombres fueron recibidos cuesta arriba por los helvecios, que con tesón y sin impresionarse ante tanta nobleza junta la hicieron picadillo con sus alabardas.

suiza siglo xvi

Mapa de la Confederación Helvética, siglo XVI. En azul los territorios asociados incorporados a partir de 1500, incluyendo el Valais y la Valtelina.

Desde la dorada jornada de Sempach hasta 1510 la Confederación se expandió a expensas de Austria y Borgoña hasta englobar lo que hoy llamamos Suiza. Consolidadas sus fronteras, y más unidos que nunca, los cantones fomentaron de forma oficial la actividad mercenaria de sus habitantes. Su principal cliente será Francia, que en 1516 firma un tratado de Paz Perpetua y se convierte en la mayor contratista de mercenarios de la Edad Moderna; llegando a formar los suizos un tercio del ejército galo.

La dinastía Valois y las Casas Reales que se lo podían permitir (no money, no swiss), consideraron a la Confederación Helvética como un caladero de soldados durante trescientos años, y por ello respetaron su independencia hasta que el aislacionismo militar y el crecimiento desmedido de los ejércitos nacionales acabara con el statu quo helvético (quebrantado por Napoleón en 1802).

La revolución de los infantes

¿Qué aportaron los autodenominados Reisläufer al arte de la guerra?. Aparte de su inédita formación piquera, eran corajudos y puntillosos cumplidores de sus contratos. Lo cual era una novedad en la península itálica, donde los conflictos bélicos entre las pujantes ciudades-estado habían quedado en manos de capitanes mercenarios (condottieri) sin escrúpulos. Durante los siglos XIII-XIV hacían y deshacían, cambiaban de bando con suma ligereza o se negaban a luchar si no les pagaban. Hicieron de la guerra arte y ciencia, mucho de exhibición y excesivo ritual. La aparición de los suizos en este escenario cambió todo, pues luchaban sin dar cuartel y no eran especialmente tornadizos (para lo que es un mercenario). Eso sí, si no recibían religiosamente su soldada levantaban campamento y se retiraban a sus Alpes.

batalla de Arques

Los mercenarios del cantón de Glaris al servicio de Enrique IV de Francia ganaron contra la Liga Católica la batalla de Arques (1589).

Como todo estrategia ganadora acaba siendo copiada, o combatida, el monopolio switzer solo duró un siglo (XV). Primero sus vecinos adoptaron el cuadro de piqueros como columna vertebral de sus ejércitos y, seguidamente, las formaciones mixtas de piqueros-arcabuceros. En Bicoca, 1522, los arcabuceros españoles hicieron fuego continuo desde un terraplén a los suizos que cargaban cuesta arriba causándoles 3.000 bajas por 1 propia (y por una coz de mula). Esto fue el punto de inflexión del hasta entonces infalible “empuje de la pica”, que se volvió vulnerable ante las armas de fuego y la artillería.

Y además durante el siglo XVI se enfrentaron a unos imitadores igual de formidables: los lansquenetes alemanes. Desde un principio se juraron odio eterno, y cuando se encontraban en el campo de batalla se acuchillaban con especial saña. Los suizos seguían siendo mejores en el choque, pero sus antagonistas desarrollaron tácticas de melee interesantes. Sus veteranos doppeldsöldners (doblesueldos) utilizaban montantes (zweihänder) para desviar las picas enemigas y abrir un hueco por el que sus compañeros clavaban las suyas. Esto que se conoce como “mala guerra” implicaba miles de hombres encajonados en un bosque de picas, empujando a la hueste contraria para buscar su colapso, mientras espaderos, rodeleros y alabarderos se introducían por los intersticios de la línea enemiga desestabilizandola y realizando proezas individuales.

Mala Guerra, lansquenetes, mercenarios suizos

Gritos, insultos, silbidos de punción, entrechocar de aceros: la “mala guerra” entre piqueros suizos y lansquenetes.

Pero para los cronistas contemporáneos no hay duda: los Reisläufer eran superiores. En cuanto divisaban al enemigo marchaban con la pica calada y con la cabeza gacha en formaciones de mucho fondo, y sin más contemplaciones arrollaban al rival. Su récord de victorias y su negativa a hacer prisioneros eran su carta de presentación.

En la etapa cantonal los switzer operaban en tres bloques de diferente tamaño, que se apoyaban entre sí: vanguardia (vorhaut), centro (gewalhut) y retaguardia (nachhut). Si servían como mercenarios solían formar el centro del ejército en uno o dos grandes bloques. Con el tiempo fueron perdiendo maniobrabilidad inicial y ganando fuerza bruta.

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Portaestandarte y prostituta, 1516, por Urs Graf. Lleva el ropaje acuchillado, colorido y extravagante de los lansquenetes.

Una vez vistas sus tácticas, sus empleadores y dejado clara su magnifica reputación y férrea disciplina quedan por analizar los instrumentos de muerte de su oficio. El principal de ellos era la pica de cinco metros que no se podía acortar bajo ningún concepto pues en el choque de picas, y en otros menesteres, vencía quien la tenía más larga (por ello fueron creciendo en longitud durante el siglo XVI).

Otra arma importante mientras hubo choque de picas fue la polivalente alabarda que permitía descabalgar jinetes con el gancho, herir de punta o hendir armaduras con el hacha. Con el auge de la mosquetería pasaron a un plano testimonial, aunque los veteranos y sargentos que protegían los estandartes cantonales las conservaron como elemento distintivo. En los flancos y en avanzadilla mantenían una pequeña nube de ballesteros y escopeteros para desgastar al contrario.

Defensivamente hablando el siglo XV fue la edad de oro de la armadura corporal. Los jinetes iban repujados de placas de acero, pero a la infantería pesada le bastaba una coraza y unas escarceras y en la cabeza una borgoñota o un morrión.

Los motivos de un perro de la guerra

Descendiendo al plano humano ¿Qué llevaba a los Reisläufer a alquilar sus espadas?. Principalmente el dinero y las promesas de saqueo, pero la varianza motivacional incluía el afán aventurero, los problemas domésticos, el hambre omnipresente y, como no, el glamour y la fama. Ganarse el pan en la mayor industria de su tiempo, La Guerra, era considerado una actividad respetable.

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Grabado del artista-soldado Urs Graf sobre la batalla de Marignano, 1521. Muestra la Mala Guerra de fondo y en primer plano sus consecuencias de forma descarnada.

Los soldados eran reclutados por contratistas independientes pertenecientes a la aristocracia suiza y juzgados por sus normas cantonales. Si el reo era considerado culpable eran sus propios camaradas los que le ajusticiaban formando un pasillo por el que debía correr y ser alanceado. Este método brutal reforzaba la disciplina y el espíritu de cuerpo.

Con el tiempo la aislada Suiza prosperó con el dinero que le llovía, pues muchos Reisläufer lo gastaron en obras arquitectónicas e introdujeron conocimiento, novedades y formas de vida de toda Europa. La parte negativa es la implícita a toda actividad violenta; los que esquivaban la muerte volvían a casa pobres, mutilados o alcoholizados. Del millón largo de soldados de fortuna que sirvieron en el extranjero, unos 600.000 pagaron el precio último del “salario de la sangre”, como bien le recordó Peter Stuppa al Rey Sol.

Carlos de Lorenzo Ramos

Bibliografia:

McCormack, One Million Mercenaries: Swiss Soldiers in the Armies of the World

Luck, History of Switzerland

Mallett, Mercenaries and their Masters

http://www.swissinfo.ch/spa/mercenarios-suizos–el-salario-de-la-sangre/31517192

La eterna disputa de si Carlos V desembarcó en Tazones o en Villaviciosa

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Tal día como hoy llegaba el futuro Carlos V a España. Su lugar de desembarco es disputado, pero los documentos sostienen que Tazones era un lugar “demasiado malo para alojarse en él tanta gente principal”.

Un 19 de septiembre de 1517 llegaba a Asturias el futuro emperador Carlos V (1500-1558). Venía a ser refrendado rey de Castilla, Aragón y Navarra, escoltado por las escuadras combinadas de Holanda, Zelanda y España, cuarenta grandes barcos en total. No fue hasta su mayoría de edad, en 1515, cuando fue nombrado Señor de los Países Bajos, pero aún debía procurar que su abuelo Fernando el Católico no nombrara a Fernando, su nieto favorito y criado por él, heredero del Reino de Aragón.

Por eso este monarca nacido en Gante, y que solo hablaba flamenco, envió a su educando Guillaume de Croy a vigilar al soberano aragonés y a preparar su llegada. Su madre, Juana de Castilla, estaba incapacitada, por lo que el cardenal Cisneros actuó como su regente en Castilla y el arzobispo Alonso en Aragón.

El Habsburgo tenía pensado desembarcar en Santander, pero ante un gran temporal y aconsejado por sus marinos vizcaínos, desembarcó en la costa asturiana, una tierra que le disgustaba por considerarla “un país abandonado e inhabitable”.

Existe una ancestral controversia sobre donde tocó tierra su real persona: si en Tazones o en Villaviciosa. Ambos pueblos se disputan tal honor, incluso en Tazones conmemoran todos los años la llegada del Austria. Los documentos históricos le quitan la razón.

El flamenco Laurent Vital, que era servidor domestico del monarca, escribió un libro llamado El viaje del Austria en 1517 y aclara rotundamente la negativa de Carlos V a pernoctar en Tazones. “Y aunque a un cuarto de legua había un pueblo y puerto llamado Tazones, no fueron allí a causa de que era un lugar demasiado malo para alojarse en él tanta gente principal y a causa de que a dos leguas cerca de allí había una buena villitadonde estaría mucho mejor alojados”, apuntillaba el flamenco. Vital recoge en su libro que llevaron al rey en una barquita, remontando dos leguas río arriba hasta Villaviciosa.

Aún queda la posibilidad de que Vital se equivocase, pues no era ducho en cuestiones geográficas ibéricas, y pudo confundir Tazones con Villaciosa. Lo que si dejó anotado fue la calidad de las gentes que encontró, que “no tenían más que amor y buena voluntad”.

Carlos de Lorenzo Ramos

c.d.lorenz@hotmail.com

El ADN de la Mona Lisa al miscroscopio

mona lisa

La Mona Lisa es posiblemente la cara más conocida de la pintura. Desde que en 1504 Leonardo Da Vinci dibujara La Gioconda, los admiradores de la dama del retrato han salido hasta debajo de las piedras. Lisa Gheradini, la modelo capaz de sonreír tan perturbadoramente, fue exhumada el año pasado bajo el convento de Santa Úrsula, en el centro de Florencia, y ahora su código genético va a ser estudiado.

La mayor parte de historiadores coinciden en señalar a Lisa Gheradini (1479-1542),la esposa de un rico comerciante de seda, Francesco Bartolomeo del Giocondo, como la mujer de la misteriosa sonrisa. Su nombre de casada era Lisa del Giocondo, y se convirtió en monja tras la muerte de su marido. Está enterrada en el convento de Santa Úrsula desde su fallecimiento a los 63 años en 1542.

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Restos óseos correspondientes a Lisa Gheradini.

Aunque la excavación se detuvo por falta de fondos -pues había que perforar el recubrimiento de cemento que se aplicó para convertir el convento en barracones para la soldadesca- hace poco se redoblaron los esfuerzos. Y los resultados son palpables. De la fosa salió a la luz una soterrada calavera femenina, junto a fragmentos de sus vertebras y costillas.

Los viejos documentos no engañaban: el cuerpo de Lisa reposa en una cripta a la que se accede a través de una puerta y una escaleraSilvano Vinceti, a cargo de la excavación, no está seguro de que la osamenta pertenezca a un mismo individuo, por lo que se le extraerá ADN para compararlo con el de sus hijos, enterrados en las proximidades.

Una vez verificada su identidad, se procederá a reconstruir la cara del cráneo para intentar sacar la Mona Lisa que puede haber detrás. El profesor Vincenti es el mismo que el año pasado aseguró que bajo los ojos de la Mona Lisa, a la luz de un potente microscopio, se podían observar las iniciales de su nombre.

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Los arqueólogos han tenido que perforar un suelo de cemento.

Los restos, de probarse verdaderos, echarían por tierra las rocambolescas hipótesis que ubican tras la efigie de La Gioconda a un joven varón, o incluso el propio Leonardo. Otras suposiciones sitúan a Lisa en la vecindad del genio y aseguran que la mujer estaba en estado de buena esperanza.

El oleo fue adquirido por Fancisco I de Francia a principios del XVI y actualmente se exhibe en el Louvre de París, vigilado por potentísimas medidas de seguridad. Sobre una tabla de álamo de 77×53 cm Leonardo Da Vinci consiguió el ejemplo más logrado del sfumato. El cuadro sufrió un robo en 1911, y se ha copiado infinitas veces, inspirando toneladas de arte. El retrato de la Mona Lisa ha traspasado fronteras, convirtiéndose en un icono pop, usado frecuentemente para la parodia. Millones de visitas visitan cada año a la dama de la sempiterna sonrisa.

En el quattrocento Florencia se encontraba entre las ciudades más ricas y grandes de Europa, sin embargo la distribución de la riqueza era dispar. Lisa Gheradini se crió en un ambiente de clase media acomodada. Su padre poseía seis granjas en la región de Chianti, productoras de trigo, vino, aceite de oliva y ganado. Lisa era la mayor de siete hijos por lo que su padre la casó todavía adolescente, a los 15 años, con el mercader de telas Fransico di Bartolomeo Giocondo, aportando una dote considerable.

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Leonardo da Vinci.

Francesco pasó del comercio a ejercer cargos gubernamentales en Florencia, y en 1512 fue elegido como Signoria del Dodici Buenominiel órgano de gobierno florentino. Murió a causa de la peste en 1538. Francesco amaba a su mujer, por lo que le devolvió su dote y la aprovisionó con los bienes necesarios para el futuro. El gobernante dedicó estas bonitas palabras a su esposa en el testamento: “Dado el afecto y amor del testador hacia Mona Lisa, su querida esposa; en consideración del hecho que Lisa siempre ha actuado como una esposa fiel y con espíritu noble; deseando que ella posea todo lo que necesite…”. Sin embargo, lo mejor que pudo hacer este amante esposo fue pagar el cuadro por el que Lisa Gheradini será recordada. Eternamente.

Carlos de Lorenzo Ramos

c.d.lorenz@hotmail.com

La batalla de Mülhberg, el día que Iberia parió leones

carlos v retrato ecuestre tizziano

“Vine, ví y Dios venció”. Carlos V, amenazada su hegemonía imperial por una coalición protestante, reúne a sus Tercios y a sus lansquenetes y avanza hacia el corazón de Alemania, logrando la victoria decisiva que anhelaba.

El año 1547 pilló a Carlos V  peleado con media Europa, pero apoyado por su fidelísima infantería española que empezaba a forjar su leyenda en campos de batalla extranjeros. Los Tercios de Lombardía, Hungría y de Nápoles desfilaban bajo la roja y blanca Cruz de Borgoña; y los 16.000 lansquenetes alemanes, 10.000 italianos y 5.000 belgas y tudescos, bajo el águila bicéfala del Sacro Imperio. La caballería de su hermano Fernando, futuro emperador austriaco, se le unió en Núremberg, aportando tres millares de caballeros.

La reforma religiosa estaba creando una escisión no sólo religiosa, sino también política en el seno del Sacro Imperio Romano Germánico. Los opositores al emperador Carlos V formaron la Liga Smalkalda y desafiaron la autoridad imperial. Carlos y su hermano, el archiduque Fernando, se unieron para combatir contra la Liga. Los luteranos contaban con una fuerza similar comandada por Juan Federico, el elector de Sajonia, y por Felipe el Magnanimo, landgrave de Hesse.

El campesino y el emperador

piquero cruz de borgoña

Piquero español con el aspa de Borgoña al hombro.

Internándose en tierras sajonas, los arcabuceros a caballo tuvieron constancia de que las fuerzas luteranas de la Liga Smalkalda  acampaban a tres leguas de las españolas, en la villa de Mühlberg. Basándose en su experiencia del año anterior, intentó una maniobra de hostigamiento. En Ingolstad los ejércitos ya se contemplaron durante seis días, produciéndose únicamente choques parciales. Carlos V buscaba la batalla definitiva.

Los jinetes del capitán Aldana informaron de la existencia de un vado por el que franquear el Elba. El duque de Alba, general de los ejércitos en Alemania, era consciente de la peligrosidad de cruzar un paso tan bien protegido, con el enemigo apoyando firmemente los pies en la orilla opuesta. Maná del cielo le llovió al Emperador, con la forma de un joven aldeano al que los sajones habían incautado una recua de caballos. Emulando las Termópilas, este Efialtes del siglo XVI mostró a los católicos un tramo del río con poco caudal.

Si el lado imperial presentaba anchas playas y suaves pendientes, el rebelde tenía laderas escarpadas y un muro “como los que se hacen para cercar heredades ”, otorgando una gran ventaja a las mangas de arcabucería protestante . Un bosquecillo del lado germano-español guarecía la artillería emboscada que empezó a batir a los luteranos haciendo fuego de cobertura para que los españoles se metieran hasta el pecho en el rio y lo franquearan.

Descamisados y con palabras de acero

Los luteranos hostigaban la ribera imperial desde barcas donde hacían mucho fuego de arcabucería. Cristóbal de Mondragón, cansado de que los alemanes expusieran sus cuerpos como becerros en el matadero, se echó al agua dando gritos de “¡Santiago y cierra España!”. Primero fue uno, luego otro, y finalmente siete españoles se lanzaron al río con dagas en los dientes, algunos a pecho descubierto y otros más acorazados, y dieron buena cuenta de los soldados de los botes. Pasada la batalla sus cuerpos desnudos serían premiados con ropajes de terciopelo y 100 ducados por cabeza.

Por tres veces cruzaron el vado los ya debilitados ejércitos de Carlos V, y por tres veces fueron rechazados. Pero la batalla de desgaste logró su efecto, y pronto pudieron ver las espaldas de los rebeldes de Juan Federico mientras se ponían en fuga. Los imperiales traían en su bagaje pontones, que se unieron a los abandonados por el enemigo, y cruzaron el vado con decisión.

La caballería ligera húngara, la italiana, el Emperador y el aldeano pasaron el río. El Austria era generoso y premió a su informador con igual número de caballos a los que le habían robado, dos, y 100 escudos de propina.

Descalabro luterano en Mülhberg

Así formada la vanguardia se procedió en picar al enemigo en desbandada, que se revolvía a dar la cara. Caminadas tres leguas, el enemigo se detuvo y ordenó una carga de caballería propia con la que romper la avanzadilla. Los húngaros por la derecha, reforzados por los herreruelos del duque Mauricio, hicieron la primera carga sobre una manga de arcabuceros, y tras esto, el duque de Alba dio orden de que se tocaran las trompetas en señal de carga general, guiando él mismo los hombres de armas de Nápoles.

El desbarajuste en la línea enemiga puso en fuga al ejército rebelde, que fue masacrado con igual saña con la que Yahvé mató a los primogénitos de Egipto. Sus jefes, Juan Federico y Felipe I de Hesse, fueron apresados y el resto de electores expiraron el ánima en la carnicería que precedió. La Liga de Smalkalda quedó disuelta, sus jefes encarcelados en el castillo de Halle y Carlos V salió triunfante y reforzado en su poder imperial. El Emperador era magnánimo e hizo honor a su nombre al encontrarse con la tumba de Lutero, pues no permitió su profanación. El Austria dijo: “Dejadlo reposar, que ya encontró su juez. Yo hago la guerra a los vivos, no a los muertos”.

Carlos de Lorenzo Ramos

c.d.lorenz@hotmail.com