Aparece la mazmorra turca donde Drácula estuvo preso

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Vlad el empalador, temido por los mentirosos y respetado por los humildes, que tan bien supo parar la ofensiva de la Media Luna otomana, languideció preso seis años en una mazmorra turca cuando era niño. Ahora, arqueólogos de ese país, han descubierto el túnel secreto de acceso a donde Drácula fue cautivo a principios del siglo XV. Además han hallado almacenes, un deposito militar, y dos celdas, durante un trabajo de restauración del Castillo de Tokat.

La restauración comenzó en el 2009, y en las ultimas 10 semanas, reforzando los bastiones defensivos, ha salido a la luz la galería oculta. “El castillo está totalmente rodeado de túneles secretos. Es muy misterioso” comenta el arqueólogo Ibrahim Çetin, que trabaja en la excavación. Trabajos previos en la fortaleza exhumaron un pasadizo de 100 metros en la fachada norte, que se cree fue usado por las hijas del sultán para llegar a las termas romanas aledañas.

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El castillo de Tokat, en el este de Turquía, donde Vlad Tepes estuvo preso desde los 12 a los 17 años como rehén político.

Vlad III gobernó Valaquia en el siglo XV, y se forjó una reputación de sádico hedonista al torturar a sus enemigos de mil formas, siendo la más famosa de su repertorio el empalarlos desde el ano hasta la garganta para verlos morir entre infinito dolor. Este sanguinario príncipe sirvió de inspiración a Bram Stoker para dar forma al infame conde Drácula, el vampiro que mordía yugulares para alimentarse de fluido carmesí.

El hoy héroe nacional de Rumanía nació en 1431 en Transilvania y murió en batalla en diciembre de 1476 cerca de Bucarest. Fue rehén de los otomanos hasta los 17 años de edad. Luchó por el trono valaco varias veces, y aunque fue depuesto en dos ocasiones, resurgía como un ave fénix, más sanguinario que antes. La ultima batalla la peleó ante la Media Luna, muriendo rodeado de su leal Guardia Moldava ante los incursores turcos (aunque una fuente apostilla que pudo acabar con él un boyardo desleal).

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Unos súbditos valacos alzan a un pobre diablo a punto de ser empalado.

Cuando Vlad tenía 12 años él y su hermano Radu fueron entregados a los otomanos por su padre, Vlad Dracul, como rehenes políticos y retenidos en Anatolia. Radu decidió permanecer bajo el ala del sultán, mientras que Vlad volvió a Transilvania, para descubrir que su padre había sido asesinado y su hermano Mircea enterrado vivo por los nobles de Târgoviste. Algunos historiadores sostienen que eso le marcó a fuego y fue el germen de su futura crueldad. Como adulto cometió indescriptibles excesos, como empalar a 20.000 prisioneros otomanos y enviar sus desgarrados cadáveres a sus madres.

Vlad fue voivoda en tres ocasiones, totalizando solo siete años. No se conoce mucho acerca de su efímero primer periodo (1448). Su reinado fue corto, y Vlad se pasó los ocho años siguientes conspirando para reconquistar el Principado. Finalmente en 1456 accedió al poder por seis años, la etapa mejor documentada, erigiendo a Rumanía en un bastión defensivo ante el avance musulmán. Agotado, tuvo que huir en 1456 a través de los Cárpatos, para acabar en las garras del rey húngaro Matthias Corvinus. Recobró el trono una tercera vez en 1476, pero murió ese invierno a las afueras de Bucarest.

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Vlad III ejecutó entre 40.000 y 100.000 personas durante los siete años que reinó. A pesar de ello hoy se le considera héroe nacional en Rumanía.

¿Cómo pudo hacerse archiconocido en toda la cristiandad en solo siete años?. Se debe a la aplicación severisima de su estricto código moral, afianzando la Leyenda Negra que cronistas alemanes y turcos contaban de él en vida. Tenía propensión a empalar a sus victimas en público para disuadir de comportamientos similares. Se estima que mató entre 40.000 y 100.000 personas de esta manera. Los textos contemporáneos le describen o bien como un tirano psicópata o como un político que anteponía su país ante todo.

Los panfletos germanos, con tintes amarillistas, se deleitaban plasmando grabados con las atrocidades del señor de la guerra. Los rusos preferían presentarle como alguien cruel, pero con un afilado sentido de la justicia y determinación por mantener el orden. Los otomanos se repugnaban de la crueldad aplicada a los vencidos. La tradición oral rumana, preservada hasta hoy por los siglos de los siglos, recuerda a Vlad III como un príncipe que supo detener una y otra vez a los invasores musulmanes. Alguien que supo ordenar un mundo caótico y apunto de desmoronarse; condición sine die de los Balcanes.

Grabado alemán que muestra como el voivoda gustaba de comer observando sus bosques humanos.

Grabado alemán que muestra como el voivoda gustaba de comer observando sus bosques humanos.

El comportamiento de Vlad tiene sentido si analizamos la situación valaca en el siglo XV. El Príncipe se tuvo que enfrentar a la oposición de boyardos codiciosos que sostenían a líderes débiles para proteger sus propios intereses. Otro problema interno era la gran cantidad de aspirantes al trono que dejó su abuelo Mircea el Grande(siendo Vlad hijo de uno de sus bastardos). A esta explosiva mezcla se añade su estricto sentido de la justicia y de la ley; no dudando en empalar al que la infringiera. Desde el punto de vista económico se esforzó por romper el monopolio de los comerciantes sajones en Transilvania(que además financiaban rivales directos), de ahí la inquina de las fuentes germánicas.

Pero su problema más directo fue la ira del sultán de los turcos. El voivoda se negó a pagarle tributo y enviarle hombres jovenes para engrosar las filas jenízaras (esclavos adoctrinados en el Islam y entrenados como una élite). Con un ejército superado en tamaño, Vlad no dudó en replegarse, aplicando una política de tierra quemada. Destruía sus cosechas y granjas y se retiraba al interior, no dudando en enviar infectados al campamento otomano. Lo que sigue lo cuenta el historiador griego Chalkondyles:

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Vlad Dracul fue respetado por los humildes y temido por la nobleza, los comerciantes extranjeros y sobre todo por los invasores turcos.

El  Sultán marchó cinco kilómetros cuando vio a sus hombres empalados; el ejército se encontró con un terreno sembrado de estacas, de cerca de tres kilómetros de largo por uno de ancho. Y había grandes participaciones en que se podían ver empalados cuerpos de hombres, mujeres y niños, unos veinte mil de ellos, todo un espectáculo para los turcos y el propio sultán! El sultán, asombrado, decía que no podía conquistar el país de un hombre que podía hacer cosas tan terribles y antinaturales, y poner su poder y sus súbditos de dicho uso. También solía decir que este hombre que hizo tales cosas sería digno de más. Y los otros turcos, al ver a tanta gente empalada, tenían miedo de salir de sus ingenios. Había bebés aferrados a sus madres en las estacas, y los pájaros habían hecho nidos en sus pechos. 

Por eso cuando en el invierno de 1476 se consiguió dar muerte al voivoda, que expiró alanceando a cinco o seis enemigos, se envió su cabeza a Constantinopla preservada en un barril de miel. La testa se colgó en la cima de la torre más alta de Estambul para que todos supieran que al demonio transilvano le había llegado la hora. Olas de alegría recorrieron el Mediterráneo Oriental y en Hungría y Valaquia muchos suspiraron aliviados, a partir de entonces las guerras fueron menos sangrientas, aunque se abrieran las puertas de los Balcanes de par en par a la ofensiva de la Media Luna.

Carlos de Lorenzo Ramos

c.d.lorenz@hotmail.com

 

 

 

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