Rising Storm, muere por el Emperador de Japón

rising storm peloton marines iwo jima

Tripwire Interactive vuelve a la carga dos años después de estrenar Red Orchestra 2: Heroes of Stalingrad, y lo hace con Rising Storm, un shooter táctico multijugador en primera persona que enfrenta al Cuerpo de Marines norteamericano con el Ejército Imperial de Japón por la supremacía en el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial.

Se vienen a la cabeza parajes míticos de ese teatro de operaciones que, una vez pasado el frenesí por el Frente occidental y oriental, ha mostrado el séptimo arte en Banderas de nuestros padres o The Pacific: Guadalcanal, Iwo Jima, Peleliu, Saipan o el río Hanto. Todas las localizaciones han sido recreadas con minuciosidad por los diseñadores. Visualmente la ambientación es perfecta, la balística de las armas es un calco de la maquinaria bélica de los años cuarenta y las voces niponas crean la tensión previa a una suicida carga Banzai!.

carga japonesa

Un oficial japonés se abalanza sobre un marine estadounidense en el río Hanto.

El videojuego destaca por su crudo realismo y por su ritmo no frenético que premia la paciencia y la reflexión; una bala lejana que haga carne es sinónimo de cadáver efectivo, las explosiones cercanas pueden inutilizar al incauto durante unos segundos, los suficientes para ser rematado a punta de bayoneta o cortado en dos por una katana. Rising Storm enfatiza la táctica, y eso es algo que se aprende por la vía dolorosa: uno vence trabajando en equipo y aprovechando cada desnivel y cobertura donde desenfilar el enjuto cuerpo.

Esto logra una inmersión desconocida hasta la fecha. No se teme por la vida, como es lógico, pero la paciencia, aderezada con momentos épicos, engrasa al jugador hasta convertirlo en un soldado eficaz. Nada hay más grato que conquistar un último reducto y leer u oír un escueto “good job” de camaradas complacidos.

rising storm lanzallamas iwo jima

Temido por los soldados japoneses, un operario de lanzallamas achicharra a los ocupantes de un búnker.

Cada integrante del equipo tiene su rol. El comandante otea con los prismáticos estableciendo las coordenadas de artillería, ordena el objetivo a atacar y pide reconocimiento aéreo. Los lideres de pelotón van armados hasta los dientes con metralletas Nambu o subfusiles Thompson y guían a sus hombres entre cortinas de humo. Los fusileros, la fiel infantería, ocupa el terreno y hace fuego graneado a media-larga distancia, mientras que los soldados de asalto barren las trincheras y edificios de fuerzas hostiles.

Existen otros roles específicos vitales: el francotirador que se ceba en aquellos que asoman el casco, el temible operario de lanzallamas, imprescindible para despejar las casamatas niponas y, para compensar, el arma más temida por los marines norteamericanos: el mortero de rodilla japonés. Utilizado con tiento puede diezmar a las oleadas que desembarcan en las playas. El primer disparo lo guía el ojo y la experiencia, los siguientes, rectificados, barren de vida la zona deseada. No es raro que los oficiales exijan el apoyo de los servidores de mortero ligero en zonas conflictivas.

rising storm+red orchestra

Rising Storm: 19,90 $ a través de Steam.

Como pasa en combate, donde el “fuego amigo” no lo es tanto, es difícil identificar a los enemigos entre el denso follaje selvático del Pacifico sur. Hay que guiarse por métodos visuales más sutiles para discernir si ese bulto en movimiento a 200 metros es hostil. Sirve consultar el mapa y prestar atención a la dirección de avance de tus compañeros, a la distintiva forma de moverse del infante americano del japonés y a ligeras diferencias en el uniforme.

Para muestra un botón; recuerdo haber dudado varios segundos al ver asomar un pie por debajo de un jeep volcado, solo se veía la punta de una bota. Finalmente cebé una granada y la arrojé, e hice bien. El susodicho llevaba polainas, indumentaria característica del uniforme estadounidense.

En definitiva, Rising Storm ofrece batallas de hasta 64 jugadores en mapas cuidados al detalle y de gran tamaño, pero bien equilibrados. Destacan las playas volcánicas de Iwo Jima con el monte Suribachi presidiendolas. Imprescindible presenciar una carga Banzai! en todo su esplendor, algo que aumenta las pulsaciones y seguro, doy fé, libera adrenalina. Larga vida al Emperador.

Carlos de Lorenzo Ramos

c.d.lorenz@hotmail.com

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