Invadieron el Viejo Mundo para redimirlo

infanteria norteamericana thompson

“Vencedores” de Stephen Ambrose narra las penurias y las glorias del infante de EE.UU que luchó desde Normandía hasta el corazón de Alemania para vencer al régimen nazi.

Vencedores es un compendio del sufrimiento del soldado estadounidense en la Segunda Guerra Mundial. A través de cientos de testimonios se puede vivir el hambre, la desesperación, el frío intenso y una lluvia interminable que cala hasta los huesos, esperando a que la artillería alemana reviente su miserable pozo de tirador. A los profanos en el conflicto les sorprenderá el desesperanzador coste de avanzar cada metro, cada centímetro, con el objetivo final de llegar hasta Berlín.

vencedores

Vencedores, Stephen E. Ambrose, 2012, Madrid, Inédita Editores, 396 págs., 29 €.

La dureza de los desembarcos, los interminables combates de mata en mata en el bocage francés o la rivalidad entre el general Montgomery y Patton por idear el plan que acabara la guerra antes de Navidad, son algunos de los episodios que marcaron los combates del norte de Europa. La gran estrategia y la visión desde el soldado de a pie se solapan de forma magistral y que ha servido de referencia a historiadores de nuevo cuño.

Los primeros en morir son los héroes

El libro cuenta dos historias. La de los norteamericanos que invadieron Francia en 1944, y la de los remplazos que cubrieron las espantosas bajas producidas en los seis primeros meses. Los primeros eran tipos duros, en su plenitud física, y entrenados machaconamente en el asalto y el fuego de cobertura. Y sin embargo se puede afirmar que muy pocos de los norteamericanos que desembarcaron en Normandía llegaron indemnes al final de la guerra. El demencial sistema de remplazos, que mantenía en pie muy pocas divisiones, prefería alimentar las bajas con un torrente de nueva carne de cañón. Los soldados que cruzaron el Rin en 1945 eran en su mayoría adolescentes con los 18 años recién cumplidos que o aprendían con premura los fundamentos del combate o morían sin que sus compañeros llegaran a conocer su nombre. Algunos que murieron en su primer día habían estado cenando con sus padres en Fin de Año.

Sirva como ejemplo practico el modus operandi de los Aliados y del Eje en una de las últimas ofensivas a gran escala de la contienda. En la navidad de 1944 el ejército nazi era un animal herido de muerte, así que Hitler se jugó el todo por el todo en un asalto que rompiera la línea americana en las Ardenas y capturara el puerto de Amberes. Para llevar a cabo la penetración concentró a tropas selectas, divisiones panzer y de las SS, pero el grueso eran hombres maduros y niños equipados a toda prisa. Ninguno de los dos bandos hacía las cosas bienLos pelotones asaltaban posiciones a paso de marcha y sin avanzadillas. En una escaramuza cerca de Bastogne, 400 alemanes quedaron tendidos en el suelo por solo una decena de bajas americanas. Ningún lado tenia tropas de calidad a esas alturas, y cada vez quedaban menos veteranos.

Biógrafo de presidentes y cronista de la invasión de Europa

Stephen E. Ambrose, el autor de este libro, es conocido por ser el biógrafo de Nixon y Eisenhower, y por plasmar verazmente la historia del infante estadounidense en la Segunda Guerra Mundial. Educado en una atmosfera patriótica, pronto dejó las clases de medicina por una asignatura optativa: historia, que le enganchó irremisiblemente.

soldado thompson subfusil

Soldado encarandose la metralleta Thompson.

Su primer libro, Halleck, vendió menos de 1000 copias, pero llamó la atención de Eisenhower, que le propuso escribir su biografía autorizada. Cinco años de colaboración y un total acceso a los amigos y documentos del Presidente le catapultaron a la fama como uno de los historiadores más prestigiosos de Norteamérica.

Su incursión en la Segunda Guerra Mundial vino con Citizen Soldiers, que narra la conflagración desde el punto de vista de aquellos hombres que lucharon desde el Día D hasta la caída de Berlin. El renovado interés del publico le llevó a asesorar a Steven Spielberg en Salvar al Soldado Ryan, que muestra con vivida crudeza el sangriento desembarco en la playa de Omaha, y en Hermanos de Sangre, la odisea de la Compañía E de la 101 División paracaidista.

En el prólogo afirma que coincidía con todos los combatientes que, una vez acabado el conflicto, hartos de destruir, ansiaban construir desde los cimientos de la paz. Y por eso se puso a escribir la historia de los hombres que construyeron el ferrocarril Intercontinental. No pudo acabarlo porque sintió la necesidad escribir Vencedores, la obra definitiva sobre las penurias y las glorias de los soldados americanos en la II GM. Al final del libro el autor se pregunta qué es lo que se perdió. Se perdieron muchas almas buenas, segadas por la vorágine de la guerra. Gente que no había venido como invasora y que se había embarcado para liberar. Vinieron del Nuevo Mundo para redimir al Viejo Mundo.

Carlos de Lorenzo Ramos

c.d.lorenz@hotmail.com

2 pensamientos en “Invadieron el Viejo Mundo para redimirlo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s