La agricultura, el cáncer de la humanidad

neolitic

¿Fue la agricultura el avance decisivo para la conquista de todos los rincones del orbe?, ¿fue el milagro que salvó a la humanidad o el mal necesario?

Hace 10.000 años la humanidad inició una nueva etapa tecnológica que la permitió expandirse y crecer exponencialmente por los cinco continentes a una velocidad artificial: el Neolítico. Fue la agricultura el factor clave que permitió a los cazadores-recolectores palestinos dar el salto del Paleolítico a la Nueva Edad de Piedra. Los antropólogos del XIX vieron esta innovación como un avance prodigioso, tesis que se ha mantenido hasta hace poco, cuestionada por nuevos descubrimientos que se plantean si la agricultura fue el milagro que salvó a la humanidad, o más bien el mal necesario.

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Mapa del surgimiento de la agricultura en distintas partes del mundo.

Los homínidos (el homo sapiens y sus predecesores), llevaban 1,5 millones de años alimentándose como cazadores-recolectores, con un cuerpo y tracto digestivo adaptado a ese régimen alimenticio y estilo de vida nómada. Con la aparición de la agricultura modificamos la dieta y las costumbres en un proceso de tan solo 8.000 años. El ser humano no ha mutado biologicamente en ese porcentaje del 1% de su existencia; no ha dado tiempo. Como la tesis de Lamarck, en la que las adaptaciones vitales de los padres se pasaban a los hijos, están superadas, haremos caso a las leyes de la genética de Mendel y Darwin. Aún somos biologicamente cazadores-recolectores: veamos el daño que los granos y cereales producen en nuestro inadaptado cuerpo.

El nutricionista John Yudkin, autor del profético libro “Azúcar: la verdad amarga”(1972) prueba que los seres humanos están mal adaptados a consumir cereales. Las alergias difundidas afectan incluso a poblaciones modernas, que han hecho del grano la base de su pirámide nutricional (basada en estudios financiados por las grandes compañías cerealeras). Todos los granos contienen ácido hexafosfórico, que impide una buena absorción del calcio y lleva a insuficiencias vitaminicas.

Nuestros ancestros comían esporádicamente, no picoteaban cada tres horas como hoy en día, por lo que su organismo forjado a través de generaciones de abstinencia, ayunos y comilonas, tendía a almacenar energía como grasa para usarla en tiempos de escasez. Cuando consumimos más carbohidratos (azúcar) de los necesarios y las reservas de glucógeno de los músculos están repletos, el cuerpo almacenará las calorías sobrantes como tejido adiposo.

megafauna

Los cazadores-recolectores se alimentaban de megafauna. Cuando agotaron el recurso se vieron obligados a buscar otras fuentes de energía.

En los años 70 en Estados Unidos nació la pirámide de alimentación. La misma que nos enseñaban en el colegio. La idea de una dieta equilibrada era comer muchos hidratos de carbono (pan, pasta, arroz y azúcar), pocas proteínas (carne, pescado, huevos) y casi nada de grasa. Esa dieta ha producido la generación más gorda y enferma de la historia de occidente.

Si los cazadores paleolíticos no pasaban hambre y tenían a su disposición proteínas y una dieta más variada que nosotros, y casi con menos o igual esfuerzo, los antropólogos se han preguntado porqué se cambió de hábitos de vida a nivel global. La teoría más convincente sostiene que la presión demográfica de los primeros agricultores de trigo (8.500 a.C) forzó a las poblaciones vecinas al sedentarismo. La explosión demográfica disminuyó los recursos disponibles e hizo inviables los medios de caza y recolección tradicionales. El Hombre debía adaptarse a este desequilibrio con su ecosistema o morir. En la naturaleza las especies animales reaccionan a la superpoblación con gran mortandad y muy pocas con un cambio biológico efectivo. En nuestro caso el milagro que posibilitó ese salto hacía adelante fue la agricultura.

Dentro de las ventajas de la agricultura sobre la caza encontramos: más calorías por unidad de tierra por unidad de tiempo (capaz de alimentar a poblaciones más numerosas). Los cereales forman grupos densos de fácil recolección, acceso a calorías  de forma asequible y grandes posibilidades de almacenamiento. El valor nutritivo de los cultigenos fue adaptándose poco a poco, sin darse cuenta. Los labriegos solo cuidaban las plantas más apetitosas en detrimento de las no saludables o de poco valor nutritivo y priorizaban las que tenían hiperdesarrollada la parte comestible.

Asentamiento neolítico.

Asentamiento neolítico.

Una de las desventajas más evidentes de este sístema son las hambrunas de las especies cultivadas por el Hombre, sin ir más lejos la hambruna de la patata de Irlanda de 1845. Y otra no tan evidente es el grotesco aumento de población propiciado por más “adelantos” tecnológicos. La esperanza de vida se redujo de 30 a 20 años, y la talla disminuyó del 1,75 a menos de 1,60. No se equivocaban los que se mofaban de las palabras de Jesucristo en la Biblia: “da a un hombre un pez y comerá un día, enseña a un hombre a pescar y acabará con todos los ecosistemas”.

La dieta paleolítica, o del hombre de las cavernas, surge para dar respuesta a los desajustes alimenticios de la obesa sociedad occidental moderna. Parte de un mejor conocimiento del funcionamiento del cuerpo humano y ha sido abanderada por deportistas que ya tenían claro que el azúcar y los productos procesados eran perniciosos, pero que han dado un paso más. Se centra en el uso de los alimentos disponibles en esa época y se compone principalmente de carne, pescado, frutas, verduras, frutos secos y raíces, así mismo excluye granos, legumbres, productos lácteos (para los intolerantes a la lactosa), azúcares refinados y aceites procesados. Los adeptos han visto aumentar su rendimiento deportivo, disponen de más energía a lo largo del día, pasan menos hambre y su grasa corporal se ha reducido a un límite sano.

En este marco, nos preguntamos si la agricultura significa el progreso o con las innovaciones tecnológicas pretendemos acercarnos a ese antiguo status quo. Nuestra actual pirámide de alimentos es una “anomalía histórica”.

Carlos de Lorenzo Ramos

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