Etnogénesis o invasión. La caida del Imperio romano

El curso del Imperio: Destrucción, Thomas Cole, 1836. The New-York Historical Society.

Una de las preguntas más difíciles que se le plantean al historiador es la siguiente: ¿cuál fue la causa principal que provocó la caída del Imperio romano? En la actualidad es bien sabido que las razones de la fragmentación del Imperio romano occidental fueron múltiples, desde económicas hasta políticas, pasando por las externas, como lo son las migratorias, conocidas comúnmente como las invasiones bárbaras.

Sin embargo, los factores que han señalado los historiadores como causantes de la decadencia del mundo romano en las dos últimas centurias han sido diversos. En el siglo de las luces, en el XVIII, el ilustrado británico Edward Gibbon dio una primera explicación a este acontecimientos en su obra Decadencia y caída del Imperio romano. En ella defendía que unas multitudinarias oleadas bárbaras habían sido uno de los principales factores del fin del Imperio romano, de ahí, el nombre de invasiones bárbaras.

Edward Gibbon (1737-1794).

No hay que olvidar que los eruditos de época moderna como Gibbon admiraban la antigüedad clásica y aborrecían su pasado más cercano, la Edad Media. Esto conllevó a que se viera a los germanos como salvajes, despiadados y violentos por haber destruido el “cultural”mundo clásico. Un siglo más tarde, cuando se desarrolla el concepto de Estado-nación, los recién nacidos estados recurren a un supuesto pasado común histórico para reimaginar los lazos unificadores de su comunidad. Muchos de ellos sitúan estos vínculos originarios en el siglo V d.C. Tal es el caso de la Francia de la tricolor que justificó su origen en los francos.

Por su parte, los ilustrados prusianos, como respuesta al proceso unificador de todos los estados germanos de la época, trataron de encontrar un elemento común vinculante en los bárbaros de la tardoantigüedad. Por ello, se publicaron en la revista Monumenta Germaniae Historica todos los textos antiguos que hacían referencia a los antiguos germanos. El punto álgido de esta distorsión de las invasiones bárbaras llegó en 1940, cuando el historiador francés Pierre Courcelle realizó una comparación anacrónica entre lo ocurrido en el siglo V d.C. y la ocupación nazi del momento.

Es en las últimas décadas del siglo pasado cuando realmente se empieza a profundizar, así como a cuestionar, si realmente se produjeron unas invasiones bárbaras tan numerosas. Por un lado, sobre todo en los años 70, se comenzó a investigar cómo se podrían haber producido las invasiones bárbaras. Por otro lado, una década después, el canadiense Walter Goffart cuestionó la idea de invasión violenta, argumentando que los pueblos germanos tendieron más hacia una incorporación al mundo romano que a atacarlo. Por lo tanto, en los últimos años se ha producido un debate entre los expertos en la materia e, incluso, se ha realizado un cambio en la terminología de este hecho. En la actualidad, más que invasiones bárbaras se utilizan palabras como migraciones, penetraciones, etc. y también más que fin o caída del Imperio se explica como decadencia o transformación.

Visión idealizada del saqueo de Roma por el visigodo Alarico, 410 d.C. Edificios imposibles, bárbaros sanguinarios, rapiña de botín y matronas y niños esclavizados.

El siguiente ensayo contará con un primer apartado que analiza la evolución del concepto de bárbaro junto con un contexto histórico para una mejor comprensión del asunto. A continuación, destacaré los tres principales modelos explicativos que se han propuesto para interpretar las migraciones germanas, añadiendo un apartado para definir la teoría revolucionaria del canadiense Walter Goffart. Cabe mencionar que enfatizaré las fuentes en las que se han sustentado estas teorías y su problemática. El desarrollo y el aumento de estudios en este campo ha provocado que se cambie por completo el método de enfoque hacia este tema. Puesto que se ha pasado de creer que fue un proceso que terminó con la antigüedad romana para generar los primeros reinos medievales a que fue una fase en la que el Imperio se fue transformando.

La evolución del concepto de bárbaro y su contacto con Roma

Hoy en día, todavía, el exponer lo ocurrido en el siglo V d.C. como invasiones bárbaras trae consigo una semántica dañina, puesto que la palabra bárbaro en muchas lenguas romances, o mejor dicho en las que derivan del latín, tiene unas connotaciones negativas. Esto se debe a que los ilustrados de época moderna retomaron el significado que le habían dado a esta palabra los autores clásicos y desde aquel entonces no se ha modificado su significado.

La palabra bárbaro fue utilizada por primera vez por los griegos clásicos para describir a todo aquel que no era grecoparlante y que no pertenecía su cultura. A partir del siglo V a.C., los griegos trataron de clasificar a todos los pueblos que conocían, empleando para ello, como explica la historiadora Magali Courmet, unas “jerarquías según su grado de salvajismo”. El argumento principal empleado por los antiguos autores clásicos era que estos pueblos no conocían la agricultura y comían la carne cruda. Por consiguiente, según Courmet, los helenos argumentaban que estas “carencias los alejaban del hombre civilizado, que solo podía vivir en las riberas del Mediterráneo”. Es más, los griegos consideraban que todos aquellos pueblos bárbaros no sufrían transformaciones o no evolucionaban, es decir, que estaban estancos en una fase de salvajismo. La historiadora Rosa Sanz menciona que esta “postura xenófoba” era a causa de “la lejanía”.

Mapa del limes romano en tiempos del emperador Constantino, 337 d.C.

La conquista romana del mundo griego trajo consigo la asimilación del concepto de bárbaro ya que los latinos no dudaban de los conocimientos helenos, de hecho, los apreciaban. Sin embargo, realmente, es Julio César el primer romano de renombre que tiene un pequeño contacto con los pueblos germanos del siglo I a.C (aunque Cayo Mario ya detuviera una migración cimbria y teutona una generación antes). Poco más tarde, su sucesor Octavio Augusto será quién se sumerja en territorio germano al tratar de expandir el Imperio por lo que por aquel entonces se denominó como Germania. Tras varias campañas militares romanas, que no lograron expandir su influencia más allá del Danubio y del Rin, se estableció el limes (frontera) del Imperio. Es aquí, cuando el concepto de bárbaro adquiere un espacio geográfico, el barbicium pues el limes establecido marcaba la diferencia entre el mundo civilizado y el salvaje.

Germania, Tacito, 98 d.C.

Aunque esta frontera se constituya a partir de accidentes geográficos, los dos ríos, en una región limítrofe, que posteriormente sería conocido como los Campos Decumates, podía ser traspasada fácilmente. En ella, se comenzó a construir un sistema defensivo, que principalmente estaba compuesto de emplazamientos y torres militares. En un principio, los defensores del Imperio fueron los propios romanos, pero más tarde serán los germanos los que nutran este sistema defensivo ya sea con efectivos o estableciendo en esta región sus campamentos.

El primer escrito, o quizás, el más importante en lo referente a los germanos venga dado por el “etnógrafo” romano Tácito, quien redactó Germania a finales del siglo I o principios del siglo II d.C. Según Courmet, en el libro los bárbaros aparecen “presentados como puros en sus costumbres y no corrompidos por el dinero”. A pesar de que Tácito muestre a los germanos de una forma leal a su cultura para criticar la corrupción que se estaba produciendo en el Imperio, su obra se elaboró a raíz de su experiencia personal, presupuestos teóricos y repeticiones de autores anteriores. Por consiguiente, Sanz argumenta que “responde a una intencionalidad claramente política”, que no está “exenta de desprecio hacia el “otro”.

Progresivamente, desde siglo II d.C. la cultura germana y la romana se van estrechando, sobre todo por cuestiones militares. Asimismo, el historiador Gonzalo Bravo defiende que desde el emperador Marco Aurelio se dio la integración de elementos bárbaros en el ejército (numeri) romano. Hay que añadir que no solo la cultura romana aceptó a la germana, sino que también, esta adoptó costumbres latinas. Emilio Mitre viene defendiendo esta idea afirmando que en los pueblos germanos “se va produciendo un proceso conocido por el nombre de “romanización”.

Völkerwanderung, mapa de las migraciones bárbaras desde el 375 d.C hasta el 536 d.C.

En el siglo III d.C., la política exterior imperial se modifica a consecuencia de la crisis político-militar, por lo que las relaciones con los bárbaros se alteran. Principalmente, según Bravo, “los acuerdos del gobierno con los pueblos bárbaros vecinos se debieron sobre todo a razones estratégicas y económicas”. De hecho, al fragmentarse el limes penetraron oleadas de germanos en terreno imperial, provocando que los emperadores, al ser incapaces de contenerlos, tuvieran que ceder ante sus exigencias.

Gonzalo Bravo (1951).

Es decir, los términos de las negociaciones de paz estaban marcados por las condiciones de los germanos e incluso el Imperio tuvo que pagarles unas indemnizaciones año tras año. Por eso mismo, en los panegíricos latinos, se expone a los bárbaros como salvajes, tratando así de ensalzar la figura del emperador que los combatía. Estos discursos no fueron únicamente una práctica del siglo III d.C., sino que también perduraron durante la centuria posterior.

A finales del siglo IV d.C., la situación entre ambas culturas se agrava tanto que se producen conflictos bélicos. Un claro ejemplo de esto fue la batalla de Adrianópolis (378 d.C.) donde quedó reflejado la fragilidad del Imperio de oriente y el por qué Roma había estado cediendo diplomáticamente ante los germanos. En occidente las cosas no iban mucho mejor. Bravo argumenta que “algunas defensas del limes renano-danubiano” se vieron desbordadas ante la presión germánica “en algunos puntos de especial importancia estratégica”. Es a partir de este momento, a comienzos del siglo V d.C., cuando oleadas germánicas comienzan a penetrar en el interior del Imperio.

Monumenta Germaniae Historica es una serie recopilativa de fuentes desde el fin del Imperio romano hasta 1500.

Antes de comenzar con los diferentes modelos explicativos de este suceso histórico es necesario comentar las Historias gentium qué son los primeros escritos de los nuevos reinos europeos occidentales. Es de vital importancia explicar estos escritos debido a que serán en unos de los que se fundamenta la teoría tradicional. Estos documentos fueron redactados en latín del siglo VI al VII de nuestra era y narran el pasado mítico de los recién creados reinos alto medievales.

La mayoría de estos escritos ubica el origen de los pueblos germanos en territorios remotos del mundo conocido y que a través de una migración bélica llegaron a situarse en la región que estaban para estas fechas. Además, en el relato justifican ser los herederos de Roma puesto que durante el traslado van adoptando la cultura latina o mejor dicho la civilización. En estas historias se mencionan algunas tradiciones bárbaras, pero, según la medievalista Courmet, “algunos pasajes están inspirados de manera evidente por las fuentes escritas latinas” o también por “el Antiguo Testamento”. Hasta el siglo V d.C., solo las fuentes grecolatinas dominaban la escritura, pues de ningún bárbaro ha llegado ningún documento escrito hasta que entraron en contacto con Roma. Por tanto, el historiador José López Quiroga advierte que las fuentes literarias no permiten “una aproximación al estudio del mundo bárbaro, si no a una plasmación de la imagen y el concepto que Roma tenía de los bárbaros”.

La teoría tradicional

Esta teoría explica que una multitud de pueblos nómadas desde los confines de un mundo desconocido, dado que no se conocen esos lugares geográficamente, atraviesan Europa hasta llegar al limes del Imperio en el siglo cuarto de nuestra era. En este momento es cuando Roma comienza a debilitarse en un principio militarmente y más tarde, cae por completo el Imperio. Según esta teoría, la cultura latina entraría en un proceso de agonía desde el 376 año en que los godos surcan la frontera romana hasta el último emperador romano, Rómulo Augústulo, que abdicaría en el 476, dejando así todas las funciones gubernamentales en manos de los dirigentes bárbaros.

Las fuentes y la problemática de la teoría tradicional

La explicación de esta teoría, también conocida como la de las grandes invasiones, se fundamenta en las fuentes literarias latinas o en las Historias gentium, otorgándoles así veracidad y no cuestionando su imparcialidad. Además, transmite la idea de un pueblo homogéneo que tras errar durante varias décadas o siglos consigue crear un reino, ¿acaso este modelo explicativo no muestra parentesco alguno con otros relatos míticos de otras culturas? Por ejemplo, en el Antiguo Testamento, los hebreos son un grupo endémico que se une bajo el mando de un líder, que ha sido elegido por su “Dios” (Yavé) para buscar la tierra prometida. Como este ejemplo se podría citar algunos otros más como la Eneida, pero me gustaría destacar otros aspectos por los cuales esta teoría no fue cuestionada y generalmente aceptada hasta mediados del siglo XX.

Heil, Germania! (alegoría del origen de la unidad germana), Anton von Werner, 1872.

En el siglo XIX, los recién creados Estados-nación, como he mencionado anteriormente, buscaban en el pasado una justificación de sus orígenes. En estas fechas, según Courmet, “la epopeya de los bárbaros se convirtió en el símbolo del triunfo de una nación, incluso de una raza particular, elegida desde el comienzo de los tiempos”. Esta idea contribuyó al desarrollo de los principios de eugenesia que llegó a su culmen con el régimen nazi de Hitler.

Guerrero alaman, siglos III-IV d.C, Osprey Publishing, Angus McBride.

Por otro lado, la representación de esta teoría en un mapa trae consigo algunas problemáticas a pesar de ser una forma didáctica de definir este modelo explicativo. En primer lugar, Courmet argumenta que el empleo de flechas “supone la estabilidad del grupo que se desplaza”. Por consiguiente, es un movimiento lineal sin ningún tipo de estacionamiento. En otras palabras, de acuerdo con el mapa, en el mismo año, el pueblo germánico correspondiente realiza el trayecto que marca la flecha. Hay que añadir que este símbolo, la flecha, representa una cultura inalterable, es decir, que los diversos pueblos germánicos no se modificaron durante su movimiento. Otro elemento no muy correcto de estos mapas es que se fechan algunos hechos bien documentados como el saqueo de Alarico en Roma en 410 d.C., junto con otros no tan bien ambientados o reales como el movimiento de los godos entre la isla de Scandia y Escitia.

En 1960, a raíz del desarrollo de los estudios arqueológicos en esta materia desbancaron la aceptación unánime de las grandes invasiones. Las diferentes excavaciones, que se realizaron en distintos puntos del barbicium, no mostraron que los asentamientos encontrados estarían lo suficientemente poblados como para emitir las grandes invasiones de las que hablan las fuentes literarias. Por tanto, los estudiosos de la materia trataron de buscar nuevas explicaciones a este hecho, basándose en otro tipo de evidencias arqueológicas o interpretando las fuentes literarias de otra forma.

La teoría de la etnogénesis progresiva

En la década de 1970, gracias a los avances en la arqueología de la tardoantigüedad y a consecuencia del nazismo, se propone esta teoría como alternativa a las grandes invasiones. El principal precursor de este modelo explicativo es el historiador austriaco de lengua alemana Reinhard Wenskus, pero quizás sea más conocido su discípulo Herwig Wolfram. Esta línea de investigadores, la escuela de Viena, utilizan la idea de la etnogénesis progresiva para dar una explicación a lo sucedido en el siglo V d.C.

Herwig Wolfram (1934).

La teoría de la etnogénesis defiende que había un grupo de poblados germanos de sistema tribal que compartían una serie de tradiciones similares, que se transmitían por vía oral, pero que existía un pueblo que liderará al resto en la época de las migraciones. El construir unos elementos comunes era de vital importancia debido a que una vez traspasados los límites del Imperio, los pueblos subordinados al dominante compartirían los objetivos de este. Por esta misma razón, Courmet afirma que muchas de sus tradiciones serían “sólo una ficción política al servicio del poder real”. No obstante, esto conlleva a solucionar varios problemas que la teoría tradicional tenía a la vez que generar unos nuevos.

Por una parte, se soluciona la incógnita de lo que sucedía con los seguidores de un rey germano una vez que era derrotado dado que estos lo que solían hacer eran incorporarse a otro monarca y asimilar su identidad política. Esta posibilidad, a su vez, trae consigo un problema, como explica Fernando Carlos Ruchesi cuando menciona que Walter Pohl, seguidor de Wolfram, sugirió “que reconstruir la identidad de estas comunidades es una tarea muy compleja” por el “alto grado de transformación cultural que estas unidades políticas experimentaron”. Además, al exponer así este hecho se evita el potenciar la eugenesia puesto que como Quiroga aclara que “en los procesos de etnogénesis”, los distintos pueblos germanos tienen una “composición multiétnica entre los bárbaros”. Por consiguiente, aquella idea de una “raza elegida” que transmitía la teoría de las grandes invasiones queda suplida. Dado que los primeros reinos medievales del siglo VI d.C. no eran genéticamente los descendientes de los germanos de la centuria anterior, aún así, sí que heredaron de sus tradiciones. Claramente, también, con la etnogénesis progresiva se resolvió aquél problema que había destapado la arqueología de que los asentamientos del barbicium no contaban con efectivos demográficos suficientes como para realizar unas grandes invasiones. A pesar de que este modelo explicativo solucione varios de los aspectos de la anterior teoría, continúa dando algunas dificultades que serán tratadas en el siguiente apartado junto con las fuentes que se han empleado para su elaboración.

Mapa de la expansión de los pueblos germanos desde el 750 a.C hasta el siglo I de nuestra era.

 Las fuentes y la problemática de la etnogénesis progresiva

La teoría de la etnogénesis progresiva se ha apoyado en las fuentes arqueológicas a causa de que esta línea de investigadores no crea que se pueda realizar una lectura literal de los documentos escritos. Estos expertos pertenecientes a la escuela de Viena han tratado de asociar una cultura material arqueológica a un pueblo bárbaro. No obstante, el intentar vincular una cultura material a una identificación étnica ha acarreado varios problemas. En primer lugar, es extremadamente difícil asociar los objetos a los rituales y tradiciones de una sociedad. Por ejemplo, en una sepultura, los objetos encontrados pertenecientes al difunto pueden haber sido elaborados en su pueblo natal o puede que los haya adquirido a través de intercambios. Por tanto, Quiroga cree que “más que una evidencia de etnicidad” es el “reflejo de otras formas de movilidad social”.

Las migraciones germanas durante los siglos IV al VI d.C. Según Bravo hay contabilizadas hasta 210 teorías sobre la caída del Imperio romano.

En segundo lugar, el haber encontrado una cantidad de objetos mayor en una región determinada no tiene porqué delimitarse a una entidad étnica. Por ello, Quiroga afirma que el registro arqueológico documenta “la existencia de diferencias culturales en contextos sociopolíticos diversos y cambiantes”. La última, un grupo étnico estable puede ir transformando bien lentamente o bien rápidamente su cultura material y no por ello pasaría a tener otra identidad.

Fuera aparte de la arqueología este modelo explicativo se presenta ante otra problemática, la cual sería la inexistencia de instituciones jurídicas bárbaras arcaicas. Por esta razón, Courmet defiende que los reinos bárbaros asimilan “las tradiciones jurídicas mediterráneas”, recuperando “numerosos elementos del derecho imperial”. Algo muy similar sucede con la religión: la gran mayoría de los primeros reinos medievales terminarán convirtiéndose al cristianismo. Por consiguiente, si la teoría de la etnogénesis se fundamenta principalmente en que varios grupos germanos se asocian por tener fuertes vínculos tradicionales, ¿por qué se abandonan cuando se surca el limes del Imperio?

La teoría que propuso Walter Goffart

Walter Goffart (1934).

En 1980, con la publicación de Barbarians and Romans A.D. 418-584: The techniques of Accommodation, el historiador canadiense Walter Goffart inaugura un nuevo paradigma para explicar lo ocurrido en el siglo V d.C. En el libro, Goffart plantea que Roma, en el siglo III d.C., favoreció la entrada de los germanos para que nutrieran las filas de las legiones imperiales. Más tarde, se irían estableciendo dentro de las fronteras imperiales asentamientos germanos gracias a foedus entre la administración latina y el grupo germánico correspondiente. Aún así, Goffart no niega el que se produjeran actos bélicos entre ambas culturas. De hecho, el historiador parte de que cada líder germano compensaba a sus seguidores con poder cobrar y gravar impuestos en determinados lugares. Por lo tanto, al arrebatar los germanos a Roma el control del sistema fiscal, los romanos se veían obligados a pagarles un impuesto a ellos. En caso de no hacerlo, como dicta el propio derecho romano, los germanos podían arrebatarles sus bienes. Esto conduce a Ruchesi, en su discusión sobre la obra de Goffart, a postular que los germanos tienden hacia la “adaptación al esquema administrativo romano”.

Visigodos asimilando las bondades de la cultura romana según una caricatura de Antonio Mingote.

Walter Goffart no se muestra partidario del modelo explicativo de la etnogénesis, es más, lo desaprueba. El motivo es que el canadiense considera que no hay ningún rasgo étnico similar en los grupos germanos. Aunque todos ellos hablaron un alemán arcaico, no hay pruebas de que utilizasen la lengua como elemento vinculante. También, el historiador defiende que una vez que los germanos entran en contacto con la cultura latina van asimilando muchas de sus costumbres como la lengua escrita y el redactar un pasado histórico común.

En resumidas cuentas, la nueva explicación que ofrece Goffart opta más por la integración, mayormente, no violenta de los germanos en el mundo romano, es decir, este se va transformando por el sincretismo que se produce entre ambas culturas.

La teoría de la identidad adquirida por Roma

Este modelo explicativo argumenta que fue la propia Roma la que creó a los bárbaros debido a que estos grupos germanos se fueron construyendo a raíz de las diferentes migraciones que realizaron hacia el Imperio. Sin lugar a dudas, un factor de vital importancia para los distintos pueblos germanos fue el hecho de entrar en contacto con la cultura mediterránea.

El pionero de este modelo explicativo fue el estadounidense Patrick Amory, que partiendo de las ideas de Goffart, las radicaliza y viene a decir que la etnicidad germana era una herramienta de ascenso en una sociedad romana que agonizaba. Por eso, Ruchesi sostiene que Amory aconseja que “hay que tener muy presente (…) la evolución de la identidad de romanos y germanos en esta etapa”.

Las legiones tardoimperiales reclutaban sus efectivos entre los pueblos germanos federados, siglos IV-V d.C

El definirse como germano dentro de los límites del Imperio suponía disponer de unos beneficios de carácter social y político-militar. En cuanto al ámbito social, el pertenecer a una identidad germana permitía a estos individuos diferenciarse del ciudadano romano. Según Courmet, “Roma concedía (…) más valor a ciertos pueblos”, de ahí, que hubiera tantos godos pues el Imperio temía y admiraba su habilidad militar. Por esto, los beneficios político-militares tienen una relación muy estrecha con los sociales. Desde el siglo III d.C., el ejército legionario se encontraba en una situación caótica, en la que cualquiera podía ascender desde los bajos mandos hasta la cúspide militar. Desde estas posiciones privilegiadas no era difícil llega a alcanzar el trono del emperador. Por consiguiente, muchos germanos aprovechando la situación ascendieron militar y políticamente, repercutiendo así en una mejora en su estatus social.

En lo que concierne a las fuentes utilizadas por los precursores de esta teoría tanto Goffart como Amory fundamentaron sus investigaciones en los establecimientos de los asentamientos germanos dentro del Imperio.

Barbarus, “la apasionante y conmovedora historia de Eldes y Dago”, Santiago Castellanos.

En lo que respecta a la principal problemática de esta teoría es que no ha cuajado del todo entre los historiadores de la tardoantigüedad y de la alta Edad Media. Por lo tanto, ha habido una separación entre los que continúan opinando que las migraciones germanas fueron violentas y los que creen que más bien se llevaron a cabo, mayormente, de manera pacífica. Generalmente, en el ámbito no profesional, las personas continúan confiando plenamente en el modelo dramático tradicional, quizás, sea porque la manera más eficaz de difundir este período histórico haya sido a través de la novela histórica, en la que el autor encuentra mucho más atractivo redactar su obra en un ambiente caótico y violento.

Conclusión

En conclusión, en la actualidad, los expertos en la materia no tienden a decantarse por una de estas líneas explicativas, sino, que más bien, suelen utilizar varias. Sin embargo, como he mencionado anteriormente, sigue existiendo una dicotomía en las formas de enfocar este hecho histórico, según el arqueólogo Ward-Perkins, varía “dependiendo de la nacionalidad y el punto de vista de cada historiador”. Es decir, en aquellos países donde Roma tuvo más influencia, los del Mediterráneo, los historiadores son más partidarios de unas invasiones, mientras que en los países del centro y norte de Europa se defiende más la idea de unas migraciones pacíficas. Estas posturas no son de extrañar dado que en el sur del continente europeo, la cultura romana dejó un fuerte legado. Aunque esta sea una regla general, no siempre se cumple. De hecho, el arqueólogo británico anteriormente citado, según Ruchesi, opina que la época “fue violenta, caracterizada por romanos que luchaban contra los bárbaros que venían a apoderarse de sus tierras”. De todas maneras, aunque no se puedan negar que hubo enfrentamientos bélicos entre ambas culturas, no sería correcto confiar demasiado en las Historias gentium ya que son relatos fundacionales. En ellos, siempre se incorporan fábulas o leyendas para mitificar la creación de un reino o como bien ha sido dicho antes de una nación.

En mi opinión, lo ocurrido en el siglo V d.C., no fue un proceso de ruptura como viene argumentando la teoría tradicional, sino que las estructuras imperiales desde el siglo III d.C. van, progresivamente, desgastándose hasta que dos centurias más tarde terminan cediendo en la creación de nuevos reinos. Aprovechando esta situación de debilidad, los germanos a través de los propios mecanismos romanos se van haciendo con el poder. Durante ese período de desintegración, se va produciendo en el mundo romano un sincretismo entre ambas culturas. Aunque Roma siempre que pudo mostró un carácter expansionista, también fue asimilando elementos de otras culturas ya conquistadas. Es más, en la leyenda fundacional de la ciudad eterna se encuentran entrelazados tres ritos diferentes: el griego, el etrusco y el latino. En cuanto a lo material, a medida que se iba expandiendo por el Mediterráneo fue adquiriendo objetos de otras sociedades como por ejemplo el puñal bidiscoidal de los celtíberos. Por consiguiente, no es de extrañar y más aún cuando Roma estaba en una situación agonizante que aceptará la entrada de bárbaros con el fin de aliviar el malestar. A pesar de ello, seguramente, se producirían algunas acciones bélicas mínimas porque si algo demuestra la historia es que ante un choque cultural siempre se producen enfrentamientos.

Aitor Sedano Naveria

Fuentes consultadas

BRAVO, G. (coord.), La caída del Imperio romano y la génesis de Europa, Complutense. Madrid, 2001.

BRAVO, G., Revueltas internas y penetraciones bárbaras, Akal.Madrid, 1991.

BRAVO, G., Historia de la Roma antigua, Alianza. Madrid. 2016.

COURMET, M., Los reinos bárbaros en occidente, Press Universitaires de France.París, 2010, Rafael G. Peinado Santaella (trad.).

GOFFART, W., Romans and Barbarians, Princeton University Press.New Jersey, 1980.

LÓPEZ QUIROGA, J., Gentes Barbarae. Los bárbaros entre el mito y la leyenda, Murcia, 2008.

MITRE, E., Los germanos y las grandes invasiones, Moreton, 1968.

WARD-PERKINS, B., La caída de Roma y el fin de la civilización. Espasa.Madrid, 2007.

RUCHESI, F.C., “La identidad y etnogénesis: una aproximación a la problemática de los bárbaros en la antigüedad tardía” en Temas Medievales, Conicet.Buenos Aires, 2012, pp.245-273.

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