El acto de bondad del kaiser Guillermo II

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Fue posiblemente el hombre más odiado de Europa antes que Hitler. Al kaiser Guillermo II su prepotencia le llevó a involucrar a Alemania en apoyo de Austria Hungría contra la Triple Alianza ruso-franco-británica, desencadenando la Primera Guerra Mundial. Durante esos días de julio de 1914 las cancillerias no estuvieron ociosas, hubo opciones de frenar ese despropósito que costaría millones de vidas. Rusia movilizó sus ingentes recursos humanos, y el kaiser hizo lo mismo. El choque entre los europeos fue inevitable; y aun así, hubo ciertos contactos diplomáticos por los que se pudieron parar en seco los trenes de tropas y acordar un alto al fuego. “Adelante”, reafirmó el emperador alemán, “nos causaría más caos detener la movilización que seguir los planes trazados. No hay vuelta atrás”, y así este hombre, malvado dirán, se lanzó contra Francia.

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El kaiser Guillermo II de Alemania.

En esa guerra un soldado británico fue liberado por Guillermo II de un campo de prisioneros alemán para visitar a su agonizante madre, y mantuvo su promesa hecha al kaiser de regresar al campo de prisioneros alemán, según se ha descubierto hace poco.

El capitán Robert Campbell, de 29 años, fue capturado unas semanas después de que Reino unido declarara la guerra a Alemania en julio de 1914. Pero tras dos años en un campo de prisioneros cerca de Magdeburgo el oficial inglés recibió una carta en la que se contaba que su madre, Loise Campbell, estaba cerca de la muerte.

Escribió al kaiser Guillermo suplicandole que le dejara visitar a su madre una última vez. Increiblemente el líder alemán concedió al prisionero 14 días para visitarla con la condición de que volviera al campo de concentración. Lo único que exigió fue que Campbell le diera su palabra de oficial y caballero.

Hizo su viaje d retorno al pueblo de Gravsend Kent en diciembre de 1916 y pudo pasar una semana con su madre aquejada de cáncer. Después mantuvo su promesa y retornó a su prisión germana, donde continuó hasta su liberación al final de la guerra en 1918.

El historiador Richard van Emden ha revelado este extraordinario hecho de honestidad en tiempo de guerra en su nuevo libro. El autor dice que los actos caballerosos fueron realmente raros en los años de la Gran Guerra.

Van Emden dice que “el capitán Campbell era un oficial e hizo una promesa jurada sobre su honor de que volvería. No hubo un canje de prisioneros u otra retribucion, solo su palabra”. Esto es único, y pienso que es un ejemplo del que no pueden trazarse paralelismos. En mi experiencia es un hecho único y que conmueve profundamente“.

Carlos de Lorenzo Ramos

c.d.lorenz@hotmail.com

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