El castillo de Marcilla, eslabón defensivo de Navarra

castillo de marcilla

El castillo navarro de Marcilla (1424) se esconde tras un foso en el que todos los años los habitantes de Marcilla compiten lanzando un azadón llamado la Rabiosa. Los marqueses de Falces dieron vida a este bastión gótico protegido por un potente talud de piedras, angulosas almenas y anguladas saetas. Fortaleza defensiva en sus comienzos, después castillo palaciego y por ultimo mansión señorial. Su sala de armas contenía morriones, largas adargas, petos, picas y la cámara del marqués custodiaba la Tizona, la espada mandoble de Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid. En la capilla se veneraba una Santa Espina de la corona de Cristo y se dice que se conservaba uno de los denarios de plata “del dinero de los que fue vendido nuestro señor”.

Su fundación se remonta al 610, año en el que el rey visigodo Gundemaro dio el beneplacito a su poblamiento. Sus villanos ya gozaban de reputación de guerreros fieros cuando, al mando de Fermín de Marcilla, la milicia local se ganó el derecho a grabar en el blasón de la ciudad las cadenas apresadas a los almohades en las Navas de Tolosa.

Carlos III de Navarra (1361-1425), tras desterrar a las monjas cistercienses a Cambrón, le concedió a su fiel sirviente Mosén Pierres el Viejo 1.000 libras de plata y materiales para que erigiera uno de los eslabones defensivos navarros y protegiera la zona de la Ribera. El tal Mosén Pierres de Peralta fue nombrado primer “ricohombre” navarro en 1416 y fundó una dinastía en la que se incluye Gastón de Peralta, virrey de Nueva España y condestable de Navarra bajo Felipe II. El fundador del opus Dei, Jose Maria Escrivá de Balaguer, también proviene de este tronco común.

gaston de peralta

Gaston de Peralta.

Pero el más díscolo y conspirador de los sucesores de Peralta fue su hijo, llamado igual que él. Mosén Pierres el joven se alió con Juan II de Aragón y por orden suya envenenó y encarceló a la princesa Blanca en 1464. En un primer momento aupó a Nicolás de Chavarri como obispo de Pamplona, pero siete años después en 1469 ordenó su muerte a lanzadas, lo que fue llamado como “el beso de Judas”.

El condestable fue excomulgado por el sacrílego homicidio, y aunque intentó apelar a la diócesis de Zaragoza, tuvo que marchar a Roma a suplicar perdón al Santo Padre. Cuenta la leyenda que, ya en la Ciudad Eterna, urdió un engaño al paso del Papa y tras arrojarse al Tiber se fingió moribundo. El Papa acercósele y le dijo “Yo os absuelvo, siempre que no seáis Mosén Pierres de Peralta”. En realidad se le perdonó con la condición de que celebrara una misa anual por el alma del obispo Nicolás el día de San Clemente Mártir, el 3 de noviembre. Aun así los lugareños de la zona siguen exclamando ante alguna fechoría:“eres más malo que Pierres”.

El marquesado de Falces fue instituido en 1513 por Fernando el Católico, convirtiéndose en uno de los más importantes del reino. Pero en 1516 Navarra se sublevó contra Castilla y el Cardenal Cisneros mandó tropa castellana a demoler la fortaleza. Más la marquesa de Falces, doña Ana de Velasco, se antepuso al ejército comandado por el Coronel Villalba. La astuta marquesa reunió víveres para el asedio, pero cuando llegaron los castellanos les convidó a un banquete y les tributó gran recibimiento, por lo que salvó el castillo de su marido, Alonso de Peralta.

Carlos de Lorenzo Ramos

c.d.lorenz@hotmail.com

Invadieron el Viejo Mundo para redimirlo

infanteria norteamericana thompson

“Vencedores” de Stephen Ambrose narra las penurias y las glorias del infante de EE.UU que luchó desde Normandía hasta el corazón de Alemania para vencer al régimen nazi.

Vencedores es un compendio del sufrimiento del soldado estadounidense en la Segunda Guerra Mundial. A través de cientos de testimonios se puede vivir el hambre, la desesperación, el frío intenso y una lluvia interminable que cala hasta los huesos, esperando a que la artillería alemana reviente su miserable pozo de tirador. A los profanos en el conflicto les sorprenderá el desesperanzador coste de avanzar cada metro, cada centímetro, con el objetivo final de llegar hasta Berlín.

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Vencedores, Stephen E. Ambrose, 2012, Madrid, Inédita Editores, 396 págs., 29 €.

La dureza de los desembarcos, los interminables combates de mata en mata en el bocage francés o la rivalidad entre el general Montgomery y Patton por idear el plan que acabara la guerra antes de Navidad, son algunos de los episodios que marcaron los combates del norte de Europa. La gran estrategia y la visión desde el soldado de a pie se solapan de forma magistral y que ha servido de referencia a historiadores de nuevo cuño.

Los primeros en morir son los héroes

El libro cuenta dos historias. La de los norteamericanos que invadieron Francia en 1944, y la de los remplazos que cubrieron las espantosas bajas producidas en los seis primeros meses. Los primeros eran tipos duros, en su plenitud física, y entrenados machaconamente en el asalto y el fuego de cobertura. Y sin embargo se puede afirmar que muy pocos de los norteamericanos que desembarcaron en Normandía llegaron indemnes al final de la guerra. El demencial sistema de remplazos, que mantenía en pie muy pocas divisiones, prefería alimentar las bajas con un torrente de nueva carne de cañón. Los soldados que cruzaron el Rin en 1945 eran en su mayoría adolescentes con los 18 años recién cumplidos que o aprendían con premura los fundamentos del combate o morían sin que sus compañeros llegaran a conocer su nombre. Algunos que murieron en su primer día habían estado cenando con sus padres en Fin de Año.

Sirva como ejemplo practico el modus operandi de los Aliados y del Eje en una de las últimas ofensivas a gran escala de la contienda. En la navidad de 1944 el ejército nazi era un animal herido de muerte, así que Hitler se jugó el todo por el todo en un asalto que rompiera la línea americana en las Ardenas y capturara el puerto de Amberes. Para llevar a cabo la penetración concentró a tropas selectas, divisiones panzer y de las SS, pero el grueso eran hombres maduros y niños equipados a toda prisa. Ninguno de los dos bandos hacía las cosas bienLos pelotones asaltaban posiciones a paso de marcha y sin avanzadillas. En una escaramuza cerca de Bastogne, 400 alemanes quedaron tendidos en el suelo por solo una decena de bajas americanas. Ningún lado tenia tropas de calidad a esas alturas, y cada vez quedaban menos veteranos.

Biógrafo de presidentes y cronista de la invasión de Europa

Stephen E. Ambrose, el autor de este libro, es conocido por ser el biógrafo de Nixon y Eisenhower, y por plasmar verazmente la historia del infante estadounidense en la Segunda Guerra Mundial. Educado en una atmosfera patriótica, pronto dejó las clases de medicina por una asignatura optativa: historia, que le enganchó irremisiblemente.

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Soldado encarandose la metralleta Thompson.

Su primer libro, Halleck, vendió menos de 1000 copias, pero llamó la atención de Eisenhower, que le propuso escribir su biografía autorizada. Cinco años de colaboración y un total acceso a los amigos y documentos del Presidente le catapultaron a la fama como uno de los historiadores más prestigiosos de Norteamérica.

Su incursión en la Segunda Guerra Mundial vino con Citizen Soldiers, que narra la conflagración desde el punto de vista de aquellos hombres que lucharon desde el Día D hasta la caída de Berlin. El renovado interés del publico le llevó a asesorar a Steven Spielberg en Salvar al Soldado Ryan, que muestra con vivida crudeza el sangriento desembarco en la playa de Omaha, y en Hermanos de Sangre, la odisea de la Compañía E de la 101 División paracaidista.

En el prólogo afirma que coincidía con todos los combatientes que, una vez acabado el conflicto, hartos de destruir, ansiaban construir desde los cimientos de la paz. Y por eso se puso a escribir la historia de los hombres que construyeron el ferrocarril Intercontinental. No pudo acabarlo porque sintió la necesidad escribir Vencedores, la obra definitiva sobre las penurias y las glorias de los soldados americanos en la II GM. Al final del libro el autor se pregunta qué es lo que se perdió. Se perdieron muchas almas buenas, segadas por la vorágine de la guerra. Gente que no había venido como invasora y que se había embarcado para liberar. Vinieron del Nuevo Mundo para redimir al Viejo Mundo.

Carlos de Lorenzo Ramos

c.d.lorenz@hotmail.com

Los pañales del periodismo europeo

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La prensa escrita, firme guardiana de las libertades frente al poder instituido, nació de forma tímida, en forma manuscrita más que impresa. La población, tanto pobres como hidalgos, que en España no iba reñido, leía con avidez los avisos del desarrollo de la Guerra de los Treinta Años (1618 -1648) durante la primera mitad del siglo XVII. Tenía mucho de literatura popular, incluso satírica. Pronto pasó a ser una amenaza contra el Poder Absoluto y la razón de Estado. El historiador Roger Chartier y Carmen Espejo, profesora de Historia del periodismo de la Universidad de Sevilla, han reunido textos de eruditos en la materia para aportar lecturas de debate sobre La aparición del periodismo en Europa. Comunicación y propaganda en el Barroco, editado por Marcial Pons.

aparicion del periodismo en europa

Marcial Pons, Roger Chartier y Carmen Espejo, 2012, Madid, 284 pags, 22 Euros.

Tras un capitulo de introducción dedicado al termino barroco (joya falsa), apodado así de forma despectiva por críticos posteriores, el libro pasa a relatar los orígenes del periodismo en Inglaterra, pionera de la prensa escrita. La obra intenta aunar visiones parciales de tratadistas españoles, italianos o británicos, y construir una visión del periodismo más homógenea que la que se tenía hasta ahora

La imprenta no sustituyó de inmediato al manuscrito, pues algunos editores tenían a su clientela entre las clases altas. El poder hacía caso omiso a la amenaza periodística, siempre que no se soliviantara a la plebe con escritos subversivos. Estas gacetas operaban con mayor clandestinidad o iban destinadas a círculos más exclusivos. Los monarcas absolutos se rodearon, en muchos casos, de una cohorte de periodistas-historiadores que minimizaban sus derrotas y magnificaban sus gestas. Es por eso que tradicionalmente se separa al periodismo en dos vertientes: el francés, más dependiente del soberano, y el inglés, más libre. El libro, no obstante, trata de englobar el movimiento dentro de una perspectiva más europea, con más similitudes que diferencias entre si.

Predominan los estudios dedicados a España sobre los dedicados a otras naciones, aunque la cita constante a Inglaterra es obligada. Cabe destacar el capitulo dedicado a “los plumas teñidas”; los historiadores de los que se valieron Felipe IV y sus sucesores, para reescribir ciertos aspectos que no terminaban de gustar al Poder. Intentaban ocultar el hecho de que comenzara a oscurecer en un imperio donde nos e ponía el sol. También Francia y Richelieu se rodearon de un “gabinete de prensa” que filtrara los asuntos menos gratos. Al final, el periodismo socavó los cimientos del Antiguo Régimen, que lo intentó usar en su provecho, y fue uno de los agentes clave de las revoluciones americana y francesa.

Carlos de Lorenzo

C.d.lorenz@hotmail.con

El último paramédico de la batalla de Normandía

medicos playa utahEl 27 de septiembre de 2012 falleció Joseph Lee Parker, el único superviviente que quedaba del cuerpo de sanitarios del Día D

“La llegada a la playa fue un horror. Nos prometieron que el bombardeo preliminar de la marina batiría cada centímetro de la playa; que los alemanes eran viejos y sus tropas de segunda, y que la aviación inutilizaría los nidos de ametralladoras germanos. Y no era cierto”. Son palabras de Joseph Lee Parker, paramédico del 6th Beach Batallion, que desembarcó el 6 de junio de 1944 en la playa Omaha. Ostentaba el título de último sanitario vivo del Día D, hasta que falleció el pasado 27 de septiembre del 2012 en Georgia, EE.UU.

joseph lee parker

Joseph Lee Parker.

“De todas las unidades que sirvieron en el Desembarco, ninguna ha sido más olvidada que los Beach Batallions” afirma Jon Gawne en Spearheading D-Day. La misión de estos batallones era logística y sanitaria:  facilitar el desembarco de tropas, de suministros, y de equipo; así como atender y evacuar a las bajas y trasladar a los prisioneros de guerra. Tras la perdida de Corregidor, en Filipinas, Estados Unidos comprendió que la guerra anfibia era necesaria y creó varios cuerpos especializados de apoyo. Una arenga usual a estos combatientes especiales fue “no os avergoncéis de tener miedo al miedo; ¡solo haced vuestro trabajo!” Un informe que el Secretario de Marina de EE.UU mandó al presidente Roosevelt reivindica la crucial misión de los paramédicos. En él se asegura que, en 99 de cada 100 heridos, la recuperación empezó a pie de playa. Gracias a las transfusiones de sangre, el control de hemorragias, la morfina y la sutura de heridas graves, el personal de los Beach Batallions pudo atender a hombres cuyas vidas se hubieran perdido sin esos cuidados. La penicilina y la cirugía practicada en las lanchas fue esencial para que los heridos del Día D se recuperaran al llegar a Inglaterra. Joseph Lee Parker, que a la sazón contaba con 27 años y tres años cursados de medicina, se consideró engañado por las promesas de un desembarco fácil. Para empezar no había cráteres, ni embudos de mortero (foxholes) donde guarecerse de las letales ametralladoras MG-42. El día era nublado, y los 329 bombarderos B-24 estadounidenses arrojaron 13.000 bombas a 3 millas del objetivo. Para más inri, los tanques se habían ido a pique en el canal.

casco beach batallions

Casco médico usado por los Beach Batallions.

Los 400 hombres del Beach Batallion de Parker tenían a su cargo la mitad derecha de la playa Omaha, los sectores llamadosEasy RedFox Green y Fox Red. Su trabajo es descrito como el de “un guarda de trafico en una encrucijada colapsada del infierno”. Al llegar a la playa, Parker vio los cuerpos sin vida de los soldados de la 1º División norteamericana yacían por doquier, las escuadras de asalto estaban horriblemente diezmadas y a cada nuevo obstáculo tenían que detenerse. Momento que aprovechaba la artillería alemana para producir una carnicería. No era raro que los heridos fueran alcanzados dos o tres veces, y tampoco los médicos que los atendían, objetivo predilecto de los francotiradores. El Convenio de Ginebra de 1864 recogía explicitamente que tanto los sanitarios como los capellanes no eran objetivos bélicos legítimos. Al planear la Operación Overlord se sabía de antemano que se iba a incumplir, por lo que los médicos en vez de llevar una gran cruz roja en el casco, utilizaban un arco rojo menos visible. “Ese día perdimos muchos hombres por las balas, pero también ahogados en las aguas gélidas. Había tantos cuerpos mecidos por la marea que no sabíamos cuales estaban en estado de shock y cuales estaban muertos” dijo Parker en una entrevista en 1999. Se registraba a los muertos que llevaban medicinas y vendajes para poder atender a los heridos.

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Fotograma de “Salvar al soldado Ryan”.

Jerome Albert, un hombre del 6th Beach Batallion, relató sus impresiones sobre el paramédico recientemente fallecido en la revista Navy Medicine: “Cuando pienso en aquel día, la labor de Parker, de nuestro pelotón, me viene a la mente. El hombre estaba en todos lados. Un segundo estaba a diez metros de míinyectando plasma a un caído, para cinco minutos después estar a bordo de una lancha zurciendo heridas“. Lee Parker estuvo 21 días en la cabeza de playa de Omaha atendiendo tanto a Aliados heridos como a alemanes, haciendo honor a su juramento hipocrático. Seis meses después del Día D recibió la triste noticia de que su hermano había muertoasaltando la colina 99, barrido por el fuego de enfilada de una ametralladora que apuntaba a la cresta. Los médicos de la Marina y el ejército, aunque olvidados, son los grandes héroes del Día D, según han atestiguado infinidad de veces los veteranos. La muerte del último sanitario del Día D nos recuerda que una generación de hombres se está extinguiendo. Carlos de Lorenzo C.d.lorenz@hotmail.com

Desmontando a Jasper Maskelyne, el mago que ¿derrotó? al Afrika Korps

jasper maskelyne

El Mago de la Guerra, de David Fisher, narra la historia de Jasper Maskelyne, el ilusionista que engañó al Afrika Korps.  Maskelyne cuenta en su portentoso haber con la desaparición del puerto de Alejandría, la protección del Canal de Suez, el engaño a Rommel sobre el verdadero eje de ataque en el Alamein e incluso haberse batido en un duelo mágico con el chamán supremo derviche. Lastima que casi todos estos hechos sean pura invención. Los medios documentales de Fisher se basan en las memorias de Maskelyne escritas por un negro (Magic  Top-Secret), y en los diarios del mago, prestados por su hermano Noel a Fisher y jamás devueltos.

En los años treinta Jasper Maskelyne era un ilusionista consagrado, una celebrity de la noche londinense. Sus espectáculos de magia congregaban a lo más selecto de la sociedad inglesa. El Mago de la guerra presenta a un hombre de espléndida apariencia y  felizmente casado. Pero la realidad contada por Fisher dista de lo que verdaderamente ocurrió. “En 1935, Jasper pasaba apuros económicos, sus espectáculos no eran tan exitosos como se ha pretendido vender”, aclara su hijo Alistair.

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Frank Stuart, el “negro” que escribió Magic Top-Secret.

Un escritor fantasma llamado Frank Stuart ofreció dinero a Maskelyne para publicar sus memorias bajo el titulo Magia Blanca, en las que cuenta sus años de paz; y años después relató sus años de guerra en Magic Top-Secret. Stuart ya era famoso por rubricar“autobiografías” con material inventado y semificticias. Escribió Memorias de un detective real, sobre el inspector Herbert Fitch, que murió redactando su vida sobre su mesa de estudio, por lo que  hizo acopio de su legado y las finalizó. A lo que la baronesa Orczy, autora de La pimpinela escarlata, opinó que “el inspector Fitch es un personaje que a cualquier escritor de ficción le gustaría concebir”.

Esta era la situación personal de Maskelyne cuandoHitler invadió Polonia en 1939. Después de caer Francia y de que la Luftwaffe bombardeara Londres,el hechicero intentó alistarse insistentemente. Al principio fue rechazado por su edad y mirado con escepticismo por su profesión. Pero gracias a su tenacidad consiguió destino en África, donde se estaba librando una dura batalla contra el Afrika Korps de Rommel, que había empujado las líneas británicas hasta Alejandría. Esta parte del relato es escrupulosamente cierta, pues un hombre maduro como Maskelyne podía eludir fácilmente el servicio militar y optó por servir a su país.

Junto a su Cuadrilla Especial, compuesta por gente desencantada con la milicia: artistas, ingenieros y arquitectos, afrontó su primer encargo. La fabricación de toneladas de pintura color caqui para camuflar los tanques. La ingeniosa mezcla se compuso de salsa Worcester y estiércol de camello que consiguieron rebuscando en el vertedero de Alejandría. Seguidamente inventaron el escudo solar, que tornaba tanques en camiones, gracias a un recubrimiento de lona que encubría sus formas. John Codner, un oficial de camuflaje que sirvió en Tobruk, asegura que nunca tuvo conocimiento de esa ingeniosa mezcla de pintura para barnizar los blindados.

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Maskelyne representando un espectaculo en El Cairo.

Aquí viene la parte del libro que ha sido calificada por Alistair como “una caja de lombrices”. Fisher dice que Maskelyne hizo desaparecer el vital puerto de Alejandría construyendo un dique falso en la bahía de Maryut, y que ocultó el Canal de Suez gracias a unos potentes reflectores que creaban tormentas de luz. Estos hechos se contaron de forma vaga en Magic Top-Secret y Fisher los magnificó aun más.La bahía de Maryut ni siquiera existe, en realidad es un lago salado.

Pero el subterfugio más relevante de Maskelyne fue derrotar al Afrika Korps. El mago y sus ayudantes construyeron un falso ejército que apostaron en el flanco sur del Alamein. El general Montgomery atacó por el norte, ahora menos defendido, y quebró la línea de Rommel. Fue el principio del fin de la guerra del desierto y aparentemente es cierto.

Como ultimo apunte decir que Alistair Maskelyne también se muestra crítico con el ego de su padre. “Todos sus gansos eran cisnes. Era financieramente irresponsable, y siempre estaba feliz por engordar su cartera por el medio que fuese oportuno, aunque no fuera de buena reputación”.

el mago de la guerra libro

El mago de la guerra, David Fisher, Madrid, Almuzara, 2007, 480 pags, 23 euros.

El final de su padre no fue tan feliz como nos lo pinta Fisher. Cuando le desmovilizaron en 1946 su mujer fue diagnosticada de cáncer terminal. A su muerte conoció a su segunda esposa Mary en un bar nocturno del Soho. Juntos emigraron a Kenia para escapar de las deudas a Hacienda. Finalmente, fundó una autoescuela en Nairobi, donde murió aficionado a la bebida y empobrecido.

En definitiva, podemos calificar el libro de Fisher como una obra de no-ficción novelada, en el que un 40% es real y el resto es producto de la fantasía de Fisher. Sus fuentes, que no cita en ningún momento, son los diarios de Maskelyne que custodiaba su hermano Noel yMagic Top-Secret, fruto de la fértil imaginación de Frank Stuart. Sin embargo, si se diferencia lo real de lo ilusorio, el ensayo de Fisher resulta una lectura amena y fascinante, sobre todo por el hecho de creer estar leyendo algo verídico.

Carlos de Lorenzo Ramos

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La batalla de Zama, el canto de cisne de Aníbal

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Un 19 de octubre del 202 a.C, tuvo lugar una de las batallas más decisivas de la historia: Zama. La derrota de Cartago supuso el advenimiento de Roma como superpotencia.

“En el día de hoy nos remontamos a la sagrada antigüedad para ofreceros la recreación de la segunda caída de la poderosa Cartago. En la infecunda llanura de Zama esperaban los ejércitos invencibles del bárbaro cartaginés Aníbal. Feroces mercenarios y guerreros de todas las naciones incivilizadas entregados a la destrucción despiadada y la conquista.” Quién dice esto es un personaje ficticio de la película Gladiator, el director del Coliseo de Roma poniendo en situación al emperador Cómodo sobre la batalla a recrear en la Arena. No nos engaña su visión de los cartagineses, así como el historiador griego Polibio, a sueldo de la familia Escipión, no lo hace con su reescritura de lo sucedido en la batalla de Zama, 70 años después. La Ciudad de la Loba era inmisericorde e intentó desdibujar los rasgos de sus competidores púnicos, que la disputaban el dominio del Mar Mediterráneo.

La Batalla de Zama (202 a.C), se libró en una árida llanura a las afueras de Cártago, y en ella se enfrentaron el invicto general cartaginés Aníbal Barca y Publio Cornelio Escipión, que se ganaría el sobrenombre de “El Africano”. La derrota de Cartago puso final a la Segunda Guerra Púnica.

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Aníbal Barca.

Aníbal no aprovechó su tremenda victoria en Cannas, se dedicó a recorrer Italia sin decidirse a tomar la Ciudad Eterna, mientras los romanos usaron tácticas de desgaste(100.000 hombres perderían en tres batallas). Aunque las ciudades griegas se rebelaron contra Roma y el rey Filipo V de Macedonia se alió con Cártago, el no conquistar la ciudad del Tíber supuso un tremendo error. Maharbal, su capitán de caballería númida le espetó “los dioses no han concedido a un mismo hombre todos sus dones. Sabes vencer Aníbal, pero no sabes aprovechar la victoria”.

Muy lejos de la indecisión de Aníbal, en Hispania, el joven general romano Publio Cornelio Escipión, que acababa de pacificar precariamente la Península, se propone asestar un golpe por sorpresa contra la propia Cártago que obligara a los púnicos a desalojar Italia. Dado el visto bueno por el Senado, pone sitio a Útica con la ayuda de la caballería númida del régulo Massinisa, pero es obligado a retirarse. En la primavera del 203 a.C vence en la batalla de los Grandes Campos,expulsando a Sifax del trono de Numidia. Pero la llegada de Aníbal a África, que había permanecido 15 años en Italia imbatido, le obliga a librar un nuevo combate. Todo está dispuesto el 19 de octubre del 202 a.C para que los dos ejércitos se vean las caras en Zama.

Aníbal formó a 37.000 infantes (50.000 según Apiano) en tres líneas, más 3.000 jinetes en los flancos y 80 elefantes en vanguardia. La primera línea púnica se componía de 12.000 soldados (iberos, baleáricos, cántabros, libios) y los paquidermos. La segunda la integraban africanos y cartagineses, más 4.000 macedonios al mando de Sópatro. La tercera línea estaba compuesta por su infantería veterana de la campaña italiana.

Escipión le hizo frente con 20.000 legionarios, 14.000 auxiliares, entre los que había 6.000 númidas, y 2.700 equites. Los romanos adoptaron la disposición clásica de batalla de la legión, denominada triplex acies: con los jabalineros hastati en primera línea, los veteranos prínceps en segunda, y los lanceros triarii, armados con lanzas largas, detrás.

El general tuerto ordenó cargar a los elefantes, ebrios y con los tobillos heridos para enfurecerlos, contra los legionarios romanos. Para contrarrestar la embestida, Escipión ordenó a sus hastati que bruñeran sus corazas y escudos para deslumbrar a las bestias, además situó a sus músicos en vanguardia de forma que el estruendo espantara a los animales. Cuando estaban a punto de chocar contra la formación, los legionarios abrían pasillos en los cuales los elefantes perdían ímpetu y eran alanceados hasta la muerte.

busto de escipion

Escipión el Africano.

Los númidas de Massinisa pusieron en fuga a la menos numerosa caballería de Aníbal y la persiguieron, saliendo del campo de batalla. El Púnico ordenó avanzar su segunda línea. Escipión, conocedor e imitador de su táctica, se le adelantó contraatacando antes de que llegaran los refuerzos. Los hastati empujaban con sus escudos y perforaban la carne de los mercenarios de la primera y segunda línea de Aníbal. Parecía que la batalla estaba decidida a favor de Roma, pero la infantería veterana de Aníbal formó una muralla inquebrantable, dando un vuelco a la situación. El campo de batalla estaba sembrado de cadáveres, pues ambos bandos habían planteado una guerra de desgaste (Aníbal comandaba tres ejércitos que no habían combatido juntos jamás, y su determinante caballería se había pasado al enemigo).

Los veteranos, aunque obligados a mantenerse a la defensiva, eran tropa experimentada, supervivientes del cruce de los Alpes y más curtidos que sus oponentes romanos. Pero de repente la caballería númida y los equites regresaron al campo de batalla, cargando sobre la retaguardia cartaginesa y destrozando su compacta formación por la espalda. El ejército de Aníbal se colapsó, truncando el sueño del tuerto de ver Roma arrasada; El Africano, sin embargo, se había ganado un sobrenombre de leyenda.

Las bajas cartaginesas totalizaban 20.000 muertos, 11.000 heridos, 15.000 prisioneros, 133 estandartes y 11 elefantes. Una autentica debacle. Los romanos por su parte totalizaban 1.500 muertos y 4.000 heridos. Las consecuencias para Cartago fueron humillantes: la perdida de las posesiones no norteafricanas, entrega de la flota, un pago de 10.000 talentos de oro, la manutención de las tropas romanas en Africa durante tres meses, el reconocimiento de Masinisa como rey de Numidia y la entrega de 100 rehenes escogidos por Escipión. Ambos Senados ratificaron los términos, quedando Cartago devastado y barrido como superpotencia marítima.

Carlos de Lorenzo Ramos

c.d.lorenz@hotmail.com