Castellanos devorados por los aztecas

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Codex Magliabechiano (s.XVI). Se compone de 96 páginas y muestra dioses, costumbres, ritos y creencias cosmogonícas aztecas.

Bernal Diaz del Castillo narra en su relación de la Conquista de México el trágico fin de muchos castellanos, sacrificados de forma ritual, desmembrados, y posteriormente comidos por los mexicas

La cata azteca de español incluía degustación ritual de “frentes y las orejas, lenguas y labios, los pechos y brazos y molledos, y las piernas y aun sus naturas”, mientras que el tórax y las vísceras eran despedazados como menudillos con navajas de obsidiana y ofrendados a serpientes y jaguares, que se alimentaban de los despojos ibéricos.

Así lo narra en sus memorias el Conquistador castellano Bernal Diaz del Castillo; que aduce tres motivos que legitimaban el enseñorearse de Mesoamérica; erradicar: la sodomía, la idolatría y la antropofagia. El primer argumento es falso, el segundo cierto, pues no adoraban a la “Virgen Maria y a su niño prescioso” sino a dioses crueles a los que había que regar con sangre y del tercero, considerado demoniaco, hay pruebas fehacientes, pero los expertos debaten acaloradamente acerca de sus causas.

conquistador español caballo

Los guerreros mexicas se afanaron en capturar teules y caballos vivos para el sacrificio. Los españoles peleaban sin dar cuartel.

A lo largo de muchos pasajes de su crónica, “La Verdadera Historia de la Conquista de Nueva España”, Diaz del Castillo retrata vívidamente el fin de sus compañeros. A cuarenta y tantos soldados de Pánfilo de Nárvaez que huían de Tenochtitlán tras la Noche Triste se les sacrificó de esta forma:

Hallose allí en aquel pueblo mucha sangre de los españoles que mataron por las paredes, con que habían rociado con ella a sus ídolos, y también se halló dos caras que habían desollado y adobado los cueros como pellejos de guantes, y las tenían con sus barbas puestas y ofrescidas en uno de sus altares. Y asimismo se halló cuatro cueros de caballos curtidos, muy bien aderezados, que tenían sus pelos e con herraduras, y colgadas a sus ídolos en el su cu (templo) mayor”. Y hallose muchos vestidos de los españoles que habían muerto, colgados  y ofrescidos a los mismos ídolos. Y también se halló en un marmol de una casa adonde los tuvieron presos escrito con carbones: “Aquí estuvo preso el sin ventura de Juan Yuste con otros muchos que traía en mi compañia”.

El de Medina del Campo no vio con sus ojos muchas de las crueldades que atribuye a los aztecas, como el gusto del emperador Moctezuma por la carne de muchacho. También comparaba a los indígenas aliados con una bandada de buitres, como los que seguían a los ejércitos en Europa: avidos de carroñar carne. Pero lo que si vivió, cuando asediaba Tenochtitlán junto a Hernan Cortés, fue el como los soldados castellanos eran sacrificados al atardecer en lo alto del teocali mayor entre gritos espantosos y un atronador tambor que le helaba hasta el tuétano de los huesos.

Y con unos navajones de pedernal les aserraban los pechos y les sacaban los corazones buyendo, y los cuerpos dabanles con los pies por las gradas abajo, y se comian las carnes con chimole.

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Escena de la película Apocalypto (2006). Ubicada en Guatemala en 1511, plasma los masivos sacrificios humanos mayas antes de la llegada de europeos.

A los teules les sacaban el corazón aun palpitante del pecho y arrojaban escalera abajo sus cuerpos, donde eran despedazados. Su carne cocida era comida por nobles, las vísceras alimentaban a las bestias del zoológico y sus calaveras eran colocadas en un altar de cráneos.

Son muchas las crónicas de la Conquista de América o los códices ilustrados que hacen referencia a estas crueldades, hoy sostenidas por la arqueología.  Desde 2006 un grupo de arqueólogos trabaja en el yacimiento de Zultepec, donde se han hallado los restos óseos de una caravana de 550 personas (españoles e indígenas), entre ellas mujeres y niños, que iban a México desde Veracruz en julio de 1520.

Tras ser emboscados por los aztecas, los españoles fueron retenidos seis meses mientras se les iba sacrificando por tandas. A las mujeres, preñadas, les abrieron los pechos y se les extrajo el corazón mientras que otros prisioneros fueron decapitados. Los restos de carne humana hervida prueban su posterior consumo.

El Estado azteca fosilizó el canibalismo, una practica tabú en occidente, dentro de una estructura cosmogónica, dando lugar al fenómeno de la Guerra Florida, en la cual los mexicas se abstenían de someter a una serie de Estados próximos, como Tlaxcala, para así capturar prisioneros y sacrificarlos a Huizilopochtli, mientras que en lugares más alejados expandían su imperio. Este terrorismo de Estado serviría además para inculcar miedo a posibles rebeldes, mantener el élan de la casta guerrera mexica y legitimar la posición de los gobernantes.

codice sacrificio humano

“Y con unos navajones de pedernal les aserraban los pechos y les sacaban los corazones buyendo, y los cuerpos dabanles con los pies por las gradas abajo, y se comian las carnes con chimole.”

Otros argumentos ecológicos explican el canibalismo ritual como una forma de las élites de obtener proteinas, tan escasas en su dieta, a pesar de la existencia venados salvajes, pecaríes, pesca lacustre, pequeños perros y guajolotes (pavos) y diversas fuentes de proteína vegetal.

A.E. Brailovsky aclara que el ser humano es un “mal conversor energético”. Nace prematuro y con una cabeza desproporcionada para dar cabida al cerebro, y necesita meses para compensar ese desarrollo extrauterino. Para crecer debe comer mucho más que otros animales. Un pavo necesitaría 3 kilos de maíz para producir 1 kilo de carne, un ser humano más de 100 para pesar ese kilo de magro (¡y 20 años!). Aplicando la lógica se deduce que no es rentable la cría de aborigen como ganado.

Sin embargo hay argumentos en contra de que los aztecas practicaran el sacrificio masivo de personas. León Portilla los compara con la teofagia cristiana, donde la eucaristía simboliza la consunción del “cuerpo y la sangre de Cristo”. Otros historiadores creen exageradas y parciales las crónicas de los frailes y conquistadores del siglo XVI, y algunos afirman que solo eran consumidos los guerreros capturados en justa lid. Bernal Diaz comenta en reiteradas ocasiones que liberaron a muchos indios cebados para ser comidos, y que los aztecas sacrificaban a jóvenes y doncellas de singular belleza, y de entre todos ellos los que más honor hacían a Huizilopochtli, eran los niños, considerados seres puros.

La antropofagia es un tema tabú en occidente y muchos americanistas prefieren estudiar otros aspectos de la avanzada civilización prehispánica, como su singular arquitectura, sus refinadas costumbres o sus perfectos calendarios.

Carlos de Lorenzo Ramos

c.d.lorenz@hotmail.com

Para saber más: Desperta Ferro Historia Moderna- La Conquista de México

Centauros de Castilla

viaje de cabeza de vaca

El 18 de julio de 1821 España renunció a la península de Florida en favor de Estados Unidos. Sus manglares incultos, enfermedades tropicales y exiguas riquezas hicieron poco doloroso dicho evento. Miles de conquistadores españoles anduvieron por el medio-oeste americano persiguiendo quimeras desde la Florida, y a casi todos ellos les costó la salud y el anima.

No había ningún El Dorado; aún así los conquistadores españoles se enfrascaron en ocasiones en demenciales búsquedas de oro y riquezas por todo el medio-oeste americano, además de ir delimitando esa Terra Incognita al paso de sus caballos. Los centauros castellanos se enfrentaron antes que nadie a las tribus de las praderas: cheroquís, comanches, apaches; y propalaron tanto la fe católica como pandemias espantosas que mataron 18 millones de nativos en menos de medio siglo.

conquistador español siglo xvi

Conquistador español. Le penden del pecho los “doce apóstoles” que contienen la pólvora del mosquete.

Hace poco se conmemoraba el 500 aniversario del descubrimiento de Florida por Ponce de León. El vallisoletano llegó el 4 de marzo de 1513 y por ser domingo de Resurrección llamó a esa tierra de la “Pascua Florida”.

No fue el primer europeo en divisar esa costa, pero sí inició un flujo de exploradores que arribaban a Florida en busca de sus sueños. Cronistas como Hernando de Escalante alimentaron la creencia de que Ponce andaba a la caza de la Fuente de la Eterna Juventud. Puede que esto no fuera cierto, pero el mito de las Siete Ciudades del Oro si que impregnó la imaginación española en las conquistas posteriores. ¿Acaso no se había descubierto ya la impresionante “Temustilán” azteca o el Cuzco inca? Súbitamente todo era posible y al Hombre Blanco esos resortes le impulsaban poderosamente.

El mito de Cíbola o las Siete Ciudades del Oro narra la huida de siete obispos portugueses durante la invasión mora de Mérida en el 713, salvando las riquezas de la ciudad y escondiéndolas al otro lado de la Mar Océana. Supuestamente fundaron una magnifica urbe, Cíbola, en la isla de Antila, que la tradición oral aumentó a siete: Aira, Anhuib, Ansali, Ansesseli, Ansadi, Ansalli y Con.

A Ponce de León le siguió la expedición de Pánfilo de Nárvaez en 1528, un desastre en el que perecieron todos menos cuatro: Cabeza de Vaca, Dorantes, Castillo y Estebanico. Durante ocho años vagaron por Alabama, Luisiana y Tejas. Cabeza de Vaca narró su odisea en Naufragios en donde no hace mención a Cíbola ni a Quivira. Aun así, no dudó en engatusar al virrey de Nueva España, Antonio Mendoza, hablándole de ciudades con tesoros in par.

Años después como gobernador de Paraguay se desdecirá alegando que los nativos eran “gentes muy amigas de novelas y muy mentirosos”. Antonio Mendoza, el virrey, organizó una expedición guiada por Estebanico. El esclavo beréber fue asesinado en un poblacho indígena, Háwkuh, y se dispersó la comitiva. Sobrevivió el fraile Marcos de Niza, que aseguró ver en la lejanía una ciudad construida con paredes y empedrado de oro. Este espejismo animó más que desilusionó a Mendoza para organizar una segunda intentona en los territorios del norte.

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Pánfilo de Nárvaez.

La expedición de Vázquez de Coronado y la de Hernando de Soto son coetáneas (1540). Vázquez llegó a Quivira (Wichita) y no halló más que una aldea carente de valor material. Y llegamos a Hernando de Soto, el explorador extremeño que organizó la expedición más preparada jamás enviada a tierras de norteamericanas. Él ya era inmensamente rico, había participado en la conquista del imperio inca como lugarteniente de Pizarro. Posiblemente leyó los jornales de Cabeza de Vaca y se animó a encontrar la mítica Cíbola y hacerse un nombre tan famoso como el de Hernán Cortés o Francisco Pizarro.

Hernándo de Soto murió a orillas del Misisipi, preso de la fiebre, y su expedición borrada de la faz de la tierra por los hostiles indios de las praderas. Solo unos pocos supervivientes alcanzaron el Panuco en México, y lo que contaron desanimó futuras intentonas. Los españoles transmitieron decenas de virus a los nativos, especialmente a través de su ganado caballar, porcino y bovino. América del Norte estaba habitado por 25 millones de personas, de las que 18 murieron. La zona perdió interés, y ya en 1672, el conquistador francés Lasalle no encontró populosas praderas sino un vacío inmenso.

La tierra de la Pascua Florida era dificultosa de habitar y de labrar pues es zona de manglares y pantanos, además de sus enfermedades endémicas y sus nativos hostiles. A pesar de estar geográficamente a un tiro de piedra de la Perla de las Antillas, Cuba, no reportó a España más que quebraderos de cabeza. Las calas del Golfo de Florida eran refugio de piratas y bucaneros, y todos los intentos de colonización fueron fatuos. Un 18 de julio de 1821 perdimos Florida por segunda vez, a manos de la incipiente nación estadounidense, y en esta ocasión para siempre.

Carlos de Lorenzo Ramos

c.d.lorenz@hotmail.com

Los caballos de Corolla: una reliquia de la conquista de América

caballos de corolla manadaLa raza de equinos salvajes de la península de Corolla está seriamente amenazada. Estudios genéticos revelan que pueden provenir de una raza Ibérica extinta en el resto del mundo.

Existe una pequeña raza de caballos salvajes aislada del mundo. Son bestias de tonos castaños y negros que habitan en Corolla, una franja de tierra situada en Carolina del Norte, Estados Unidos. En verano, las playas son invadidas por turistas, pero el hinterland pertenece a unos caballos que se dice que provienen de una raza Ibérica ya extinta.

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Mapa de la península de Corolla.

Había un tiempo en el que manadas enteras pastaban por toda Carolina del Norte. Pero hoy no hay tantos. Su número ha descendido a unos cientos, los más conocidos recluidos en el parque federal de Shackleford Banks. La mayor manada ha crecido recientemente hasta los 140 ejemplares, y ocupa más de 3.000 hectáreas en la estrechísima península de Corolla, donde han encontrado refugio lejos de predadores naturales.

Sin embargo, su aislamiento les está llevando a un colapso genético. Si no se introducen genes frescos la subespecie de Corolla está abocada a la desaparición. Estos bellos animales tienen defensores acérrimos que están dirigiendo ruegos al Congreso para su preservación. En febrero se decidió introducir yeguas venidas de Shackleford para mezclar sangre nueva en esta vetusta manada. Activistas conservacionistas no creen que la solución sea tan fácil.

Las playas, los pastos y los bosques de Corolla son también refugio de aves migratorias en peligro de extinción, así como área de cría de tortugas marinas. Los activistas temen que si la manada crece por encima de sus posibilidades puede poner en peligro el ecosistema y que 120 seria la cantidad de caballos adecuada. Sobre la balanza pesa si unos animales deben ser preservados por encima de otros. En la arena de debate que se ha creado entre los defensores de la fauna está ganando el caballo de momento. Lazos entre los nobles brutos y el ser humano han existido durante milenios; es el animal que ha portado arados, luchado en guerras y ayudado a colonizar el mundo.

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Dos potros Corolla trotan por la orilla.

Los equinos se extinguieron en Norteamérica hace más de 11.000 años, durante el Pleistoceno, junto a criaturas como los mastodontes, antes de ser reintroducidos por los españoles en el siglo XVI. Los caballos salvajes de Corolla provienen de estos animales que perdieron su domesticidad. Sus características físicas con espaldas cortas y patas de poca alzada les diferencian de otras razas del continente.

 Análisis de ADN publicados en Animal Genetics sugieren que puede tratarse de una especie ibérica que no existe en ningún otro lado. Una reliquia viviente. Gus Cothron, un experto en temas equinos, sostiene que para asegurar la pureza genética se debe introducir una yegua nueva cada generación, unos ocho años.

Aislacionismo genético aparte, son los turistas el mayor peligro para los caballos. Los visitantes les alimentan, les atropellan y se acercan demasiado. Los equinos son animales con un tracto digestivo muy delicado, no es extraño que todos los años muera un Corolla al consumir algo indebido, como restos de un melón. Además, si el hombre va acotando el terreno en el que pastan los caballos, la vegetación puede ser insuficiente para mantener a estos seres que llevan cinco siglos en su hábitat.

Carlos de Lorenzo Ramos

C.d.lorenz@hotmail.com

Point Reyes, el lugar de desembarco de Francis Drake en California

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El secretario de interior norteamericano ha zanjado la controvertida cuestión sobre el punto exacto en el que el pirata reclamó Nueva Albión (California) para Inglaterra.

Sir Francis Drake (1540-1596) fue el terror de los mares caribeños de la época isabelina;vicealmirante, corsario, pirata a secas para una España que lo apodaba el Drake, también tuvo rol de explorador y reclamó California para Inglaterra. La controversia sobre en qué lugar de la Costa Oeste desembarcó se ha zanjado 433 años después. Tradicionalmente los historiadores han asegurado que el punto exacto era la península de Point Reyes en el norte de San Francisco. Otros apuntan a que Drake desembarcó en otros lugares de la costa del Pacífico: desde San Francisco, Oregón, la Columbia británica o incluso Alaska.

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Mapa de Point Reyes.

Quién ha resuelto definitivamente la disputa ha sido elsecretario de interior estadounidense, Ken Salazar, que ha designado Point Reyes como la ensenada en la que arribó elGolden Hind de Drake. Este decretazo forma parte de una iniciativa que ha definido los 27 sitios históricos que “poseen un valor excepcional en ilustrar e interpretar la historia de Estados Unidos”. Los historiadores han apoyado la decisión de Salazar, mientras que los aficionados y los cronistas amateurs de toda la Costa Oeste “barren para casa” al asegurar que el pirata desembarcó en otros puntos

Tras saquear zonas de Brasil, el Río de la Plata, Valparaíso y 25.000 pesos de oro peruano, Drake puso rumbo al norte por la costa del Pacífico, más allá de Nueva España. ElGolden Hind necesitaba reparación urgente, por lo que el 17 de junio de 1579 tocó tierra para remozar su embarcación. La tripulación dejó clavada una placa de bronce reclamando esas tierras para la reina Isabel I y tuvo contacto con los nativos, posiblemente del pueblo Miwok. En los diarios de Drake se cuenta que encontró un buen puerto natural, protegido de los vientos del oeste y de la niebla. Drake la llamaba fogges y le recordó a Inglaterra, por lo que la llamó Nova Albión, como el antiguo nombre de Gran Bretaña. Se dice que dejó algunos hombres como colonos. El punto preciso fue alterado en los mapas para que no lo descubrieran los españoles. Realmente todo rastro se perdió cuando se quemó el palacio de Whitehall en 1698. Una vez reparado el barco zarparon rumbo a casa circunvalando mundo.

Carlos de Lorenzo

C.d.lorenz@hotmail.com