Ricardo III, el monarca guerrero que murió por su oscuro corazón

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Ya han pasado dos años desde que se encontraran bajo la iglesia de la hermandad franciscana de los Grey Friars (Leicester), actualmente un aparcamiento, los restos óseos del último rey inglés en morir en un campo de batalla, Ricardo III (1452-1485), y su historia sigue en boca de todos.

De aquel monarca que murió peleando, con la palabra “¡traición!” tres veces en sus labios, se ha dicho a lo largo de los siglos que tenía un corazón oscuro, que era un asesino jorobado –siempre inspirado en el Ricardo III, inmortalizado por Shakespeare-, pero nunca ha surgido una leyenda en la que se dijera que era un gran gobernante. Quizá esto se debía a la propaganda que le dieron sus rivales y verdugos en la Guerra de las Dos Rosas, los Tudor, o por la forma en la que su ambición de poder le cegó y encerró a sus dos sobrinos, de los que nunca se supo nada más, en la Torre de Londres cuando murió Enrique IV, al ser los siguientes en la línea de sucesión. Algo que ha cambiado durante la última centuria, donde su corazón blanco ha prevalecido sobre el negro.

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Oleo anónimo del último rey inglés que pereció en combate.

Desmond Seward (historiador especializado en Gran Bretaña, Francia y el final de la Edad Media) considera que Ricardo III tuvo un corazón negro, pero porque él toma el perfil retratado por Tomás Moro para el relato de la vida del monarca: “Pese a que Sir Tomás Moro era poco fiable sigue siendo la fuente de información más completa sobre la vida de Ricardo III…es innegable que su historia tiene muchos defectos”, manifiesta el estudioso a medios británicos.

El historiador autor de biografías como la de Enrique IV de Francia o la Guerra de las Dos Rosas afirma que Moro “dramatiza” muchos a los personajes principales y otras cosas más, como la edad de Eduardo IV, el nombre cristiano de Lord Hastings o confunde a Eleanor Butler con Elizabeth Lucy.
A pesar de todo, Seward defiende que los manuscritos que poseemos de Moro eran, en un principio, un borrador que nunca pudo terminar: “Sir Tomás tenía fuertes convicciones morales sobre la vida pública y, sin duda, quería contar una buena historia. Nunca hay que olvidar que él era una de las mentes más inteligentes de Europa”. Este historiador finaliza en que Ricardo III era oscuro, pero no un monstruo. Prefiere quedarse con otra descripción de Shakespeare en la que decía que era un “sombrío joven inglés pionero de ‘El príncipe de Maquiavelo’”.

Copiosos banquetes e ingesta desmesurada de alcohol

Un rey que está de actualidad, aparte de por si tuvo un corazón negro o blanco, por la vida que llevó durante sus cortos 32 años gracias al estudio de su osamenta y de varios de sus dientes exhumados por parte de la Universidad de Leicester y el British Geological Survey.

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Osamenta de Ricardo III, exhumada bajo la iglesia de Grey Friars, en Leicester.

Tras analizar diversos isótopos (de oxígeno, estroncio y nitrógeno, entre otros elementos), llegaron a la conclusión de que Ricardo III llevó una auténtica vida epicúrea, pese a los efímeros 26 meses que duró su reinado. Al rey inglés le encantaban el vino y la cerveza–bebía más de uno y tres litros diarios, respectivamente-, además de otras bebidas espirituosas, y se pegaba unos copiosos banquetes en los que devoraba peces de agua dulce y aves, como cisnes, garzas y garcetas. Incluso el estudio de sus dientes reveló cambios en su dieta cuando accedió al trono.

Un descubrimiento de huesos “millonario”

A los habitantes de Leicester les da ‘igual’ la dieta, vida y milagros que tuvo el Rey Ricardo III. A ellos lo que les importa es que el museo levantado con sus restos siga dejando importantes sumas de dinero en las arcas locales.

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Reconstrucción de la cara de Ricardo III en base al cráneo encontrado y a las pinturas que tenemos de él. Notese la calavera cruzada por el tremendo tajo transversal que le propició Wyllyam Gardynyr con un hacha.

Desde que se descubriera, allá por septiembre de 2012, la osamenta del monarca británico, la economía de Leicester se ha impulsado en unos 45 millones de libras esterlinas, impulsando el turismo en el condado en un 6%, mientras que en los circundantes apenas llega al 3%.

El Centro de Visitantes Rey Ricardo III está ubicado en los nuevos jardines de la Catedral de Leicester, donde custodia la entrada a ellos una estatua del monarca embutido en su armadura sosteniendo su corona en la cabeza y agarrando su espada con ambas manos.

Un lugar por el que, en apenas un mes de vida, ya han pasado 1.000 personas, por lo que el objetivo de llegar a los 100.000 antes de que los restos óseos del Rey regresen a la Catedral en marzo del curso que viene para darle un entierro digno es muy probable.

El punto álgido de este centro es la última atracción: la batalla en la que Ricardo III perdió la vida, la de Bosworth. Pero antes de llegar a ese punto, los visitantes inician su recorrido en un claustro medieval, donde se encuentran, en tamaño real, cara a cara con las personas que rodearon al monarca a lo largo de su historia, así como proyecciones de películas en tiempo real  en el escenario.

Ignacio Torres Guerrero

https://twitter.com/nacheras84

Para saber más:

Ricardo III, el último rey inglés en morir en un campo de batalla

 

 

 

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