Margaret Thatcher y el desmantelamiento del Estado de Bienestar

El mundo no ha sido piadoso con el neoliberalismo, ese revoltijo de ideas basadas en la concepción fundamentalista de que los mercados se corrigen a sí mismos, asignan los recursos eficientemente y sirven al interés público. Ese fundamentalismo de mercado era subyacente al thatcherismo, a la reaganomía y al llamado “Consenso de Washintong” en pro de la privatización y la liberación y de que los bancos centrales independientes se centraran exclusivamente en la inflación.

Joseph Stiglitz, Clarín, 9 de julio de 2008

Margaret Thatcher dijo en una entrevista de 1995 concedida a un programa sueco que ella anteponía el individuo a la colectividad. En ella aparecía sin dejar nada al azar, pero contando la perspectiva que dan los años y, preguntada acerca de su mayor logro como Primera Ministra de Gran Bretaña (1979-1990), contestó: “We were the first country to attempt and to succed in rolling back the frontiers of socialism, wich is the first cousin to comunism”.

Y aún se la podía ver arremetiendo contra la socialdemocracia en estos términos “a los socialistas no les gusta que la gente haga cosas por si mismas, a los socialistas les gusta que la gente dependa del Estado” (en relación a la pregunta de por qué retiró el vaso de leche de los colegios). Y terminaba “uno no construye una gran sociedad de esa forma”.

El legado de la Dama de Hierro es a día de hoy controvertido. Que una mujer llegara a ese puesto cambió la percepción de hasta donde podían llegar en muchas partes del mundo (aunque hizo poco personalmente por la causa feminista). También revitalizó la economía británica y devolvió a Reino Unido el estatus de superpotencia (Guerra de las Malvinas). Por otro lado, su mandato transcurrió entre diez años de agitación civil, desempleo alto (3 millones) y cierre de fabricas. Sus detractores la acusan de su falta de valores sociales, de haber destruido los sindicatos y por desmantelar el Estado de Bienestar. Y sin embargo fue elegida Premier tres veces seguidas.

Thatcher formaba parte de la nueva derecha influenciada por las tesis neoliberales de la Escuela de Chicago: gobierno mínimo, sociedad civil autónoma, fundamentalismo de mercado, autoritarismo moral, un mercado de trabajo desregulado como cualquier otro, nacionalismo (los hegemones exigen la apertura de bordes a los demás pero conservan los mecanismos para protegerse), cierto Estado de bienestar como red de seguridad y la idea de que la modernización es lineal (tiende hacia la riqueza).

Esto se contrapone a los preceptos del Estado de Bienestar desarrollado durante los “Treinta Gloriosos” (1945-1975), en el que el capitalismo occidental estuvo acompañado de fuerte presencia estatal en las cuestiones sociales, y en el marco de la Guerra Fría (estas “concesiones” tenían mucho que ver con el temor a una revolución obrera). Sus principios eran la igualdad de oportunidades, la distribución equitativa de la riqueza y la responsabilidad pública de aquellos incapaces de procurarse a si mismos unas mínimas condiciones de vida. Parte del llamado consenso de la post-guerra en el que uno de sus pilares era el pleno empleo, como expone Ken Loach en el documental “El espíritu del 45”.

Margaret Thatcher tenía una visión distinta a los postulados del Partido Laborista. Lo subordinaba todo a una visión individualista, negando incluso el término sociedad. Para revitalizar la economía inglesa empezó por hacer recortes sociales, que drenaban los recursos del Estado. Thatcher y sus asesores creían que los fuertes subsidios de desempleo desincentivaban a la clase trabajadora de buscar empleo. Creía además que la clase media podía acabar corrompida y perder su afán por trabajar duro gracias a Father Christmas state (mamar de la teta del Estado sería la traducción española y ya sabemos que a esta señora no le gustaba que los niños bebieran leche gratis).

Quería desligar los atractivos que suponía para la clase media la seguridad social, por lo que su objetivo no era la eliminación total del Welfare State sino reducirlo hasta algo a lo que solo recurriera la gente en caso de extrema necesidad, es decir los pobres. Los que se lo pudieran permitir escogerían un seguro privado.

Thatcher introdujo límites en cuanto el Estado podía invertir, bajó los impuestos directos y subió los indirectos (gasolina, tabaco, alcohol) y también introdujo medidas para frenar la inflación, lo que favoreció a las clases medias y subió los tipos de interés. Muchos habitantes de viviendas sociales pudieron comprar las viviendas que ocupaban (1 millón se adscribieron a esta posibilidad de compra). Todas estas medidas beneficiaron a la clase media británica, que se convirtió en clave a la hora de reelegir a la Premier, a la vez que aumentaba su poder adquisitivo y se iba desligando de la clase trabajadora (de la que muchos provenían).

Por lo que vistos sus beneficiarios queda por ver a quien afectaron sus políticas. El gran enemigo de Margaret Thatcher fueron las Trade Unions. En los años 70 los sindicatos eran muy poderosos, pudiendo con sus huelgas paralizar la economía del país. Protestaban contra gobiernos conservadores y laboristas por igual. El año antes de ser elegida Thatcher fue llamado el “Invierno del descontento” (1978-1979) en el que las huelgas tuvieron un efecto dramático en Reino Unido y la economía británica iba tan mal que se la llamaba “el enfermo de Europa”. Thatcher lucharía en sus diez años de mandato contra los sindicatos y las huelgas mineras (1985) desmoralizando a millones de los afiliados. La cifra de afiliados bajó de 12 millones en 1980 a la mitad en 1990.

En cuanto a la educación, aparte de “quitarles” el vaso de leche a los escolares de 7 a 11 años cuando fue ministra de educación, monetarizó la educación pública lo que se tradujo en la reducción de las plantillas de profesores y en la disminución de un 20% en el presupuesto asignado a las universidades, a las que se les exigía las cuentas de forma más estricta (más transparencia). También se modificó el sistema de paga a los profesores teniendo en cuenta el “merito” e hizo que los extranjeros tuvieran que pagar la matrícula universitaria por entero. En la entrevista antes mencionada Thatcher dice que se sentía muy orgullosa de haber estudiado la carrera de químicas en Oxford y que ella había llevado “ciencia a la política”.

Otro de los puntales del thatcherismo fue la privatización de empresas públicas con el objetivo de aumentar la productividad (muchas se habían nacionalizado en 1945 para que el Estado pudiera atender las necesidades de los ciudadanos). Se desprendió de los monopolios naturales de agua, gas y electricidad (cuya privatización no provoca un incremento en competitividad), sin embargo la privatización de la telefonía si que aumentó la competencia libre entre empresas. Thatcher siempre se resistió a la privatización del ferrocarril ya que opinaba que eso sería “el Waterloo de este gobierno”. Finalmente los ferrocarriles británicos fueron privatizados en la época de su sucesor John Mayor. La desregulación de los mercados más estas medidas añadieron combustible a la economía británica (el precio pagado se vería más adelante con la pauperización de una parte de la sociedad).

Lo cierto es que sus medidas ayudaron a mejorar la situación económica del país. En 1982 la inflación había bajado de un 18% a un 8,6% pero el desempleo era muy alto (3 millones). Mucha gente perdió el colchón que le ofrecía el Estado (el famoso de la cuna a la tumba) y se resquebrajó el consenso que nació en la posguerra. En realidad Thatcher fue la pionera de este neoliberalismo y globalización acelerada que determina nuestras vidas; en los 80 en los países europeos avanzados se vivió un proceso de desregulación de los mercados y de transnacionalización de las élites (aunque ya los Chicago Boys habían metido mano al Chile de Pinochet). En 1981 ganaba las elecciones estadounidenses Ronald Reagan, que con su reaganomics: reducción del gasto público, reducción de impuestos, desregulación del sector financiero y endeudamiento militar, derrotó al bloque soviético; incapaz de competir contra la riqueza generada por la lógica del Libre Mercado mundializado. Se pasó del paradigma del Welfare (el Estado proporciona bienestar) al Workfare (el Estado pone al mundo del trabajo a los pies del capital).

El debate de si debe pesar más la solidaridad o debe primar la competitividad sigue estando presente a la hora de tomar decisiones políticas. Dijo Ken Loach en una entrevista que el funeral de Margaret Thatcher debería haber sido privatizado y concedido a la empresa que ofreciera menor coste: “a ella le hubiese gustado”.

Carlos de Lorenzo Ramos

Fuentes consultadas:

Chomsky, Noah, Profit over people, Seven Stories Press, 1999

Stiglitz, Joseph E., El malestar en la globalización, Taurus, 2002

Monedero, Juan Carlos, Disfraces del Leviatán, Akal, 2009

Judt, Tony, Algo va mal, Taurus, 2016

http://news.bbc.co.uk/2/hi/uk_news/politics/3681973.stm

https://www.adamsmith.org/blog/regulation-industry/what-would-we-consider-a-successful-railway-system/

https://www.theguardian.com/politics/2013/apr/12/thatcher-britain

http://www.businessinsider.com/thacher-versus-the-unions-2013-4

http://news.bbc.co.uk/2/hi/3067563.stm

https://www.theguardian.com/education/2013/apr/15/margaret-thatcher-education-legacy-gove

https://www.timeshighereducation.com/news/thatcher-had-immense-impact-on-higher-education/2003059.article#survey-answer

https://elpais.com/diario/1979/05/05/internacional/294703205_850215.html

https://elpais.com/diario/1982/02/23/economia/383266809_850215.html

La vida bohemia bajomedieval: Kingdom Come Deliverance

“Thou art perfect then, our ship hath touch’d upon
The deserts of Bohemia?”

Shakespeare. Scene III. Bohemia. A desert country near the sea.

Alguien dijo que tan sólo cuando el cielo se vació de ángeles los sabios pudieron estudiar las estrellas. El videojuego del que vamos a hablar, Kingdom Come: Deliverance (2017), se ambienta en la Bohemia de 1403 (la República Checa de hoy), durante el otoño de la Edad Media (s.XIV y XV), justo cuando la cristiandad se divide entre dos Papas, el Turco está a las puertas de la segunda Roma y la bóveda celeste se estratifica por jerarquías angélicas.

Bohemia no era ese desierto imaginario cercano al mar de las estrofas shakespirianas, pese al enciclopédico desconocimiento insular del bardo inglés. En el agora del juego es el corazón de Centroeuropa y su capital, Praga, una joya que acaba de vivir su edad de oro bajo el mandato de Carlos IV, sacroemperador germano. Sin embargo Warhorse Studios no propone debates teológicos heréticos en la recién fundada universidad, sino un conflicto feudal en torno las minas de plata de Skalice entre dos dinastas que pugnan por la corona bohemia, Wenceslao IV y su hermano Segismundo, rey de Hungría.

Una vez presentado, difusamente, el trasfondo histórico, podemos señalar qué peticiones apriorísticas le hice y se le formulaban al juego; y además aclarar que cuando un historiador superpone su educada mirada no ve stricto sensu lo que tiene delante, sino que capta matices incognoscibles para el niño-rata promedio.

Pasado el frenesí de la batalla nuestro angustiado Henry vaga con la mirada perdida de las mil yardas. Medio caballero, medio perro que ha probado la sangre humana; ya no hay vuelta atrás. A su alrededor todo arde.

Así pues, si el bardo de Stratford-upon-Avon imaginó desiertos donde no los había, un colectivo mediático (multicultural y feminizado) ha exigido ver la Centroeuropa de después de la Peste Negra (1348) como si fuera un anuncio de Benetton, saturada de negros y de mujeres empoderadas. Quizás sería necesario que se quitasen las lentes deformantes y suspendieran ese discurso para firmar un pacto con el desarrollador y no pedir ni mundos posibles ni imposibles, sino verosímiles, con un entramado de reglas internas coherentes que garanticen la inmersión.

Kingdom Come recaudó 1.106.371 £ en Kickstarter y su desarrollo costó 36 millones de dolares. Finalmente no hubo princesa prometida.

Su intento de reescritura de la Historia no puede ocultar que hasta tiempos recientes la mujer ha sido un personaje anónimo, más allá de diversos roles como el de amantísima madre o como mera pieza de intercambio matrimonial, habiendo eso sí excepciones de mucho renombre (precisamente por lo excepcional). Lo más parecido a una mujer fuerte que podríamos encontrar en el medievo sería aquella dama noble que administrase su dote o se ocupase de los asuntos de su marido in absentia, pero no siempre como norma. En cuanto al cromatismo pantone, bastante trabajo tiene el juego tratando con cautela las relaciones de animosidad entre tudescos y protochecos.

Blackwashing aparte, los puristas del género histórico y de la simulación bélica, que dieron el primer empujón a la iniciativa del estudio checo financiándola por kickstarter, compraron la premisa del traslado a un mundo abierto y reinterpretable de relaciones feudo-vasalláticas y que el tan cacareado sistema de combate realista emulara tanto a los manuales de esgrima pre-renacentistas (fetchbücher) como a su experimentación a través del reenacment marcial.

Yo tan sólo quería poder galantear cortesmente con la mujer del castellano (suponiendo que con las palabras adecuadas se puede llegar muy lejos) y quizás reventarle la crisma a algún bandido con el pomo de la espada. He de advertir que las dos expectativas se cumplieron satisfactoriamente: la mujer me tuvo a su entera disposición para realizar encargos absurdos y para sangrar por ella y al final no conseguí nada más allá de lo platónico y en cuanto al malhechor, al final dejas un reguero de cadáveres, de baja y de alta alcurnia, del que faltan dedos de las manos para contarlos; que esto sea en justa lid depende de la catadura moral de cada uno.*

Sobre el puente levadizo un hombre de armas con bacinete de morro de cerdo desvía la bisarma de su oponente y se apresta a descargarle la espada en algún punto indeterminado entre el hombro y el cuello.

La casta de los homo furens

Lo interesante es que nuestro Henry, el avatar que impersonamos, no es un curtido matasiete sino un joven normal, virgen frente al mundo, que rondará la veintena; el hijo solícito de un herrero local famoso por sus espadas (una profesión de cierto estatus), con una novia lozana y con unos amigotes de poco seso pero sin excesiva malicia. Éste bucólico erase una vez de historia con minúsculas va resquebrajarse cuando una horda de jinetes cumanos, un pueblo túrquico al servicio del monarca húngaro, ataque tu aldea y la reduzca a cenizas, masacrando a los lugareños y matando a sangre fría a tus seres queridos por orden de su comandante, Markvart von Aulitz.

El Radzig Kobyla del códex en formato de miniatura iluminada.

Baste decir que Segismundo, tras apresar a su inepto y putañero hermano, dio un ultimátum a los nobles bohemios exigiéndoles que le juraran lealtad, al que el señor de Skalice, sir Radzig Kobyla, respondió con nones. Como su castillo domina las estratégicas minas de plata de la región de Kutná Hora, y el ejército del monarca húngaro se compone sólo de soldadesca pagana, que si que cree en el constante sonido del dinero en su bolsa, la toma de la fortificación y de su hinterland era prioritaria. Henry tan sólo es un peón analfabeto en una partida que no comprende, aunque las lineas maestras de esta lucha de poder se revelarán más adelante, cuando nos ganemos el derecho de asistir casi como uno más a la mesa de notables.

Y es que si nos creemos que el caos es una escalera, este primer acto sienta las bases del camino del héroe tras una hazaña primeriza (básicamente huir a uña de caballo y dar las malas nuevas al señor de otro bastión), así como resuelve satisfactoriamente el dilema de cómo un trozo de carne huérfana puede permear el montón bueno de la pirámide estamental. Pronto seremos apadrinados por sir Radzig Kobyla y se nos desvelará un feudalismo utópico en el que podremos querer a nuestro señor feudal como si fuera un padre (metafóricamente hablando). Sabiendo que sólo somos materia que interactua con la realidad y que el trato que se les da a los sujetos depende de un capital simbólico consensual, a lo largo del juego tendremos la sospecha de que se nos considera gente de calidad sin motivos objetivos (se puede presumir que es por hidalguía, pero no parece fundamento suficiente).

Una vez acostumbrados al Henry digital el ver al Tom McKay de carne y hueso nos generará la sensación del valle inquietante.

¿Nos atreveremos a describir la fisionomía de Henry?, y aquí tomo distanciamiento académico, que no es sino una argucia para no exponerme porque, según la inexorable ley del talión, quien a Lavater mata a Lavater muere. Nos encontramos pues, ante un joven con una buena estructura osea capaz de soportar algunos kilos de musculatura extra, con una proporción correcta de las distintas partes del cuerpo entre sí y una estatura media. Sus ojos glaucos y su rostro neutro y algo bobalicón generan confianza y aun pareciendo simplón (por falta de mundo y por juventud, pero esto tiene cura) se le ve distinto al resto de los aldeanos. Por último, sus correctos modales y su habla bien modulada son un buen punto de partida para desplegar el ingenio si lo adquiriera.

Aprovecho para calzar un excursus: de las tres grandes némesis dos son calvos y un tercero se cubre con un chaperón, pero posiblemente también lo sea. No es que quiera derivar maldad de la alopecia, pero aquí al menos se constata la tendencia y de momento ningún colectivo ha exigido a Warhorse la inclusión de los calvos en las filas del bien.

Las crónicas nos dicen que el Markvart von Aulitz histórico murió en el año 1402, pero ¿por qué desaprovechar a un archienemigo con un nombre tan imponente? El santoral católico limitó y homogeneizó la rica variedad de nombres eslavos de las centurias precedentes.

Puedes ser todo lo que quieras ser

Como ya hemos insinuado, podremos personalizar a nuestro inmaculado recipiente de muchas maneras. Quizás queramos llenarle la cabeza de bellas letras, planteandosenos una curiosa paradoja: y es que aunque él no sepa leer, nosotros sí, por lo que para emular el aprendizaje las letras aparecen con desorden disléxico, consiguiendo ralentizar de forma efectista la lectura. Otras veces elegiremos defender nuestro honor ante acusaciones que puedan manchar nuestro buen nombre o querremos hacer que se respete el orden aristotélico de las cosas neutralizando a algún cazador furtivo en los bosques del señor y, aunque sean ejemplos extremos, nuestra conciencia ya nunca más estará limpia. Esta aventura será una sucesión de puertas que deberían haberse quedado cerradas, la mezcla de una novela de caballerías con un juego de la oca en el que avanzaremos de estrés postraumático en estrés postraumático.

La carísima armadura de placas llegó a su cenit a finales del siglo XV gracias a las técnicas de forjado del acero mejoradas. Pesaba entre 15-25 kg y al ser articulada dejaba gran libertad de movimientos.

Nuestro Henry será la suma de todas las decisiones que tomemos más la distorsión de los muchos bugs del juego (personajes redivivos, encamisadas a cara de perro en pijama largo, bajadas de reputación instantáneas que sólo pueden atribuirse a las malas lenguas) más nuestro perfeccionamiento como galán, embaucador o espatario a través de un árbol de diecisiete habilidades que tienen impacto real en el juego.

La curva de aprendizaje será elevada, pero a la vez que nosotros mejoremos también lo hará el muñeco, pues la mayoría de las acciones las deberemos ejecutar en primera persona y al principio nos faltará soltura: al forzar cerraduras las ganzúas se quebraran, afilando de canto una hoja la mellaremos o si no bloqueamos un golpe en el momento preciso seremos heridos. Cuantas más veces regateemos, hurtemos o cabalguemos antes descollaremos en esos campos, pero toda dote es secundaria salvo la de convertirnos en expertos homicidas.

El director creativo Daniel Vavra y el diseñador principal Viktor Bocan profundizan en este video en la complejidad del sistema de combate, realista pero a la vez accesible, de Kingdom Come Deliverance.

Gracias al potente motor gráfico el combate se rige por las leyes de la física y de la dureza de los materiales, los objetos coliden y las espadas se deslizan a través de la armadura o no consiguen perforar las hasta cuatro capas de protección. Pronto querremos, cuando nos enfrentemos a infantes acorazados, abrirles con el pincho del martillo de guerra como si fueran una lata de sardinas; o rebozarnos de acero para ser invulnerables ante los pordioseros subequipados, porque cualquier espadazo que haga carne puede mandarnos sin confesión al cielo al que van los héroes.

La principal obligación de un soldado es la de quejarse en voz alta de todo (siempre que no le escuche un mando). Su sustento está garantizado por a un puchero que va rellenandose con lo que hay a mano.

Si el oponente es uno deberemos bailar con él; desplazándonos lateral y perpendicularmente mientras le buscamos las vulnerabilidades a través de las guardas, tal vez lanzando ataques en direcciones inesperadas: apuñalando, cortando o empujando; fintando, amagando o sincronizando bloqueos, hasta que fruto de su cansancio o de su error concatenemos varios ataques que le impacten. La inmersión se acentúa cuando el cansancio aparece entre jadeos, la adrenalina difumine el entorno y la cámara se focalice sólo en el oponente, reduciendo la existencia terrena sólo a vosotros dos y a los ángeles del cielo. Si cae al suelo derrengado es hora de propinarle el golpe de misericordia o, como premio a su hombría, darle cuartel.

Si son dos o más deberemos intentar que se obstaculicen entre sí, tratando de que no nos lluevan golpes a varios brazos. También hay batallas multitudinarias en los momentos clímax de la historia; las cuales se asemejan a una melee de rugby en la que se empuja tratando de romper la formación enemiga mientras la batalla se resuelve por los flancos. Si contamos con el soporte de los números podremos apostar a romper el centro haciendo daño con un arma de asta o, equipados con un arma más ligera, dar dentelladas por las alas o por la retaguardia.

Aunque como producto de masas el videojuego priorice el entretenimiento y se nutra de tropos del juego de rol tradicional y de la fantasía histórica sin magia en un compromiso con el realismo Influirán en el rendimiento de Henry sus carencias fisiológicas: el sueño, el cansancio, el desangramiento, la intoxicación o el hambre.

Aun cuando consideremos el placer un interludio de la batalla o al revés, la vie bohème bajomedieval también ofrece posibilidades de esparcimiento: buena conversación, ropaje burgués, cerveza, dados y buen yantar.

El encantamiento del mundo

Si tenemos dudas sobre el contexto histórico un códice bellamente ilustrado, al que se accede desde el menú, hace más fácil entender cómo encaja todo en este mundo: las relaciones entre los distintos estratos sociales, el rol de la religión, cómo funciona la economía y cómo distantes eventos políticos afectan a la vida en tu pequeño rincón del Imperio. Mucho de este conocimiento sociológico le sería inaccesible al personaje pero otro lo daría por sentado, formando parte de su cosmovisión de paleto de pueblo, y es a nosotros al que nos resulta extraño. Afortunadamente, el ser acogidos dentro del “cuerpo místico del reino” nos permitirá observar transversalmente todos estos temas desde la perspectiva de la otredad.

Los nobles se desplazan para controlar su territorio mostrando músculo, y al menos en esta región mantienen lazos de solidaridad y de lealtad entre ellos, aun cuando la Historia sea generosa en ejemplos de enemistades ancestrales entre vecinos. Atendiendo al tiempo de larga duración encontramos una nobleza especialmente levantisca, defensora de sus prerrogativas de clase frente a algunas monarquías que quieren devenir en autoritarias, rompiendo el pacto feudal. Superestructuralmente vemos que se guían por códigos caballerescos que no son clichés, sino una evolución muy elaborada de una ideología justificativa:

Si quebrantamos nuestra palabra de honor, no tenemos ninguno, y sin honor no somos nada

Estas palabras las pronuncia sir Hanush de Leipa, ayo del heredero de Rataje, al que le inculca todo lo que se espera de él para ocupar ese puesto de preeminencia, y son sintomáticas de una sociedad tradicional que se basa más en el valor de la palabra dada y de la tradición que en el acatamiento de la ley (las leyes eran más bien instrumentos de poder monárquico).

Sir Hanush y sir Radzig forjaron unos lazos de amistad inquebrantables durante su juventud. Cuando Segismundo destruya Skalice Hanush cederá temporalmente a su camarada el castillo bajo de Rataje.

El contacto con el populacho está garantizado por nuestro más inmediato pasado, en forma de gentes reducidas a la mendicidad que quieren cobijarse bajo tu buena estrella, y por las misiones de que desempeñemos como subordinado de sir Radzig: recolecta de información, investigación criminal, exploración e infiltración y limpieza de focos de bandidaje. Vemos que lo que posteriormente se denominará Tercer Estado se dedica a una amplia gama de oficios manuales, que se despiertan a una hora prudente (aunque el gallo cante al amanecer aún apuran un par de horas) y que tras su rutina acuden en tropel a la taberna hasta que el merino da el toque de queda. Suelen conocerse entre si y son muy opinadores sobre la vida de los demás constituyendo su chismorreo un método impagable de control social.

Originalmente Sázava fue un asentamiento en la ribera izquierda del río epónimo. Fue destruido durante las guerras husitas en 1421.

Si uno pierde el tiempo en hablar con ellos te contarán que en tiempos de su abuelo se vivía mejor, y aún el más informado de ellos navegará entre medias verdades y mentiras completas. Algunas profesiones, como la de molinero o minero, son miradas con recelo por los villanos por su modus operandi poco honesto y por su contacto con forasteros propagadores de ideas poco ortodoxas. Serán unos mineros los que descuarticen al sir Radzig histórico en 1416 disgustados por la quema de su profeta Jan Hus.

Durante los siglos XIII y XIV los agricultores y los ganaderos, que constituirían el 90% de la población rural, obtuvieron el derecho a heredar sus granjas y tanto los salarios como el comercio comienzaron a tener reglas más definidas. Esto se encuadraría dentro de la ruptura de la economía autárquica feudal y el inicio de una fase de economía monetaria precapitalista, expandiéndose los mercados regionales, en donde se vendian los excedentes, y mejorándose las vías de comunicación.

¿Qué puede decirse de la religión en un tiempo en que media cristiandad tenía excomulgada a la otra mitad? Pues que aunque sea una parte central de la cultura y de la estructura social esta no parece tener un peso demasiado importante en la trama. Al fin y al cabo todos, buenos o malos (excepto los cumanos), son católicos y por ende hermanos. Nuestra relación con los oratores será distinta según interactuemos con el bajo clero, más cercano, o el alto, incluyendo un legado papal que ha recibido el soplo de que una familia alemana practica el culto de la secta valdense. En el primer caso tenemos al padre Godwin, un ex-mercenario que cohabita con su barragana en el presbiterio pero que se preocupa de su rebaño como un buen pastor, y, en el segundo, el vicario antes mencionado, perseguidor incansable de desviaciones heréticas.

El padre Godwin oficia una misa ante su congregación en la iglesia de Uzhitz. Como hijo menor de una familia nobiliaria acabó tomando los hábitos tras una juventud dedicada a las mujeres y a las armas.

No será hasta más tarde cuando las ideas de John Wycliff y Jan Hus se propaguen por toda Bohemia dando lugar a las terribles guerras husitas (1420-1434). Se desliza por algunas conversaciones que hay un descontento generalizado debido al Cisma de Avignon y a la lejanía de la curia de los valores del cristianismo primitivo; además empieza a cobrar importancia la lengua vernácula, el checo, en detrimento del latín o el alemán. El sacerdote oficiaba la misa en latín de espaldas a los feligreses, lo que junto a las pinturas sacras, la música de órgano y la “observación de la hostia” acentuaba el carácter místico de esta. El pueblo sólo comulgaba en Navidad, en Pascua y en algunos días festivos señalados. No son más que indicios de lo que explotará en unos años, cuando Segismundo sea por fin rey de Bohemia y tenga que traer cruzados de toda Europa para combatir a los invencibles husitas de Jan Zizka (no es casualidad que su emblema sea el Cáliz de Cristo).

Por último, la vestimenta tiene veracidad de manuscrito y el territorio y la arquitectura han sido recreados tridimensionalmente con minuciosidad basándose en los enclaves reales.  Algunos se han conservado hasta nuestros días, otros se modificaron por barroquismos palaciegos o han sido musealizados, y otros simplemente fueron destruidos durante las guerras husitas, por lo que gran parte de la labor arqueológica de reconstrucción se ha basado en las indicaciones de unos veinte historiadores que han asesorado a Warhorse.

De Skalice sólo quedan ruinas que fueron reutilizadas para la construcción de la iglesia de San Juan de Nepomuk (1730), Talmberk es una ruina aprisionada por el desarrollo residencial, de Rataje se conserva en buen estado el castillo de Pirkstein y el monasterio de Sázava luce casi tan hermoso como en el juego. La afluencia de turistas desde que salió a la venta el juego se ha dejado notar significativamente en la región.

Daniel Vavra y el equipo de Warhorse explican las dificultades y la polémica detrás de la producción de Kingdom Come Deliverance en un documental para Gameumentary. Pincha para ver.

Claro que sabemos que todo lo que aquí se ha expuesto no es sino la encarnación más reciente del historicismo, que recupera lo que le interesa del pasado para entretener y que, como producto de ficción, nos habla más de la visión de los autores que del periodo que retrata; pero si somos capaces de suspender el discurso por un momento y si estamos muy atentos- entre todo el horror y el barro medieval- aun podremos saborear algo muy especial cuando, cubiertos de la sangre de nuestros enemigos, un sentimiento atenace nuestras gargantas: a lo mejor no sabremos lo que es; pero no es otra cosa que… la gloria.

Carlos de Lorenzo Ramos

* Cuando conocí a lady Stephanie pensé de ella que personificaba ese meme que reza: “mi novia me dijo que la tratase como una princesa, así que la obligué a casarse con un conde treinta años mayor que ella para aliarme con el rey de Francia”. Más tarde, cuando frecuenté su compañía, me di cuenta de su excelente crianza y de los muchos placeres no siempre a simple vista del amor cortés, iniciándose un juego que, aunque natural, seguía unas reglas muy pautadas en el que las dos personas tratan de mostrar al otro la mejor versión de si mismas.

El Henry de otra persona se compadece de lady Stephanie mientras la mira con ojos de cordero degollado. Entre los dos se ha creado un vinculo de complicidad más que buscado por ambas partes. Pincha para ver.

Llegado un momento era evidente como iba a acabar el asunto así que mi Henry eligió respetar a sir Divish. Puede que el señor de Talmberk sea un viejo severo con la cara arada por profundos surcos pero ama con devoción a su esposa. Cuando le vi emperifollado con su armadura de punta en blanco siendo el primero en asaltar la brecha para rescatar a su amada (pues la habían tomado como rehén junto al castillo), supe que había elegido sabiamente y me di cuenta de que el amor puede albergar muchas formas y que esas dos personas, pese a sus circunstancias, se querían profundamente.

En Nilfgaard no hay blackjack: Historia comparada de The Witcher 3

Geralt de Rivia, el cínico brujo de pelo ceniciento, también conocido como el Lobo Blanco o el Carnicero de Blaviken. Amigo de sus amigos, gran amante, templado; héroe protagonista de Medio siglo de poesía.

Nada más comenzar The Witcher 3 el brujo Geralt de Rivia se encuentra en una taberna con un escolar de la universidad de Oxenfurt. La guerra entre los reinos de Nilfgaard y Redania se recrudece a ambas orillas del Pontar y Aldert Geert, catedrático de Historia Contemporánea, quiere registrar de primera mano el curso de los acontecimientos: “me interesan los hechos, no los cuentos de hadas”. En una amena conversación, partida de cartas de por medio, el sabio le recrimina al brujo su poco lustre académico al responderle a su “muéstrales cómo es realmente la guerra” con desdén, dejando entrever su naturaleza rankiana, y argumentando que las violaciones y el pillaje son notas a pie de página en comparación con las gestas de los grandes hombres.*

No todos en la prestigiosa Universidad de Oxenfurt carecen de la empatía de Geert por la historia de los que no tienen historia o se alejan tanto de su realidad que empiezan a considerar a otras formas de vida como especímenes que clasificar. Los hay, como el antropólogo social Tankian, que prefieren lanzar una mirada mucho más sutil al abismo de la realidad. He aquí sus notas:

Pese a las advertencias de Geralt el catedrático Aldert Geert siguió empeñado en redactar su magnum opus.

El mundo de The Witcher se desarrolla en un único y extenso continente. Sin embargo, aparecen mencionadas en numerosas ocasiones tierras lejanas y exóticas de las que se desconoce su localización, las cuales veremos más adelante. Este mundo se encuentra, casi en su totalidad, dominado por la raza humana, relativamente recién llegada al continente, y que finalmente acabó imponiéndose a las antiguas civilizaciones de los elfos, gnomos y enanos, los cuales ahora intentan integrarse en mayor o menor medida en la nueva sociedad humana, siendo los enanos y los gnomos los más exitosos en este aspecto, dando lugar a generaciones de mercenarios, banqueros y habilidosos artesanos. Los elfos, por su parte, son más reacios a aceptar la situación, por lo que muchos de ellos huyeron a los bosques dando lugar a los Ardillas, una guerrilla anti-humana, integrada por miembros no-humanos descontentos. En cualquier caso, incluso aquellos que buscan la paz y la integración en la sociedad humana han de vérselas contra la dura discriminación racial por parte de los humanos, viéndose obligados a residir en guetos, y sufriendo muchas veces insultos y ataques, o incluso pogromos.

Mapa manuscrito de los Reinos del Norte durante la Segunda Guerra Norteña, circa 1267. Doblándolos en tamaño el Imperio Nilfgaardiano, que se muestra en un apéndice lateral.

Las razas no-humanas no son el único elemento fantástico en este universo. La magia está presente en este mundo, siendo un factor bastante importante en la sociedad, pues los hechieros se erigen como una poderosa casta privilegiada, bien al servicio de los monarcas, o bien utilizando a estos como meros peones en sus ambiciones. The Witcher está asolado por una infinidad de monstruosas criaturas sacadas de las leyendas, la mitología y el folklore del mundo real: grifos, ghules, licántropos, basiliscos, vampiros… Estos seres, llegados al mundo tras un misterioso cataclismo mágico conocido como la “Conjunción de las esferas” moran en bosques, pantanos y cuevas, y suponen una verdadera amenaza para los habitantes de estas tierras. Es por esta razón por la que los brujos fueron creados: cazadores de monstruos.

La mayor parte de la saga de The Witcher, así como las novelas que la inspiran, se desarrolla en la zona septentrional del continente, en los llamados Reinos del Norte. Esta región se encuentra dividida en varios Estados con mayor o menor poder y extensión, de entre los cuales destacan los reinos humanos de Temeria o Redania (entre otros), así como ciudades libres, pequeños principados, o incluso los únicos estados autónomos no-humanos de Mahakam (enano) y el Valle de las Flores (elfo). La ambientación de estos Reinos del Norte es puramente centroeuropea, con una interesante combinación de rasgos bajomedievales y paganos que se aprecian al comparar las ciudades y el campo.

Así, en The Witcher 3, la ciudad libre de Novigrado, -la mayor urbe del Norte-, tiene el aspecto que podría tener una metrópoli mercantil hanseática, como por ejemplo Danzig o Ámsterdam (con toques venecianos). Por otra parte, la ciudad de Oxenfurt, perteneciente al poderoso reino norteño de Redania, si bien más pequeña que Novigrado, antaño albergaba una universidad famosa en todo el norte, pero con el inicio de la guerra, esta institución fue clausurada, y la ciudad se encuentra guarnecida por el ejército redaniano. Pese a todo, Oxenfurt no deja de asemejarse a una próspera urbe centroeuropea medieval. En cambio, lejos de la ciudad, al sur, el área de Velen dista mucho de ser tan próspera, siendo una asolada por la guerra, en la que sus habitantes viven en aldeas rodeadas de bosques y pantanos, y rinden culto a oscuros entes.

Panorámica de Novigrado, populosa metrópolis portuaria y mercantil bajo el mandato de iure del rey de Redania, pero controlada defacto por cuatro capos criminales.

 

El rey de Redania Radovid V, consumado estratega que ha sido capaz de resistir el poderío nilfgaardiano y de reprimir a los practicantes de magia.

El reino norteño de Redania, según comienza The Witcher 3, acaba de anexionarse gran parte de su vecino oriental, Kaedwen, aprovechando el caos que siguió a la muerte de su rey y el inicio de la invasión nilfgaardiana, convirtiéndose así en el mayor de los Reinos del Norte. El monarca redaniano, Radovid V “El Severo” es un despiadado dirigente que destaca por ser el artífice de una cruenta persecución contra los hechiceros y cualquier usuario de magia, acusándolos -y no sin razón- de conspiradores.

Para este fin, la monarquía redaniana se valió en un principio de la orden militar de la “Rosa llameante”, que más tarde fue disuelta y reestructurada en la orden de los Cazadores de brujas: oportunistas y sádicos empleados de la corona que recorren los campos y las ciudades en busca de supuestas brujas o hechiceros, torturando y más tarde quemando en hogueras a los sospechosos. De este modo, la cacería de brujas resultante se asemeja en gran medida a la que sufrió la Europa bajomedieval en el mundo real. Tanto en el mundo de The Witcher como en el nuestro, la persecución de un enemigo doméstico sirve a los Estados para distraer al vulgo de la terrible época de crisis política y social que están viviendo -brindándoles un chivo expiatorio culpable de sus problemas-, y permitiéndoles además fortalecer su poder.

Los Reinos del Norte mantienen una cruenta guerra contra su poderoso vecino sureño, y sin duda, el Estado más interesante del universo de The Witcher: hablamos del Imperio de Nilfgaard. Comprendido por una serie de reinos y territorios conquistados a lo largo de siglos, y dirigido desde “la Ciudad de las Torres Doradas”, este imperio es el Estado humano más poderoso del mundo conocido. Pero sin duda, lo más interesante es su inspiración histórica, pues Nilfgaard es una amalgama de potencias de todas las épocas, tales como Roma, el Sacro Imperio, la Orden Teutónica o incluso la Monarquía Hispánica. Los nilfgaardianos han invadido por tercera vez los Reinos del Norte, una tierra que ellos consideran bárbara y atrasada, a la que pretenden llevar la civilización y la ley… a la manera de los antiguos romanos: dura lex, sed lex.

Emhyr var Emreis, emperador de Nilfgaard. La intriga, la conquista y el regicidio han sido los puntales de su política expansionista contra los Reinos del Norte.

Bajo el estandarte del Gran Sol dorado sobre campo de sable (negro), los ejércitos nilfgaardianos marchan sobre el territorio imponiendo una férrea ley marcial sobre los conquistados, que, sin embargo, como tantas cosas en esta saga, no es “blanca” ni “negra”, sino “gris”. Así, vemos que, bajo el dominio imperial, de la misma forma que las ofensas contra las tropas de ocupación son castigadas con latigazos o incluso con la horca, los no-humanos parecen gozar de una mejor calidad de vida al verse libres de la discriminación endémica de la sociedad norteña. Esto se hace patente cuando oímos hablar de la Brigada Vrihedd, integrada por combatientes elfos que sirven en el ejército imperial, a cuya raza, además, se le concedió un Estado propio después de siglos de dominio humano: Dol Blathanna, o “el Valle de las Flores”, el cual, sin embargo, en la práctica no deja de ser un satélite nilfgaardiano.

Bueno, es que por las venas de los reyes de Nilfgaard corre no poca sangre élfica, y tal vez de esa falta de limpieza de sangre su inclinación natural hacia la altivez. Por prurito profesional debo añadir que los académicos “negros” son excesivamente pedantes, y que en Oxenfurt no tenemos un cubierto para cada plato ni un falso cumplido para cada ocasión. También son famosos sus escolares por pretender dar rango de ciencia a sus áridos modelos teóricos, que simplemente justifican la anexión de territorios como una dinámica histórica lógica.

Soldado imperial equipado con escudo de cometa, armadura de placas lacada en negro, capacete alado y alabarda.

En sus círculos nos tildan de diletantes no equipados con las herramientas del oficio, y opinan que nos dedicamos más al ensayo y a la literatura que a la producción histórica. Mis igual de respetables fuentes de doxa: los borrachos, los niños y los locos, dirían que los nilfgaardianos, aparte de caminar con un palo metido por el culo, comen de la mano de su amo, el rey Emhyr.

Además hay otros métodos interesantes para llegar al tuétano de los asuntos, pero la invocación de demonios para consultas es demasiado peligrosa, los genios siempre responden de forma ambigua y la tortura está prohibida por nuestro código deontológico.

Esta exageración me sirve para traer la siguiente pregunta, ¿quién custodia a los que custodian el saber?. Desde la primera guerra entre el norte y el sur en el año 1239 los intelectuales tomamos partido. Así surgieron libelos difusores de cierta leyenda negra sobre los esbirros del Gran Sol en un bando o sobre el barbarismo rediano en el otro. El resultado ha sido que la primera baja de esta guerra ha sido la verdad, la antigua libertad académica ha desaparecido y los eruditos han sido movilizados (excepto los filósofos por su falta de utilidad y su pobre constitución).

Muchos estudiantes se han vuelto impíos y derriban ídolos a los bordes del camino, proclamando a los cuatro vientos la muerte de la diosa Melitele. Y como todos sabemos cuando se deja de creer en un dios se empieza a creer en cualquier cosa, y dudo que nuestras estúpidas masas estén preparadas para prescindir del efecto dulcificador de la religión. Pero dejemos que maese Tankian prosiga su relato…

El riguroso negro de la corte nilfgaardiana realza la solemnidad de la ornamentación sobria y la iluminación tenue del salón del trono del ocupado Palacio Real temerio.

En cuanto a su nivel de organización, Nilfgaard presenta unas más que notables diferencias con respecto a sus vecinos norteños. El Imperio se asemeja mucho más a un Estado de la Edad Moderna, poderoso y burocratizado, frente a la estructura feudal tardía de los Reinos del Norte. Los rasgos modernos de Nilfgaard también se aprecian en sus ropas y armaduras, muy inspiradas en las de los siglos XVI y XVII. Así, la corte nilfgaardiana, incluyendo al propio emperador, visten de un negro cortesano similar al de Felipe II y otros Austrias, siendo además las golas cervantinas muy comunes entre los aristócratas imperiales que encontramos en el juego. Del mismo modo, los caballeros y los oficiales nilfgaardianos portan armaduras lacadas en negro que se asemejan a las maximilianas del XVI, mientras que la indumentaria de los soldados de a pie parece recordar más, en cambio, a la de los normandos medievales. En cualquier caso, el Imperio Nilfgaardiano, de no ser por la ausencia de pólvora y armas de fuego —una nimiedad cuando cuentas con cuerpos estatales de hechiceros de batalla— podría pasar perfectamente por un estado de la Edad Moderna en un mundo aún medieval, que sin embargo también alberga curiosidades históricas, como veremos a continuación.

La enamoradiza Ana Henrieta, duquesa de Toussaint.

La segunda expansión de The Witcher 3, titulada “Blood and Wine”, nos permite viajar al ducado de Toussaint, un territorio vasallo de Nilfgaard que goza de una notable fama por dos motivos. La primera es que su cálido clima y su fértil suelo volcánico permiten el cultivo de excelentes vides, a partir de las cuales se producen los mejores vinos del mundo de The Witcher. La segunda, es que la cultura de Toussaint se basa casi exclusivamente en las convenciones de la Caballería medieval, en su sentido más puro y novelesco. Torneos, trovadores componiendo y recitando cantares caballerescos y de amor cortés en las cortes y viñedos, y caballeros andantes con solemnes votos y juramentos a nobles doncellas patrullando los caminos de este ducado son los rasgos más evidentes del estilo de vida de Toussaint. La ambientación, en claro contraste con el norte, es puramente mediterránea: una efectiva mezcla de la Provenza francesa, Toscana y Sicilia, aderezada con molinos cervantinos junto a los cuales un solitario caballero combate a un gigante.

El ducado de Toussaint es famoso por su cálido clima, su exquisito vino, la belleza de sus princesas y la gallardía de sus hidalgos. El viñedo de Corvo Bianco será el lugar del merecido reposo del guerrero.

El último de los territorios visitados que nos queda por mencionar son las islas de Skellige. Situado al oeste, frente a las costas del continente, este archipiélago azotado por el viento alberga un conjunto de clanes guerreros y marineros que emplean sus esfuerzos en combatir los unos con los otros por disputas y ofensas, y en ejercer la piratería contra las ricas naves del continente desde sus barcoluengos.

Berseker del clan An Craite suplementado con el equivalente a la amanita muscaria.

La inspiración para Skellige parecería de forma evidente 100% vikinga: barcos piratas con mascarones de dragones, gobernantes denominados “jarls”, el culto a la diosa Freya, “característicos” cascos cornudos (con licencia claramente fantástica y artística) … de no ser por varios detalles que hacen de este tema un asunto más complejo, y a la vez más satisfactorio e interesante, como el componente gaélico presente en la toponimia y en los nombres de algunos personajes y clanes isleños, la profunda división en clanes que usan entre sus símbolos unos característicos tartanes a cuadros, o la utilización de acentos irlandeses y norirlandeses para en el doblaje de los isleños, entre otros. Es por esto por lo que la cultura del mundo real que parece haber influenciado la ambientación de Skellige es la hiberno-nórdica o nórdica-gaélica, la cual surge precisamente de la mezcla cultural entre los nativos gaélicos de Irlanda y las Hébridas y los colonos nórdicos durante la Edad Vikinga.

De Geralt depende la elección del nuevo Konung de Skellige: Hjalmar se volcará en la piratería tradicional, Svanrige convertirá la monarquía en hereditaria y Cerys apostará por el desarrollo agrícola.

Para concluir el repaso de las culturas presentes en el mundo, no estaría de más hablar de aquellos territorios que, si bien Geralt no llega a visitar, sí que son mencionados en varias ocasiones, e incluso podemos llegar a conocer personajes procedentes de los mismos. Ofir, por ejemplo, (que toma el nombre de un puerto bíblico famoso por su riqueza) es una región que parece análoga al Oriente Próximo medieval, con gentes, vestiduras y armaduras de marcada inspiración arabesca o turca. Hay también otros lugares aún más exóticos y desconocidos, como Zerrikania, famosa por la adoración que sus habitantes profesan a los dragones, y por sus doncellas guerreras tatuadas; y Zangwebar, una lejana tierra con “caballos blancos con rayas negras” (¿o eran caballos negros con rayas blancas tal vez?) y terroríficas enfermedades tropicales y parasitarias.

Es hora de derribar la cuarta pared a martillazos añadiendo que las criaturas de este mundo parecen ocupar un lugar en el cosmos, con sus rutinas y sus motivaciones, pero también sus bajezas. No hace falta activar los sentidos de brujo para percibir un entretejido de folklore eslavo, leyendas populares, dramas shakesperianos o escenas sacadas del séptimo arte; ni siempre es necesario desenvainar el acero para matar hombres o la plata para matar monstruos para cumplir con éxito una misión.

Video recopilatorio de todas las escenas cinemáticas de The Witcher 3. Geralt y su maestro Vesemir rastrean las huellas dejadas por Yennefer de Vengerberg. PINCHA PARA VER.

A veces Geralt debe resolver entuertos con maña, como cuando un banquero enano le atrapa en un enredo burocrático. La oficina se niega a extenderle un pagaré porque en Toussaint tiene estatus de muerto presunto (truquillos de la banca para no pagar). Tras recorrer de arriba a abajo el banco, y de esperar horas sentado horas, deduce que la única forma de salir de ese circulo vicioso de formularios es flirteando con las cajeras de las ventanillas para conseguir audiencia con el jefe.

La cautivante maga Triss Merigold es dulce y  sabe dejarse querer en su justa medida.

Es fácil que una funcionaria con un trabajo tedioso se ofrezca complaciente, pero también las mujeres interesantes se rinden ante la voz raspada, la espalda de anchos omóplatos (tan surcada de cicatrices que uno sospecha que no todas las heridas son de uñas de bestia) y la mirada de gatopardo del cínico brujo.

Pese a ser parco en palabras, pero empleándolas bien, el brujo se enreda en varios triángulos amorosos. Está esa encantadora maga pelirroja, Triss Merigold, con la que perderse por laberintos gastando máscaras venecianas y está Yennefer de Vengerberg, la hechicera de larga melena negra y olor a almizcle y grosellas, que personifica ese tipo de mujer fatal con la que solo basta cruzar una mirada para ser suyo para siempre y cuyo aroma persigue hasta en sueños.

Hay más candidatas al amor, como una impúdica bruja que vive en un edénico universo de bolsillo o Shani, una intelectual con pelo del color del fuego y una fabulosa mandíbula rediana, que si bien es modosita, tiene los pies más en la tierra que el resto, y con la que se pueden experimentar momentos complices bajo la luz del cielo estrellado. Jugar a dos o tres bandas es exponerse a acabar rindiendo tributo a Onán o a tener que recurrir a los encantos de las meretrices del Passiflora. (Ahondar en la trata de elfas o en la inmunidad de los brujos a las enfermedades de transmisión sexual –debido a su prematura exposición a mutágenos- excede del propósito de este artículo.)

Tras una encantadora velada poseído por un fantasma cosaco, de revolcarse entre cerdos, pescando zapatos en el estanque y peleándose con borrachos, Geralt y Shani se disponen a amarse a la luz de la luna.

Aun contraviniendo los contratos, Geralt puede optar entre escoger el mal menor cuando se enfrenta a decisiones morales complicadas (como la de si respetar la vida del último basilisco plateado), o permitir que algún personaje se cobre una justa venganza. Hay que olvidarse de elecciones fáciles en un mundo en el que tras cada esquina acecha alguien para sacarte los higadillos, las moiras se alimentan de carne de niño para rejuvenecer, las degollinas están a la orden del día, los reyes sacrifican súbditos como si fueran piezas de ajedrez y los psicópatas descuartizan mujeres en cuartuchos.

Chaperos bailando sobre taburetes en los prostíbulos más sórdidos de Novigrado, súcubos arracimadas en torno a las piernas de elfos albinos de dos metros de alto, partisanos temerios que preguntan interesados, como Geralt es un hombre viajado, que si en otras partes del mundo las mujeres se afeitan el coño o alguaciles redianos que argumentan con vehemencia la falta de belleza de las intelectuales…es en estos pequeños detalles donde el juego pisa las peligrosas alturas de lo sublime.

Fanart que referencia al Aquelarre de las pinturas negras goyescas, sustituyendo al macho cabrío por una demonibestia. En las ciénagas de Velen y en la pradera de San Isidro los campesinos rinden culto a entes oscuros.

Todas las criaturas hablan de lo suyo y de lo que pasa a su alrededor. La soldadesca se expresa con un vocabulario soez y valentón, el mismo al que descienden los burgueses cuando son poseídos por los daimones del vino; los caballeros andantes de Toussaint emplean formas arcaizantes cuando patrullan los caminos, y en las comidas campestres los cortesanos discuten entre sorbos de buen vino sobre si el arte imita a la vida o es la vida la que imita al arte.

¿Es la vida la que imita al arte o es el arte el que imita a The Witcher?

Queda por mencionar un fenómeno cultural que trasciende razas, reinos, estamentos, géneros y edades. Hablamos del juego de cartas llamado Gwent; tanto en su vertiente lúdica como profesional o de simple coleccionismo, este juego levanta pasiones, se organizan torneos (recientemente se ha incorporado una nueva facción, Skellige, para disgusto de los puristas) y las apuestas vuelan altas. Cada naipe se elabora con mimo por artesanos enanos y por conseguir los mejores se llega al latrocinio e incluso al asesinato.

Además Gwent se ha convertido en una ramificación stand-alone de the Witcher y Netflix va a producir una serie de televisión continuando el canon literario y desechando el del videojuego, terminando así de reventar en pedazos la metarealidad desde la que habla este narrador

Dependiendo de las elecciones tomadas el destino de los personajes puede variar. En éste Geralt y Yennefer comen perdices por fin (o hasta que les venza el tedio). PINCHA PARA VER.

Victor Calero Moreno y Carlos de Lorenzo Ramos

* A Aldert Geert que quería ver la guerra de primera mano el abismo le devolvió la mirada. Un soldado de poca monta le mató para robarle las botas poco después de la partida de Gwent con Geralt y ahorcó su cadáver. Geert dignifica nuestra profesión; no se limitó a escribir sobre los hechos de “hombres mejores que él”, asumió riesgos en vez de permanecer en Oxenfurt dejando que información de segunda mano llegara hasta él. Descanse en paz Aldert Geert, cronista de mundos que nunca existieron.

Animales fantásticos en la propaganda de la Segunda Guerra Mundial

El líder nacionalista indio Subhash Chandra Bose descabeza al león británico respaldado por una oleada tanques de papel japoneses.

La Segunda Guerra Mundial no se libró sólo en los campos de batalla. Mientras los hombres se mataban por tierra, mar y aire, una guerra más sutil se libraba por los corazones y las mentes. El arma empleada fue la propaganda; que las democracias occidentales habían perfeccionado durante el periodo de entreguerras, incorporando la radio y el cine a los mass media. Pero lo visual seguía siendo importante, y la representación zoomorfa tenía un alto cupo en la sátira política y en la cartelística.

Así, las alegorías de animales convivieron con referencias históricas, mitológicas, literarias, artísticas, de la cultura popular y líderes caricaturizados. Éste totum revolutum de códigos compartidos permitió estereotipar al enemigo y desfigurarlo; mantener los odios candentes para dar fuel a las batallas, y generar una retórica patriótica, aglutinando a la sociedad en torno a un objetivo común.

Fragmento del Atlas de Europa de W. Blaeu llenando de osos el septentrión. Grabado en cobre (1617-1630).

Jugando con un canon ya asentado en el subconsciente colectivo, estos seres plasmaban simbólicamente las virtudes y los vicios de un país. Algunos eran básicos y pertenecían en exclusiva a un contendiente, como el oso ruso y su temible abrazo; pero otros no tenían asignación fija y simplemente constituían un fondo de saco de alimañas o seres repugnantes: pulpos, arañas, sierpes, hienas o buitres.

Para un artista era fácil recurrir al león británico si quería expresar orgullo y compostura, pero apretando un poco lo que conseguía era una imagen de soberbia y altanería. El oso soviético pasaba de poderoso a perezoso y el águila norteamericana de celosa guardiana de la democracia a pájaro rapaz de ademán inmisericorde. Mediante sonrisas amables o desfigurando sus rasgos con colmillos extralargos o mirada embrutecida los caricaturistas del Eje, del Mundo Libre y de la URSS distorsionaban a placer los símbolos nacionales preestablecidos.

El policía global británico & Le coq gaulois salvan a la damisela en apuros turca del oso ruso en una escena animada de la  película The Charge of the Light Brigade (1968). PINCHA PARA VER.

No siempre coincidían los deseos del comitente y del dibujante. Los carteles de propaganda, cargados de un componente visual impactante, se ajustaban strictu sensu al aparato político que aprobaba su impresión. Pero las tiras satíricas eran redactadas por periodistas, no títeres gubernamentales, por lo que la libertad de prensa, los juegos de palabras y las dobles lecturas animaban a la aparición de dibujantes díscolos que contravenían los partidismos del director u ofendían a alguna primera espada del ruedo político.

La elegante sequedad del humor británico

En las democracias occidentales, donde había una larga tradición de autocrítica, era parte del oficio el saber encajar las burlas de la prensa. El caricaturista David Low señaló con el dedo la tibieza de la clase política británica ante el expansionismo nazi y su no intervención en la guerra civil española. Este laissez faire prebélico cesa en septiembre de 1939; y es a partir del trauma que supuso Dunkerke (1940) y del blitz de Londres cuando todos los medios ingleses se ponen al servicio de la maquinaria estatal, sin fisuras.

El semanario británico Punch  puede servir como paradigma de esta lectura en clave de humor negro de la actualidad, con unos sets and settings autorreferenciantes y unas frases lapidarias que complementan deliciosamente las viñetas.

Un motivo clásico fue la representación de choques fronterizos coprotagonizados por un perro con malas pulgas, un allanador de la propiedad privada, y una valla que simbolizaba la frontera entre dos países; los actores variaban, pero el mensaje era cave canem!. Si el agredido estaba en clara posición de inferioridad se lo representaba como a un niño indefenso (Bélgica en la I Guerra Mundial) o como a un monigote que suscitara lastima (Neville Chamberlain).

Los negritos van cayendo uno a uno de la rama de la neutralidad. Leslie Illinworth.

Otra pieza narrativa recurrente fue la de representar a la Unión Soviética como a un oso metido en un foso al que no convenía molestar. Hitler se metió en la osera y no pudo salir. Más tarde el Tío Sam, conocedor de como se las gastaba el plantígrado soviético, le extenderá con cautela el Plan Baruch. Éste Bear pit of Europe será un escenario habitual durante toda la Guerra Fría (1947-1989).

Pero durante un breve lapso, tras el pacto germano-soviético (1939-1941), rusos y alemanes fueron homologables. Una viñeta de Leslie Illinworth muestra dos caimanes, uno con una esvástica tatuada en el lomo y otro con una hoz y un martillo, merodeando la rama de la neutralidad de la que van desprendiéndose negritos a los que engullir. Finlandia, Austria, Polonia y Checoslovaquia ya han caído y los demás murmuran sollozando que si se quedan calladitos igual les dejan tranquilos.

Otra viñeta archiconocida representa a Hitler y a Stalin como dos pitones que han dislocado su cuerpo para tragarse Europa Oriental. El mencionado Low caricaturiza a los dos líderes saludándose cortesmente en la línea Curzon sobre el cuerpo tendido de un soldado polaco. Otro dibujo los pinta directamente cogidos de la mano  y viviendo una imposible luna de miel. Solo a raíz de la invasión alemana a Rusia en 1941 se paralizan las afrentas al bolchevismo y Stalin pasa a ser conocido como el Tio Joe. El oso se transforma en la bete noir del fascismo, que abriendo sus enormes fauces se traga paladas de millones de landsers.

Esta vez el Führer arrastra un trofeo más grande de lo que puede manejar, Dr. Seuss.

Walt Disney contra los japanazis

Al otro lado del charco las tiras políticas norteamericanas se permitieron el lujo de hacer sátira de una forma desenfadada e irreverente -como si la guerra europea no fuera con ellos- hasta el ataque japonés a Pearl Harbor (7 de diciembre de 1941). A partir de esta fecha la guerra se globaliza y la producción industrial se engrasa saturando al ejército de material bélico y el país se empapela de posters destinados a la venta de bonos de guerra y a la deshumanización del enemigo. Los sloganes eran simples y contundentes, capaces de ser desentrañados sin dotes hermenéuticas por el norteamericano medio.

Hollywood produjo películas de propaganda para el gobierno y Walt Disney prestó sus iconos pop y animalillos a la causa Aliada. Destaca un cortometraje títulado Der Fuehrer’s Face en el cual el Pato Donald sueña que vive en nutzi land, sometido a una dieta espartana: café de un solo grano, aerosol con sabor a huevos con bacon y un mendrugo de pan; al Mein Kampf como libro de cabecera, y al trabajo de sol a sol en una fabrica de municiones. Disney también produjo los cortos Education for Death, The Spirit of ’43 y los documentales Why We Fight?

En el Nuevo Orden Mundial cuando aparece una fotografía de Adolf Hitler es obligatorio saludar brazo en alto. Der Fuehrer’s Face (1943). PINCHA PARA VER.

La Warner Bros aportó su granito de arena con The Ducktators (1942) que narra en forma de sátira el ascenso de los dictadores del Eje (eclosionando metafóricamente de huevos corruptos). Prácticamente todos los iconos pop de la Edad de Oro de la animación norteamericana lucharon por el Tio Sam en el celuloide: Popeye el Marino, Superman, el Pato Lucas, el Pájaro Loco, Bambi…

Y es que aunque no patearan traseros nazis, tanto se habían encariñado los soldados con estos dibujos que todo artilugio que se moviera con gasolina era susceptible de ser decorado con motivos dyswaltianos; pero la mayor parte de la parafernalia se pintaba en el fuselaje de los aviones junto a chicas pin-up y nose art de fauces de tiburón.

Pero la magia de Disney era universal: Hitler pintaba enanitos a escondidas y ases de la aviación como Adolf Galland adornaron sus Me-109E con Mickey Mouse. Debía ser humillante para un piloto de caza ser derribado y que lo último que viera fuera la jovial sonrisa del ratón.

Un monstruo viene a verme

Hay que apuntar que gran la obsesión yankee fue la deshumanización del japonés representándolo como un hombrecillo miope, de prominente dentadura y de rezumante crueldad. Cuando Roosevelt decide destinar más recursos al teatro europeo de operaciones, con el slogan Germany First, surgen posters que híbridan a krauts y gooks en una bestia bicéfala: el monstruo japanazi.

Aunque fue Japón quien comenzó las hostilidades la propaganda estadounidense equiparó a japoneses y nazis para mentalizar a la población de que el esfuerzo más grande se iba a hacer en Europa.

Con la contienda ya avanzada y la revelación de las atrocidades nazis – los campos de concentración o masacres como la de las fosas Ardeatinas- los animales prebélicos se transformarán en monstruos sacados directamente de las pesadillas de un interno de psiquiátrico. Los alemanes preferirán quimeras amalgamadas, como una especie de yeti semita comunista-liberal, o un engendro gigante con capucha del ku-klux klan, negros enjaulados, miss america, y diversos tópicos yankees. Si trazamos el linaje patrilineal de estos kingkones vemos que su progenitor es el kaiser Guillermo II con filiación de bastardia del propio Hitler

La inspección de Marte, Simplicissimus, 1942. El Dios de la Guerra pasa revista al estado físico de los lideres Aliados.

Esta tendencia se puede percibir a partir de 1943 en los alemanes, 1940 en los británicos y desde el principio en los soviéticos. El motivo es que cuando la guerra es de signo favorable o permanece en tablas lo interesante es mostrar al rival como alguien inferior, que no infunda mucho respeto, sin embargo cuando cambian las tornas hay que persuadir a la población de que resista a ultranza, promoviendo la resistencia contra un enemigo sanguinario e implacable.

Las revistas germanas Simplicissimus o Lustige Blätter dedicaron sus páginas de la primera mitad de la contienda a presentar a Churchill como un alcohólico o a Roosevelt como un lisiado al que su mujer le engañaba. Tras la batalla de Kursk, en agosto de 1943, ya no aparecen caricaturas sino versiones pentagruélicas de los lideres enemigos.

La imaginación al poder

Las escenas que acabamos de estudiar están convenientemente melodramatizadas. La virtud de un buen cartelista es la de poder imaginar escenas con anclajes a referencias compartidas, haciendo un buen arte, interesante por si mismo, y saber apelar a los instintos más primarios. Las viñetas satíricas, por otra parte, son un poco más exigentes y demandan un público más cultivado.

Cartel de reclutamiento en Sri Lanka. El león británico pide ayuda a su primo, el león de Lanka.

Por ello un propagandista todoterreno debe tener sensibilidad artística, dotes de psicólogo y de publicista, habilidad en las relaciones públicas y tener muy claro el mantra de que los hombres no saben juzgar sus intereses. Los eslóganes solo son interiorizados si cuentan con aprobación social, y aquí entramos en el terreno del relativismo cultural del que los anglosajones se hicieron maestros.

A continuación un ejemplo de libro de cómo no hay que hacerlo. Cuando Alemania invadió Bélgica durante la Primera Guerra Mundial intentó tachar a los belgas como partisanos ante la opinión publica norteamericana. Vendiéndolos como franc tireurs que no seguían las “reglas de la guerra” no tuvo en cuenta que en EEUU eso no era algo mal visto, pues ellos siguieron esa misma táctica en su guerra de Independencia ante los británicos. Los minutemen eran colonos que se movilizaban “en menos de un minuto” para hostigar a los casacas rojas ingleses.

Los británicos, por otra parte, vendieron la invasión de Bélgica como una violación de su neutralidad y pusieron a trabajar su maquina propagandista para capitalizar el sufrimiento del pueblo belga. Las sensacionalistas historias de los desmanes teutones llenaron los tabloides de imaginación desbordante: carniceros troceando a bebés sobre tocones de madera, crucifixiones al borde del camino o monjas a las que se les cortaban los pechos; ejemplos estándar de lo que posteriormente se ha conocido como propaganda de la atrocidad.

Aunque a posteriori se comprobó que la represión alemana fue desproporcionada en relación a la actividad guerrillera belga, ésta no llegó a las cotas de barbarie difundidas por los ingleses. Pero, como un buen propagandista sabe, ¿qué es más importante?, ¿lo que pasó o lo que la gente cree realmente que pasó?

Carlos de Lorenzo Ramos

Fuentes consultadas:

Horne, German Atrocities, 1914: A History of Denial

Jackal, Propaganda

McCloskey, Artists of World War II

Rhodes, Propaganda The Art of Persuasion: World War II 

http://www.punch.co.uk/

http://www.simplicissimus.info/index.php?id=5

http://www.historynet.com/interview-with-world-war-ii-luftwaffe-general-and-ace-pilot-adolf-galland.html

 

1992, el año en el que la Historia acabó

El politólogo Francis Fukuyama publicó en 1992 un libro titulado El fin de la Historia y el último hombre.

Cuando Francis Fukuyama se atrevió a escribir su ejercicio de anticipación histórica El fin de la Historia y el último hombre lo hacía desde una perspectiva humanista. Creía que la democracia liberal que había surgido triunfante de la Guerra Fría iba a significar el fin de las guerras y de las revoluciones sangrientas. Comenzaba su famoso ensayo comentando que los chinos ya tenían televisión a color y que en Moscú se había abrazado el consumismo.

Yo le opondría una canción de Joaquín Sabina titulada El muro de Berlín. La tonada se compuso en 1990 y el artículo de Fukuyama se redactó en 1992, por lo tanto deducimos que el cantautor español puede hacer análisis tan profundos como un politólogo nisei.

No habrá revolución, es el fin de la utopía
que viva la bisutería.
Y uno no sabe si reír o si llorar
viendo a Trotsky en Wall Street fumar la pipa de la paz.

La Lucha Final que pronosticaba Marx entre los trabajadores y sus empleadores nunca se produjo; la frase final del Manifiesto Comunista se quedó en las palabras vacías de una ideología suicidada. Y sin choque de ideologías la forma de pelear por los escasos recursos del planeta sería la dictada por las reglas del Libre Mercado.

“El muro de Berlin”, de Joaquín Sabina, 1990. PINCHA PARA VER.

La China de Deng Xiaping se abrió al mundo en los años 80. Su élite se educaba en la mejores universidades norteamericanas y su mercado se liberalizó (al principio solo la agricultura), generando impresionantes beneficios y despertando al dragón de su letargo. Bill Clinton derrotó a George Bush padre en las elecciones presidenciales de 1992, el mismo año en el que Fukuyama publicaba su libro, con el pegadizo slogan “es la economía, estúpido”.

Quedaba claro que las reglas del juego habían cambiado. Ahora el mundo era una única economía global, en la que containers de Singapur inundaban de productos low cost los muelles de Rotterdam, los rusos se ensuciaban las manos con Big Macs capitalistas y el Banco Mundial hacía prestamos mil millonarios en Latinoamérica.

Ahora es cuando podemos tomar al manído Hegel, o prostituirle, diciendo que la humanidad ha alcanzado el súmmum desde el prístino cazador-recolector armado con lanza de sílex hasta el liberal progre equipado con su paquete de derechos humanos.

Infografía de las exportaciones que ofrecen más rédito a cada país. La globalización 2.0 crea unos lazos de interdependencia díficilmente quebrables sin que se venga abajo el sístema.

Fukuyama ya hablaba de un “Estado universal homogéneo”, propiciado por la ciencia y la tecnología. La globalización no solo implica el tráfico de bienes materiales; trae asociada la circulación de ideas (a veces peligrosas), de personas (y de genes), de cultura, moda (casual y prêt-à-porter) y enfermedades (infecciosas y víricas).

La globalización no es un fenómeno nuevo, pues comenzó tímidamente circa 5.000 a.C, cuando surgen las primeras comunidades complejas. Las guerras y los intercambios se multiplicaron por toda la latitud este-oeste de Eurasia, desde Finisterre hasta Pekín, pasando por la ruta de la Seda. El mercantilismo del siglo XVI y el Descubrimiento de América sólo aceleraron el proceso, uniendo el Nuevo Mundo con el Viejo y añadiendo el África negra y las Antípodas.

Hoy las divisas se guarecen en paraísos fiscales opacos mientras que las clases medias pueden comprar experiencias en paraísos de sol y playa (que muchas veces coinciden con los otros). Los obreros de la socialdemocracia europea ya no van al Paraíso, como en “los Treinta Gloriosos” (1947-1977), pero sí que un mayor porcentaje de la población global está conociendo la buena vida e incluso el lujo.

Pareja surcoreana comiendo pulpo vivo por diversión durante un festival gastronómico celebrado en Seúl, 2013.

Hace poco fui a cenar con una amiga hispanocoreana a un restaurante étnico. Lo mejor que podía ofrecer Seúl era una sopita con trozos (pocos) de cerdo y mucho picante (que normalmente se utiliza para camuflar el mal estado de los productos).* La cocina tradicional de un país se nutre de lo que está disponible y un país montañoso, ocupado y pobre como ha sido Corea hasta hace poco no disponía de superávit cárnico. La occidentalización; el libre mercado; los chaebols, y Samsung han provocado que su dieta haya pasado de 2.000 calorías en 1960 a 3.300; mientras que el consumo de carne se ha multiplicado por cinco.

Pero volviendo a Fukuyama y sus influencias. ¡Qué pretencioso es opinar que la Historia acaba cuando uno lo diga! Me indigna que el profesor Kojevé dijera que la Historia acababa en Jena. Con la victoria de Napoleón en esa batalla los ideales de la Revolución Francesa se habrían propagado por Europa y la humanidad había llegado a su cenit. ¿Y por qué no en Austerlitz?, cuyo sol fue mucho más glorioso, ¿o tal vez durante el cañoneo de Valmy?

Napoleón escribiendo la última página de la Historia en la batalla de Jena-Auërstadt.

Claro, que esto Kojevé lo decía en 1930, antes de la guerra más sangrienta de la humanidad y antes de cuarenta años de Guerra Fría. Es fácil rescatar del cubo de basura la Historia a pensadores obsoletos cuando cambia la coyuntura, cuando realmente lo que ha impedido que la Historia siga su curso ha sido la espada de Damocles nuclear.

Fukuyama quizás se refiere a que las guerras a gran escala entre potencias han terminado. Pero conflictos limitados, a veces no declarados, se han producido con cierta frecuencia desde entonces. Empezando por la guerra de los Bálcanes, misiones humanitarias en el Cuerno de Africa (de las que se tiene que huir con el rabo entre las piernas), la operación de castigo contra Afganistán, la invasión de Irak o la anexión de Crimea.

Es cierto que ahora las guerras se declaran con más cuidado. La propaganda se ha perfeccionado mucho desde el Britons, your country needs you de Lord Kitchener, y para engañar a la lupa de la opinión pública es necesario cocinar los casus belli mejor que antes. La posesión y desarrollo de armas de destrucción masiva o el bombardeo de civiles con gas sarín valdrían.

Proceso de formación de una isla artificial china, 2015.

Muchos conflictos regionales vienen arrastrándose desde la Segunda Guerra Mundial o la descolonización. Tenemos el inestable borde indo-pakistaní; la bomba de relojería israelí, la megalomana Corea del Norte; una África trazada con escuadra y cartabón; el Estado Islámico adueñándose de los vacíos de poder, y antiguas grandes potencias que siguen jugando sus partidas de Risk particulares.

China está construyendo islas artificiales por todo el océano Pacifico (en donde pueden repostar sus submarinos nucleares). Amparándose en una vieja reivindicación de las islas Paracelso ha soltado un órdago a sus vecinos con su “línea de los nueve puntos”, tratando se adueñarse del 90% del mar de China meridional y de su zona económica exclusiva. Aquí no hay más ideología que las relaciones internacionales y el reparto de zonas de influencia.

Integristas islámicos antes de atentar en el aeropuerto de Bruselas, 2016. La crisis y los enemigos internos y externos alimentan al populismo y al nacionalismo.

Fukuyama también asegura de que no hay motivos para que vuelva el fascismo, aclarando que no por no plantear un modelo de sociedad valido, sino porque fue completamente derrotado. A mi entender el ultranacionalismo (Japón) y el populismo, que están floreciendo por Europa son primos hermanos de ese modelo; el cual revive como ave fénix en tiempos de crisis o como reacción a un enemigo externo (o interno).

Además la credibilidad del neoliberalismo es cuestionada por organismos como la CEPAL, que postula que el subdesarrollo del Tercer Mundo está ligado a la industrialización de los países productores de manufacturas (que continuan subsidiando su agrícultura mientras exigen a los países pobres la apertura a sus exportaciones). Como diría el historiador israelí Harari el Libre Mercado vendría a ser un Dios intersubjetivo al que le podríamos rendir pleitesía sin problemas en el hemisferio norte.

En cuanto a la pregunta de si sería posible un régimen distinto a la democracia liberal; falta por añadir algunas variables que desestabilizarán toda la ecuación y plantearan problemas éticos sin precedentes: robots y superhumanos.

Cinco robots Kiva de la plantilla de Amazon. No se afilian a sindicatos, no paran a la hora del bocadillo, no cobran sueldo y trabajan a velocidad de vértigo. PINCHA PARA VER.

Si hacemos caso de las maravillas que nos anuncian desde Silicon Valley en no muchos años en la mayoría de los trabajos los seres humanos serán sustituidos por Inteligencia Artificial. Por fin nos libraremos de la maldición bíblica del trabajo. Si los Estados no quieren una revolución violenta, como las que Fukuyama dice extintas, lo mejor será abrir el melón de la renta básica universal.

Lo que si le voy a comprar a Fukuyama es la parte del “último humano”. Cuando sea posible editar el genoma de nuestros hijos para dotarles de capacidades sin paragón pocos se resistirán a ello. Paulatinamente surgirá un nuevo genero de Homo Superior que desbancará a los sapiens que han tenido que reproducirse manualmente. ¿Y quién sabe qué tipo de moralidad tendrán?

Los chinos tenían una maldición contraintuitiva: “ojalá vivas tiempos interesantes”. Conviene rescatarla porque estos tiempos posmodernos, y los que están por venir, no van a carecer de sobresaltos.

Carlos de Lorenzo Ramos

Fuentes consultadas:

FUKUYAMA, Francis, El fin de la Historia y el último Hombre, Planeta, 1992

STIGLITZ, Joseph E., El malestar en la globalización, Taurus, 2002

HARARI, Yuval Noah, Sapiens, De animales a dioses, Debate, 2015

HARARI, Yuval Noah, Homo Deus, Breve Historia del mañana, Debate, 2016

DIAMOND, Jared, Armas, gérmenes y acero, Debate, 2016

JUDT, Tony, Algo va mal, Taurus, 2016

Guerra nuclear: el estado de la cuestión

Mapa de los países con armamento atómico según Greenpeace. Las cifras bailan dependiendo de la fuente, ya que el número exacto de bombas es secreto de Estado.

El que suscribe estas líneas cumple 30 años. Nació cuando el Reloj del Apocalipsis daba 3 minutos para la medianoche; aunque en los años siguientes, tras la caída de la URSS y el fin de la Guerra Fría, éste se retrasaría hasta las 11:43 en 1991 (la mayor distensión desde 1945). Hoy, tras la victoria de Trump; del florecimiento de los nacionalismos europeos; del brexit; de la guerra en Siria; de la anexión rusa de Crimea y de la amenaza nuclear coreana, las manecillas se han reajustado de nuevo. Según los expertos del Bulletin of Atomic Scientists estamos a tan solo 2,5 minutos del fin.

El Reloj del Juicio Final marca los minutos que quedan para la medianoche nuclear.

Éste organismo denuncia los nuevos problemas que plantean las armas de destrucción masiva, el mal uso de la tecnología o el calentamiento global. Obviamente su advertencia es una llamada de atención de la sociedad civil a todos aquellos que controlan el botón atómico, y quizás hacerles más sensibles a las consecuencias de una III Guerra Mundial, en la que está en juego la misma supervivencia de la humanidad.

En los primeros cuarenta años de la Guerra Fría desarrollaron armamento nuclear: Estados Unidos (1945), Rusia (1949), Reino Unido (1952), Francia (1960), China (1964); firmantes los cinco de los Tratados de No Proliferación. India detonó “Buda Sonriente” en 1974 e Israel posee armamento nuclear desde la década de los 60 pero no lo ha declarado públicamente. Desde 1987 dos nuevos actores se han unido al club atómico: Pakistán y Corea del Norte, aumentando su capacidad de “chantajear” o de evitar la injerencia de los vecinos en sus asuntos internos.

Hongo atómico y columna de agua generada por la bomba atómica submarina Baker detonada por EEUU en el atolón de Bikini, 1946.

Otro punto caliente es la franja siriopalestina, en la que el Estado de Israel, de tan solo 8 millones, está rodeado de países árabes hostiles poblados por más de 120 millones de personas; y el conflicto latente en Cachemira entre indios y pakistanies, que ya ha desencadenado varias guerras. Justamente estos países poseedores de armas de destrucción masiva y que son foco de tensión regional no han firmado los acuerdos NPT.

En cuanto a la proliferación, el punto álgido fue en 1986, con 70.300 cabezas nucleares. Según la FAS (Federeation of American Scientists) a principios de 2017 se cuantificaban 14.900 armas nucleares en el mundo, poseyendo Estados Unidos 6.970 y Rusia 7.300, el 93% del total. Esto es una capacidad capaz de destruir a la humanidad varias veces (solo bastarían 16.000 bombas Tzar para destruir todos los rincones del orbe). Que hayan disminuido los arsenales tiene que ver con los acuerdos de no proliferación, con la obsolescencia de los dispositivos más antiguos y sobre todo por la mayor efectividad de los misiles balísticos. Unas 3.900 cabezas nucleares son operacionales y de ellas 1.800 están en estado de máxima alerta.

Vídeo musical con todas las explosiones nucleares desde el Proyecto Manhattan en 1945 hasta las pruebas pakistaníes de 1998. PINCHA PARA VER.

Desde 1945 se han producido 2.056 pruebas nucleares. Hasta 1980 se habían lanzado sobre la Tierra el equivalente a 29.000 bombas de Hiroshima. En 1963 se acordó no detonar las bombas en la atmósfera, bajo el agua o en el espacio, aunque China continuó detonandolas en la superficie hasta 1980. Tras el fin de la Guerra Fría descendieron las pruebas. El último test norteamericano se produjo en 1992, y sus expertos dicen que pueden seguir ahondando en el conocimiento atómico sin detonar bombas. Países con menos experiencia como Pakistan y Corea del Norte han explotado sus bombas desde entonces para hacer demostraciones de fuerza y afinar sus arsenales.

La Triada nuclear: misiles de tierra, bombarderos estratégicos y misiles desde submarinos nucleares.

Aunque la competencia entre los dos grandes actores de la Guerra Fría haya disminuido y hayan reducido su arsenal, tanto China (260) como India (110) y Pakistán (140) están invirtiendo en el desarrollo de misiles balísticos, misiles de crucero y misiles desde el mar. Siguen modernizando sus arsenales y el número exacto de cabezas nucleares que poseen es secreto de Estado. Pakistán ha aumentado su capacidad nuclear a escala táctica para disuadir a la India de un intento de invasión convencional a sus fronteras.

Preocupan los llamados “Estados irresponsables” como Corea del Norte y el clima de tensión que genera Pyongyang. así como el temor de EEUU, Israel y otras naciones árabes no chíies a que Irán desarrolle bombas atómicas gracias a su programa nuclear. Los acuerdos alcanzados entre Irán y la administración Obama parece que están en peligro con la llegada de Trump.

Una de las consecuencias de la guerra total sería el Invierno Nuclear. La capa de polvo generada impediría la entrada de rayos solares a la atmósfera y morirían las plantas, y con ellas los eslabones superiores de la cadena trófica. Se produciría una extinción masiva parecida a la que acabó con los dinosaurios, 65 millones de años atrás y ni siquiera los humanos protegidos en refugios con suficiente comida y agua tendrían garantizada la supervivencia en este ambiente postnuclear. Una guerra limitada entre India y Pakistán, en la que se detonarían 50 bombas de 15 megatones por bando, sería suficiente para producir este efecto, o al menos un descenso abrupto de las temperaturas, y con ello hambre y enfermedades.

En Juegos de Guerra (1983) un hacker se cuela por la puerta trasera del sistema de defensa norteamericano haciéndoles creer que la URSS está desencadenando un ataque termonuclear.

En el blockbuster de 1983 Wargames se especulaba con la posibilidad de que un hacker se introdujera en los sistemas de defensa estadounidenses e iniciara la III Guerra Mundial por error. Hoy ese fantasma resucita en la forma de la ciberguerra que llevan todas las naciones de forma encubierta en la Red. Al igual que The War Game (1965) sirvió de catarsis sobre las consecuencias humanas de una guerra de este tipo (Ronald Reagan anotó en su diario haberla visto), seguramente la primera hizo lo propio para optimizar el firewall ante troyanos malintencionados, y sino el sentido común, porque hay piratas avizor.

La opinión pública no está hoy muy concienciada con el problema y hasta cierto punto el Reloj del Juicio Final parece un anacronismo de la Guerra Fría, sin embargo una guerra nuclear limitada si parece un escenario probable si la tensión escala: los escenarios podrían ser ambos lados del paralelo 38, Oriente Medio y la península del Indostán.

La saga de videojuegos Fallout está ambientada en una distopía postnuclear con mutantes, servoarmaduras y tecnología con la estética de los años 50.

En caso de que se produzca una guerra nuclear total las consecuencias han sido tratadas de forma frívola (aunque es un tema lícito y apasionante) en películas como El libro de Eli, o videojuegos como Metro 2033 y por supuesto la saga Fallout. En ninguno la humanidad se extingue tras el invierno nuclear, pero no parece que estos escenarios dantescos sean lugares agradables donde vivir.

En el 2016 la revista Vanity Fair realizó una encuesta títulada How Americans Really Think the World Will End.

Lo que si parece positivo hoy es que 20% de los norteamericanos piensen que jamás se debe pulsar el botón atómico y un 55% solo como respuesta en caso de ataque. En 1951 el 67% pensaba que en caso de guerra ellos debían atacar primero.

Y ya que está de moda en la ficción imaginar escenarios apocalípticos, una encuesta de Vanity Fair halló que el 35% de los encuestados temía que un desastre nuclear fuera el fin de la humanidad frente al 23% que pensaba que iba a acabar con ella un virus mortal, un 15% el calentamiento global, un 8% el impacto de un asteroide y un 15% que Jesuscristo iba a descender de los cielos a separar el grano de la mies.

Carlos de Lorenzo Ramos

*  Como Historiavera no tiene nada que envidiar a Vanity Fair os dejo un cuestionario para que votéis por vuestro día del juicio final favorito