El Banco de Semillas de Leningrado

cerco de leningrado hambre cadaveres

Durante el cerco de Leningrado (8 de septiembre de 1941-27 de enero de 1944) murieron un millón de civiles, de hambre, de frío y por la artillería enemiga.

El Banco de Semillas de Leningrado, la historia de como 13 científicos soviéticos preservaron, muriendo de hambre, la herencia genética de semillas de todo el mundo durante el Cerco de los 900 días

Resulta imposible cuantificar en el seno de un acontecimiento histórico de la talla de la Segunda Guerra Mundial, la inmensa cantidad de historias de sacrificio, entrega y heroísmo que pudieron darse en todos los bandos y que lograron resplandecer entre la espiral de sufrimiento y destrucción que provoca un acontecimiento de dichas características. Estas historias no se circunscriben siempre al ámbito militar y es menester recordar también los padecimientos de la población civil y el heroísmo con el que muchas veces se desenvuelve ante las situaciones más desesperadas.

En este caso la historia nos sitúa en la ciudad soviética de Leningrado, ciudad que albergó durante la segunda guerra mundial uno de los bancos de semillas más importantes y extensos del mundo y que fue heroicamente custodiado por un grupo de científicos que llevaron la defensa de la ciencia y el sacrificio por la patria hasta sus últimas consecuencias.
La plaza de Leningrado (San Petersburgo en la actual Rusia, antigua Petrogrado) supuso durante la Segunda Guerra Mundial un enclave estratégico de vital importancia. La ciudad, cuna de la revolución bolchevique y por tanto un bastión ideológico de la URSS, se situaba en una franja de tierra entre el mar Báltico y el Lago Ladoga, en la frontera entre la URSS y Finlandia. Tras la guerra que enfrentó a estas dos potencias, los territorios arrebatados por la URSS (a un alto coste) habían conseguido establecer una franja de tierra amplia entorno a la ciudad de Lenin.

Estación Experimental Pavlovsk

Estación Experimental Pavlovsk.

Pese a todo, y tras el ataque de Alemania sobre la URSS el arrollador avance de los ejércitos germanos pronto alcanzó la estratégica ciudad y los primeros días de Septiembre de 1941 comenzó un largo y penoso asedio que se prolongaría durante casi tres años.

En este dramático contexto un grupo de científicos protegían un inusual tesoro en las entrañas de la ciudad: un banco de semillas.

El banco pertenecía al Instituto Industrial de la Planta de toda la Unión, una institución fundada en 1921 por el biólogo botánico Nicolai Vavilov y pretendía constituir un reservorio de especies vegetales  con el fin de desarrollar híbridos y potenciar las capacidades útiles de los vegetales. Uno de los objetivos principales del banco era erradicar el hambre mediante la mejora nutritiva de las especies de consumo. Para 1940 el banco contaba con un amplísimo inventario de semillas, con miles de ejemplares de especies de todo el planeta.

cientifico vavilov sello

Nikolái Vavílov (1887-1943). Botánico ruso que identificó los centros de origen de muchas plantas cultivadas. En 1940 fue encarcelado por ser un defensor de la genética, una “seudociencia burguesa”. Murió en prisión.

Las semillas se almacenaban a unos 40 kilómetros de Leningrado, en la pequeña localidad de Pavlovsk. Tras el ataque alemán a la URSS se dio inmediatamente la orden de traslado del valioso cargamento de semillas hacia la ciudad de Leningrado y a pesar del rapidísimo avance de las divisiones alemanas se consiguió por poco poner a salvo del cargamento. El plan original era la evacuación del mismo hacia un lugar más seguro, sin embargo finalizada la primera semana de septiembre todas las vías de Leningrado habían sido cortadas por los alemanes y la ciudad totalmente aislada. El banco quedó por tanto en su almacén provisional, bajo responsabilidad de los 13 científicos que lo custodiaban.

Mientras tanto la ciudad permanecía bajo constantes bombardeos y hacía frente al frío y al hambre. La situación se tornó realmente desesperada, agravada por inviernos especialmente fríos y por los bombardeos y acoso constante de los sitiadores. Por toda la ciudad se improvisaron huertos y se racionó la comida de forma tremendamente estricta. A pesar de ello el hambre y otros padecimientos se cobraron multitud de víctimas, llegando a darse casos de canibalismo.

Las declaraciones de uno de los testigos del asedio resultan elocuentes:

“En la ciudad, ningún árbol tenía corteza por debajo de la altura que podía alcanzar el hombre de mayor estatura. La habían arrancado para hervirla y aprovechar los nutrientes que pudieran contener, y también hacían con ella un ungüento para aliviar el dolor de estómago. Toda clase de animales —perros y gatos, gorriones y cuervos, ratas y ratones— sirvieron de alimento, y más tarde incluso se consumieron sus excrementos. Se hacía caldo con los bulbos de los tulipanes robados de los terrenos del instituto de Botánica, con agujas de pino, ortigas, coles podridas, piedras cubiertas de liquen, botones de cuerno arrancados de abrigos que antaño habían sido elegantes. A los niños se les daba de comer brillantina para el pelo, vaselina, cola de pegar. De las fábricas cerradas se sustraían las correas de piel de cerdo y la cola de pescado, que luego se hervían para obtener gelatina…”

el banco por dentro

Interior de el Banco de Semillas.

Aun así el banco de semillas permaneció a salvo gracias a la guardia de los científicos, conscientes de que de ser descubierto y ante la desesperación (y el desconocimiento de su importancia) podría ser saqueado. Parece ser de hecho que tuvieron que hacer frente a algún que otro asaltante y combatir continuamente las hordas de roedores que pretendían alimentarse del copioso cargamento de semillas. Aun con todo no abandonaron su puesto en tres años en los cuales más de un millón de personas murieron en su gran mayoría de hambre y frío.

En Enero de 1944 el Ejército Rojo rompió el cerco y puso fin a 900 días de asedio. Sin embargo la liberación llegó tarde para los 13 científicos y el cargamento de semillas fue descubierto junco con los cadáveres de sus guardianes, vencidos uno a uno por el hambre custodiando toneladas de alimento.

11909775_10153066193833372_1896940563_n

La gente cultivaba sus huertos donde podía, incluso en las plazas públicas.

Alexander Shukin, Lejnovich, Olga Voskrensenkaia, Ivanov… son algunos de los nombres de estos héroes civiles de la Segunda Guerra Mundial, que no dudaron en sacrificar sus vidas en defensa del futuro de la ciencia y de su patria.

Aunque su sacrificio pueda parecer desmesurado los científicos eran conocedores de la vital importancia que tenía aquel cargamento tras el fin de la guerra y no se equivocaban.  Las semillas fueron utilizadas para replantar los campos arrasados por la guerra, empleando cada variedad de grano en el terreno y clima más acorde con lo que se consiguió optimizar en gran medida la producción agrícola de los pueblos soviéticos en la postguerra. Se calcula que casi un 80% de los cultivos soviéticos posteriores a la guerra se obtuvieron de las variedades de semillas de aquel cargamento, por lo que se puede afirmar que el sacrificio de los 13 científicos logró salvara  muchos del hambre y la devastación causadas por la guerra.

César Rodríguez Logares

Philippe Leclerc, liberador de París y criminal de guerra

escuadron leonidas

“Señor, usted también lleva uniforme extranjero, ¡el “americano”!. Instantes después Leclerc dará la orden de fusilar a los soldados de la División Carlomagno.

El general de la Francia Libre Philippe Leclerc liberó París en 1944, convirtiéndose en héroe de la Segunda Guerra Mundial. También ordenó fusilar a 12 soldados franceses de la División Carlomagno, sin juicio previo, por una falta de respeto

Decir Philippe Leclerc es nombrar al héroe que liberó París al mando de la 2º División Acorazada francesa durante la Segunda Guerra Mundial. Su formación estaba compuesta por franceses y por un nutrido grupo de republicanos españoles exiliados, “La Nueve”. Poco conocida es su cara oscura, la que mancha el nombre eternamente: su faceta de asesino, de criminal de guerra. El general Leclerc fusiló sin juicio previo a 12 soldados de la 33 ª Waffen Grenadier-Division der SS “Charlemagne” (traidores encuadrados en el ejército alemán para luchar contra el comunismo soviético) el 8 de mayo de 1945, el día que se rindió la Wehrmacht. Su división dejó un reguero de sangre desde Normadía a Brechtesgarden, el Nido del Águila de Hitler. Crímenes de guerra que nunca fueron juzgados. No se podía encausar a un paladín de la Francia Libre.

pows1

En primer plano el teniente Briffaut, con uniforme de la wehrmacht. Detrás Serge Krotoff, hijo de un emigré ruso blanco y nacido en Madagascar. Mirando con desprecio a la cámara el teniente Daffas. Morirán con dignidad, desafiando a las balas.

El 6 de mayo llegó Leclerc a su cuartel general de Bad Reichentall tras limpiar Alsacia de resistencia y penetrar en la Alta Baviera. Alineados frente a él se encontraban 13 prisioneros en uniforme feldgrau. Cuando le informaron de que la docena de prisioneros eran franceses que habían combatido bajo las armas nazis en Rusia, Leclerc entró en cólera. Los rendidos desafiantes, pero abatidos; el general gaullista orgulloso, con el mentón alto. Pronto se intercambian duras palabras, elevando la tensión. Leclerc les acusó de llevar un uniforme extranjero, alemán y de las SS. Con sangre fría le respondió un divisionario: “Señor, usted también lleva un uniforme extranjero, ¡El americano!”. Acto seguido Leclerc, preso de la furia, ordenó la ejecución de estos hombres por “insolentes”, sin corte marcial ni juicio previo.

Los hombres fueron fusilados a las 17h el 8 de mayo de 1945 en Karlstein, en la Alta Baviera. Bajo la presión de dos capellanes católicos, los padres Fouquet y Guillaume, Leclerc concedió asistencia religiosa a quienes la solicitaran. Estuvieron presentes el general, los religiosos, los tenientes Cortadellas y Ferrano (un republicano español exiliado) y el pelotón de fusilamiento. El joven teniente Cortadellas estaba perplejo por su fratricida misión e intentó desobedecer, pero no tenía opción. Por lo menos trató dignamente a los de la Carlomagno. Les fusilaron en grupos de cuatro. Todos se negaron a ser disparados por la espalda y con un vendaje en los ojos, como Leclerc estipuló inicialmente, y murieron dando la cara con un “Vive la France” en los labios. Los cadáveres quedaron insepultos en el claro.

428384_1

Soldados de “La Nueve”,9ª Compañía de la 2ª División Blindada de la Francia Libre, entran en París con banderas republicanas en sus vehículos.

Tuvieron que ser los paracaidistas norteamericanos los que inhumaran a los franceses tres días más tarde. Tras la guerra Leclerc evitó hablar de la masacre de Bad Reichentall como un “asunto turbio”. La ejecución se supo gracias al padre Maxime Guillaume (1911-1995), que intentó ponerse en contacto con los familiares de los SS tras la guerra.

Se dice que en el grupo de doce había un soldado más al que Leclerc salvó por ser hijo de un amigo suyo, general gaullista. El destino alcanzará al héroe de guerra en 1948, cuando su avión se estrelle en Argelia. Entre los humeantes restos encontraron a Leclerc y 12 hombres más. Al decimotercer pasajero no se le pudo identificar, ¿justicia divina?

Tanto el historiador Daniel Guérain como Frederick Pohl han contrastado historias de asesinatos a prisioneros de guerra alemanes por parte de la 2º Demi Bridage. Robert Galley, posteriormente ministro gaullista, fue especialmente cruel al reunir alemanes dentro de una granja y arrojar granadas en su interior. Las memorias del soldado Pierre Quillet de la primera compañía de la 501 RCC confirman la historia de Guerain. “El 14 de agosto de 1944, los hombres de Galley descubrieron a un sacerdote de aspecto dudoso. Pronto le interrogan de malas maneras en la sacristía. Mientras le golpean inmisericordemente descubren un tatuaje de las SS en el brazo izquierdo del interrogado. El SS fue quemado vivo y murió retorciéndose de dolor como una antorcha humana”, asegura Quillet.

Bad reichenhall 5

Losa fúnebre que recuerda a los cinco divisionarios identificados de la masacre de Bad Reichentall.

Más historias de crueldad de Robert Galley. Cuando los Aliados entran en Estrasburgo un alsaciano denuncia a una pareja que vive en el barrio. Dentro de la casa se encuentra una gran suma de dinero y documentos que no tienen tiempo de ocultar. Sin perder tiempo se decide que son espías del Abwehr, el servicio secreto alemán, y Galley coge un rifle y los ejecuta sin piedad. El 2 de diciembre, también en Alsacia, tras duros combate en Herbsheim, unos 50 alemanes se rinden ante División Leclerc. Galley da la orden de juntar a todos los SS, o aquellos que premeditadamente tratan de ocultar su rango, detrás de una iglesia, donde se fusilará a una treintena de ellos. También se narra una matanza un oficial de las SS y a rusos de las ostlegionen quemados vivos por violar a una muchacha.

Los franceses de la Carlomagno no estaban protegidos por la Convención de Ginebra, eran considerados por la Francia Libre traidores en uniforme feldgrau, pero una ejecución el día que acababa la guerra en Europa solo es venganza, vil asesinato. “Uno se entiende mejor con un enemigo que con un traidor.” Frase de un veterano de la Guerra de las Malvinas.

Carlos de Lorenzo Ramos

c.d.lorenz@hotmail.com

Para saber más:

Solo temían que el cielo les cayera encima: División Carlomagno http://wp.me/P2WXD6-cG