Lauri Torni, el soldado que luchó por Finlandia, las Waffen SS y murió en la guerra de Vietnam

lauri torni en vietnam 1965

El capitán Larry Thorne (Lauri Torni), a la izquierda, antes de subir al helicoptero Sikorsky para su última misión, 18 de octubre de 1965.

El capitán Larry Thorne murió por EEUU en la Guerra de Vietnam, pero antes luchó por Finlandia y para las Waffen SS durante la Segunda Guerra Mundial

Los rotores de un Sikorsky H – 34 que volaba bajo por las selvas y montañas de Vietnam del Sur tenían un sonido siniestro para el capitán Thorne, que supervisaba las todavía labores clandestinas de los Boinas Verdes estadounidenses para blindar al incipiente Estado del magnetismo de la revolución comunista y campesina de Ho Chi Minh, en el norte.

Fu, fu, fu, fu, fu.

Las aspas cortaban el aire húmedo de Indochina y dejaban un sonido inconcluso, una melodía de incertidumbre. Parecían los órganos de Stalin (los lanzacohetes múltiples Katyusha BM-8/BM-13, BM-14, BM-21, BM-27 y BM-30), quemando las nieves perpetuas de Finlandia, que lo forjaron desde joven. Ahí seguro se trasladó a sus memorias de la SGM, y recordó el miedo que le daba a sus hermanos finlandeses esa música destructiva, y la valentía con que arengaba entre aquellos duros inviernos entre el 39 y el 41, y la rabia con la que repartía plomo a filas y filas de rusos.

mapa de la guerra de continuacion

Mapa de la Guerra de Continuación, 1941-1944, en la que Finlandia se enfrentó a la URSS junto a Alemania.

De esta forma, pronto fue ascendido a capitán en el pequeño pero sañudo Ejército de Finlandia, y entrenado por las Waffen SS alemanas durante siete semanas en Viena. Cuando volvió a su país incluso como Segundo Teniente de las SS, se convirtió rápidamente en uno de los efectivos más destacados en la Guerra de Continuación (1941-1944) que libraba Finlandia contra los soviéticos. Dirigiendo una unidad de infantería (las mismas que simbolizaron el conflicto recorriendo en esquí el vasto y plano territorio finlandés), fue ganando rápidamente fama.

Los soldados bajo su mando pronto utilizaron un relámpago con una T (de Törni), como insignia de la unidad, y advertencia de la rapidez con la que destrozaban filas soviéticas. El grupo de 60 efectivos empezó a ser conocido como “Destacamento Törni”, y se especializó en labores de sabotaje y reconocimiento. Durante esos años fríos, Törni sería el único oficial finlandés sobre el cuál Stalin ofreció una recompensa (3 millones de marcos finlandeses), para quien lo entregara. Y burló también todo esto. En cualquier caso, los soviéticos serían a la postre el bando que derrotaría de forma contundente a los nazis, y ni los finlandeses se mantendrían resistiendo como piedra en el zapato tras algunos años.

lauri torni 1944 guerra de continuacion

Lauri Torni, en el centro, junto a otros miembros de su destacamento en 1944. Se hicieron famosos por sus sabotajes y misiones de reconocimiento.

Törni era ya un ferviente anticomunista, y quería seguir la lucha. Así fue reclutado por un movimiento insurgente pro-alemán (los finlandeses se vieron luego forzados a combatir a los nazis que estaban en el país durante la Guerra de Laponia, tras la firma del Armisticio de Moscú, en septiembre del 44), y estuvo algunos meses de 1945 en Berlín, siendo entrenado en tareas de sabotaje por la Kriegsmarine. Los rusos avanzaban rápidamente, como si buscaran dejar en ridículo lo que alguna vez fue la atemorizante Blitzkrieg.

destacamento torni 1943

Parche del “Destacamento Torni”.

Para cuando Törni terminó su entrenamiento, los Aliados ya tenían cercados a los nazis y taparon sus salidas. No encontró puerto que lo llevara a Finlandia. Entre abril y mayo de 1945 fue arrestado por los ingleses y llevado a un campo de prisioneros de guerra, del que escapó en junio. Volvió a Finlandia como un traidor que se unió a los alemanes. Fue encarcelado tres veces en su país, entre 1945 y 1947, y la última de estas fue condenado por traición a siete años de prisión.

El presidente Juho Paasikivi lo amnistió en 1948, con lo que iniciaría un largo trayecto rumbo a una vida en la que intentaría sepultar en el pasado los crímenes y asesinatos que cometió, y su estrecha vinculación con uno de los cuerpos más sanguinarios de la locura nazi, las SS.

Más sed de sangre comunista

Cruzó en 1949 la frontera rumbo a Suecia, acompañado de su amigo Holger Pitkänen. Fue recibido por la baronesa Von Essen —conocida ahora en la historia por alojar a muchos oficiales finlandeses fugitivos tras la SGM—. Su amigo fue apresado y devuelto a Finlandia, él contó con suerte, al punto de que conoció a Marja Kops, con la que se comprometió.

Su paranoia lo llevó a cruzar el Atlántico rumbo a Venezuela, en 1950. Allí fue ayudado por otro militar finlandés, Matti Aarnio, quien le informó que EE.UU. estaba dispuesto a aceptar una legión de experimentados combatientes anticomunistas, con la Guerra Fría escribiendo incipiente sus primeros capítulos.

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Video del grupo de metal sueco Sabaton dedicado a Lauri Torni, llamado “Soldier of three armies”. PINCHA PARA VER.

Vio ahí su oportunidad, y se embarcó pronto en el navío sueco MS Skagen, entre cargamentos y libros. A la altura de Alabama los marinos le dieron la señal que esperó durante semanas; se lanzó al agua y nadó a toda máquina rumbo a la orilla. Era ya un refugiado político y empezó a mover sus fichas. Encontró, durante tres años o más, en la comunidad finlandesa de Estados Unidos, un refugio. Eso le sirvió para aguantar hasta que el Congreso estadounidense aprobó el Acta Lodge-Philbin, que ofrecía la nacionalidad a los extranjeros que hicieran carrera militar.

La alegría bélica, la adrenalina, volvió. Pronto lideraba el grupo “Los hombres de Marttinen”, de finlandeses en el Ejército de EE.UU. De inmediato el talento y la astucia que lo caracterizaron en la guerra contra los rusos salió a flote, e ingresó en las Fuerzas Especiales compartiendo su conocimiento en supervivencia, montañismo, guerra de guerrillas, entre otros asuntos. Ascendió a teniente primero en 1957, a capitán en 1960.

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Larry Thorne con su nueva identidad de capitán norteamericano.

Aprendió él a su vez de los norteamericanos en sus fuertes, tal como el paracaidismo en la Escuela Aerotransportada del Ejército “Escuela de Salto”, y diversidad de estrategias en la Escuela de Candidatos a Oficiales. Solo faltaba entrar nuevamente en guerra.

Estados Unidos llevaba 6 años con la papa caliente de Indochina en sus manos, desde la humillante salida de los franceses ante las tácticas de desgaste de Vo Guyen Giap, el carisma de Ho Chi Minh, y la sed de independencia de un pueblo oprimido por siglos —si es que no milenios—. Como de costumbre por esos años, Washington pensó que debía implementar una política exterior como la que le garantizaba el control de Latinoamérica: el apoyo a gobiernos autoritarios, las constantes traiciones y conspiraciones, el trabajo sucio de la inteligencia, la alianza con criminales o mafiosos.

En la selva de Vietnam, entre licores de arroz, avispas y cantos budistas, todo ese cometido se embrujó, se infectó, se envenenó. Mientras que Hanói brillaba por su revolución y unidad, el Sur se mantenía con dictaduras corruptas y artificiales, que no dudaban en reprimir cualquier reivindicación social. En ojos del pueblo vietnamita, era claro qué estaba mejor. Siempre estuvo convencido de ello, tanto que el Norte pedía con prepotencia celebrar elecciones, previendo unificación y el consecuente final de Vietnam del Sur como intento de nación.

mapa de la guerra de vietnam 1965

Mapa de la Guerra de Vietnam, 1965.

Nacía el Frente Nacional de Liberación de Vietnam (FNLV) “Viet Cong”, en 1960. Cualquier pantano harapiento era ahora un importante frente de batalla en la Guerra Fría. Endiosado en nombres de aeropuertos, filmes y tumbas, John F. Kennedy fue el mandatario estadounidense que decidiría un papel más agresivo de Estados Unidos en Indochina. Su entrada fue desesperada, viéndose en 1961 humillado por el comunismo en escenarios como Bahía de Cochinos (victoria cubana), Berlín, entre otros. “Ahora tenemos serios problemas en hacer nuestro poder creíble, y creo que Vietnam parece el lugar para hacerlo”, dijo al periodista James Reston de The New York Times tras una tensa reunión con la contraparte, Nikita Krushev.

La cifra de soldados estadounidenses asesorando al régimen survietnamita se triplicó en 1961, y nuevamente en 1963, tras el asesinato de JFK. Törni llega a la sangrienta Guerra de Vietnam en esa segunda oleada, quizás con la mente tranquila, como todos los demás al principio de la contienda, luchando aunque de forma solapada entre las sombras de la multitud de arboles que cubren Indochina. Intentando que los survietnamitas combatieran con éxito por ellos mismos, un objetivo que nunca cuajó plenamente y que siguió marcando el fracaso del experimento estadounidense hasta 1975. Precisamente, los años de Törni en Vietnam, los últimos de su vida, fueron los de la esperanza yankee.

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John F. Kennedy se metió a la desesperada en la Guerra de Vietnam, triplicando la cifra de asesores militares en 1963.

Los comunistas eran golpeados duramente en distintos frentes y pantanos. 1964 y 1965 fueron dolores de cabeza para Guyen Giap. Los soldados y guerrilleros muertos se contaban por decenas de miles (las cifras del bando ganador por año son difusas, en parte por la censuradora y bastarda Guerra Fría). El hecho es que retrocedieron las filas de Ho Chi Minh, como tal vez él no lo había anticipado con tal apoyo popular, y esto suscitó una profunda reflexión que empezaría a germinar para que años después, como un cáñamo vietnamita del que tanto fumaron los marines, floreciera la victoria del comunismo.

La reflexión de 1965 dejó estos pilares que guiarían la estrategia norvietnamita y el exitoso conflicto de desgaste que iniciaría, tal como explica María Largo Alonso en “La guerra de Vietnam”:

– Mantener el apoyo campesino con una incansable campaña de adoctrinamiento (y de terror, por supuesto). – Rehusar el combate en campo abierto o en terreno fácilmente abarcable (usar la selva a favor).

– Luchar siempre utilizando la flexibilidad, la dispersión y la sorpresa, para evitar el fuego de artillería.

– No permanecer demasiado tiempo en la misma posición y abandonarla en cuanto sus adversarios ofrecieran excesiva resistencia (incluso usualmente lanzaban tres granadas de mortero y se marchaban antes de ver donde caían).

– Continuar la construcción de túneles, tanto en las llanuras como en colinas, para contar con un refugio relativamente seguro y poder evaporarse delante del enemigo (especial énfasis en la logística y los suministros, la Ruta Ho Chi Minh se vuelve clave).

– Tener paciencia y perseverar por la convicción de que una sociedad industrializada no puede mantener por mucho tiempo una guerra costosa sin resultados exitosos más o menos inmediatos.

– Compartir todos las mismas condiciones de vida y hacerlos sentirse partes de una lucha común. Así los oficiales norvietnamitas solían vivir en los mismos agujeros que sus soldados, los miembros del politburó de Hanói solían adentrarse en la Ruta Ho Chi Minh para animar a los zapadores y a las Brigadas de Choque de las Juventudes especiales.

Green Berets Captain Larry Thorne (aka Lauri Törni) in Vietnam

El capitán Larry Thorne de los Boinas Verdes en una misión en la jungla vietnamita, 1965.

Törni tuvo en todo caso la oportunidad de despedazar en reiteradas ocasiones y con pesadas ametralladoras a aquellos comunistas que empezó a odiar desde los duros inviernos de 1939 y 1940, y que siempre consideró el mismo enemigo. No importaba si esta vez él era el gigante invasor ante una fuerza que defendía el derecho a su tierra, a su independencia.

Los papeles se habían invertido y parecía él comandar ahora un comando de Spetsnaz solo que para una dictadura capitalista apoyada por intereses neocoloniales de Occidente. ¿Qué lo llevó a estar combatiendo allí, tan lejos de esos inviernos y planicies de Europa, después de tanta sangrienta historia de un Siglo XX que dejó atrás tan fácil —tan impune— a la SGM?

En diálogo con Historiavera, David Solar, reputado historiador español, periodista y exdirector de La Aventura de la Historia, consideró que relatos como el de Törni (tres guerras, tres ejércitos) no son tan insólitos como se creen: “Es un caso relativamente frecuente. Es decir, hay muchos soldados que se convierten adictos al combate. Fuera del frente, de la amistad y camaradería de armas, del peligro y la acción, no le encuentran sentido a la vida”.

“Cuando los soldados volvían a la casa tras la SGM ya deseaban volver a la batalla. Se dieron muchísimos casos en Europa, después de dicha contienda. Alemanes, franceses y británicos, inadaptables a la vida civil luego de pasar 5 años combatiendo. Y posteriormente terminan peleando para la Legión Extranjera Francesa en Indochina o Argelia, o simplemente como mercenarios en el Congo Belga”, advirtió.

bob denard soldados de fortuna

Robert Denard, uno de los más afamados soldados de fortuna de la posguerra.

“Allí Robert ‘Bob’ Denard, fue muy conocido por levantar un sanguinario ejército de mercenarios para defender los intereses económicos extranjeros en Kabinda, una zona extraordinariamente rica en diamantes. Las guerras africanas, y otras como la de Irak, tienen muchos mercenarios europeos o americanos, como infantería o asesores. Todos ellos han hecho de la guerra una forma de vivir”, concluyó.

Morir y no aburrirse en el intento

No parece tan simple al regresar a Törni —o Larry Thorne, según su identidad estadounidense—. No peleó por dinero, no era solo esoHabía un componente de odio al comunismo en sus incursiones al combate. Solo que tal vez no previó la capacidad de adaptación y la determinación del norvietnamita, o no le importó, quería morir peleando. En esos últimos instantes, con el helicóptero cayendo a tierra inexpugnable el 18 de octubre de 1965fu, fu, fu, fu—, tal vez eso fue lo que pensó. Le importaba el máximo honor, un rincón en la historia como un Héctor del Siglo XX abatido después de mucha lidia.

larry allan thorne lapida

Lápida compartida de Torni y sus compañeros en el cementerio militar de Arlintong, en Washintong.

No necesitó ver más. Se hubiera avergonzado del papelón de su ejército tras el 65. Fracaso tras fracaso y una guerra que le empezó a saber a plomo, pantano y gangrena a todos sus colegas. Fue precisamente otro Boina Verde el que describió bien todo, tal como lo registró Juan Antonio Guerrero en “Crónica de la Guerra de Vietnam (1965 – 1975)”: “Me gustaba más en el 65 y 66. Entonces eras tú contra ellos. Ahora te sientas y esperas a que salten por los aires o lo hagas tú”.

Törni no se hubiera quedado esperando en una trinchera.

Daniel Armirola R. (Twitter: @Salsero77)

La agricultura, el cáncer de la humanidad

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¿Fue la agricultura el avance decisivo para la conquista de todos los rincones del orbe?, ¿fue el milagro que salvó a la humanidad o el mal necesario?

Hace 10.000 años la humanidad inició una nueva etapa tecnológica que la permitió expandirse y crecer exponencialmente por los cinco continentes a una velocidad artificial: el Neolítico. Fue la agricultura el factor clave que permitió a los cazadores-recolectores palestinos dar el salto del Paleolítico a la Nueva Edad de Piedra. Los antropólogos del XIX vieron esta innovación como un avance prodigioso, tesis que se ha mantenido hasta hace poco, cuestionada por nuevos descubrimientos que se plantean si la agricultura fue el milagro que salvó a la humanidad, o más bien el mal necesario.

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Mapa del surgimiento de la agricultura en distintas partes del mundo.

Los homínidos (el homo sapiens y sus predecesores), llevaban 1,5 millones de años alimentándose como cazadores-recolectores, con un cuerpo y tracto digestivo adaptado a ese régimen alimenticio y estilo de vida nómada. Con la aparición de la agricultura modificamos la dieta y las costumbres en un proceso de tan solo 8.000 años. El ser humano no ha mutado biologicamente en ese porcentaje del 1% de su existencia; no ha dado tiempo. Como la tesis de Lamarck, en la que las adaptaciones vitales de los padres se pasaban a los hijos, están superadas, haremos caso a las leyes de la genética de Mendel y Darwin. Aún somos biologicamente cazadores-recolectores: veamos el daño que los granos y cereales producen en nuestro inadaptado cuerpo.

El nutricionista John Yudkin, autor del profético libro “Azúcar: la verdad amarga”(1972) prueba que los seres humanos están mal adaptados a consumir cereales. Las alergias difundidas afectan incluso a poblaciones modernas, que han hecho del grano la base de su pirámide nutricional (basada en estudios financiados por las grandes compañías cerealeras). Todos los granos contienen ácido hexafosfórico, que impide una buena absorción del calcio y lleva a insuficiencias vitaminicas.

Nuestros ancestros comían esporádicamente, no picoteaban cada tres horas como hoy en día, por lo que su organismo forjado a través de generaciones de abstinencia, ayunos y comilonas, tendía a almacenar energía como grasa para usarla en tiempos de escasez. Cuando consumimos más carbohidratos (azúcar) de los necesarios y las reservas de glucógeno de los músculos están repletos, el cuerpo almacenará las calorías sobrantes como tejido adiposo.

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Los cazadores-recolectores se alimentaban de megafauna. Cuando agotaron el recurso se vieron obligados a buscar otras fuentes de energía.

En los años 70 en Estados Unidos nació la pirámide de alimentación. La misma que nos enseñaban en el colegio. La idea de una dieta equilibrada era comer muchos hidratos de carbono (pan, pasta, arroz y azúcar), pocas proteínas (carne, pescado, huevos) y casi nada de grasa. Esa dieta ha producido la generación más gorda y enferma de la historia de occidente.

Si los cazadores paleolíticos no pasaban hambre y tenían a su disposición proteínas y una dieta más variada que nosotros, y casi con menos o igual esfuerzo, los antropólogos se han preguntado porqué se cambió de hábitos de vida a nivel global. La teoría más convincente sostiene que la presión demográfica de los primeros agricultores de trigo (8.500 a.C) forzó a las poblaciones vecinas al sedentarismo. La explosión demográfica disminuyó los recursos disponibles e hizo inviables los medios de caza y recolección tradicionales. El Hombre debía adaptarse a este desequilibrio con su ecosistema o morir. En la naturaleza las especies animales reaccionan a la superpoblación con gran mortandad y muy pocas con un cambio biológico efectivo. En nuestro caso el milagro que posibilitó ese salto hacía adelante fue la agricultura.

Dentro de las ventajas de la agricultura sobre la caza encontramos: más calorías por unidad de tierra por unidad de tiempo (capaz de alimentar a poblaciones más numerosas). Los cereales forman grupos densos de fácil recolección, acceso a calorías  de forma asequible y grandes posibilidades de almacenamiento. El valor nutritivo de los cultigenos fue adaptándose poco a poco, sin darse cuenta. Los labriegos solo cuidaban las plantas más apetitosas en detrimento de las no saludables o de poco valor nutritivo y priorizaban las que tenían hiperdesarrollada la parte comestible.

Asentamiento neolítico.

Asentamiento neolítico.

Una de las desventajas más evidentes de este sístema son las hambrunas de las especies cultivadas por el Hombre, sin ir más lejos la hambruna de la patata de Irlanda de 1845. Y otra no tan evidente es el grotesco aumento de población propiciado por más “adelantos” tecnológicos. La esperanza de vida se redujo de 30 a 20 años, y la talla disminuyó del 1,75 a menos de 1,60. No se equivocaban los que se mofaban de las palabras de Jesucristo en la Biblia: “da a un hombre un pez y comerá un día, enseña a un hombre a pescar y acabará con todos los ecosistemas”.

La dieta paleolítica, o del hombre de las cavernas, surge para dar respuesta a los desajustes alimenticios de la obesa sociedad occidental moderna. Parte de un mejor conocimiento del funcionamiento del cuerpo humano y ha sido abanderada por deportistas que ya tenían claro que el azúcar y los productos procesados eran perniciosos, pero que han dado un paso más. Se centra en el uso de los alimentos disponibles en esa época y se compone principalmente de carne, pescado, frutas, verduras, frutos secos y raíces, así mismo excluye granos, legumbres, productos lácteos (para los intolerantes a la lactosa), azúcares refinados y aceites procesados. Los adeptos han visto aumentar su rendimiento deportivo, disponen de más energía a lo largo del día, pasan menos hambre y su grasa corporal se ha reducido a un límite sano.

En este marco, nos preguntamos si la agricultura significa el progreso o con las innovaciones tecnológicas pretendemos acercarnos a ese antiguo status quo. Nuestra actual pirámide de alimentos es una “anomalía histórica”.

Carlos de Lorenzo Ramos