Ecos de la maldición del Temple

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Hace 700 años se culminaba un maquiavélico plan orquestado entre el rey francés Felipe el Hermoso y el papa Clemente V. La Orden del Temple quedaba disuelta y todas sus posesiones repartidas como botín

Dios vengará nuestra muerte. ¡Clemente, y tu también Felipe!, traidores a la palabra dada. ¡Os emplazo a los dos ante el Tribunal de Dios!… A ti Clemente, antes de cuarenta días, y a ti, Felipe, dentro de este año”. Así ardió en la hoguera Jacques de Molay, vigesimotercer gran maestre de la Orden del Temple, apaleado y engañado el 18 de marzo de 1314. La maldición se cobró la vida del Papa al mes y la del rey de Francia en el tiempo estipulado. El canciller Guillermo de Nogaret, que acusó a los templarios de adorar al demonio Baphomet, también murió, envenenado antes de que el mundo viera otro verano. Enguerand de Marigny, el ministro de finanzas, pereció ahorcado al siguiente año. De un modo u otro todos los actores de esta trama desaparecieron.

Esta fue la consecuencia de la bula Ad providam, de 2 de mayo de 1312, por la que Clemente V disolvió a los Templarios y otorgó sus  bienes a los Hospitalarios,  que no pudieron  evitar la depredación de Felipe el Hermoso,  pues también tuvieron que entregar 200.000 libras tornesas. Un proceso inquisitorial juzgó posteriormente a los templarios, condenándolos a la hoguera.

Urdiendo el plan Maestre

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Felipe IV el Hermoso.

La  conspiración se había empezado  a gestar en los salones del soberano francés Felipe el Hermoso,  quien  acosado por las deudas fijó  su atención en las inmensas riquezas de laOrden del Templo de Salomón. Clemente V, papa cismático, con sede en Aviñón, mostró sumisión a su señor e incoó un proceso inquisitorial para disolver el Temple y quedarse con su oro. Urdió cuidadosamente su plan y convocó al Gran Maestre a sus dominios.

Jacques de Molay vivía obsesionado con recuperar los Santos Lugares y por ello había organizado múltiples expediciones. Nunca recibió ni un mendrugo de pan de las majestades católicas, por lo que acudió presuroso a la llamada del Pontífice. El señuelo era la promulgación de una nueva Cruzada, así que se presentó en Francia con todo el oro y la plata de la Orden.

La Militia Christi

Los Pobres Soldados de Cristo se fundaron a finales de la Primera Cruzada en 1099. Al grito “Deus le Vult” (Dios lo quiere), miles de famélicos campesinos y hombres de armas, cientos de nobles feudales y unos pocos reyes habían cruzado Europa desde Finisterre hasta el Bósforo para reconquistar Tierra Santa a los turcos.

Recuperada Jerusalén a sangre y fuego, dos nobles francos fundaron la Orden con el noble propósito de escoltar y defender a los peregrinos de los salteadores  y guardar el Santo Sepulcro. Obligados a dormir con su blusón, y vestidos con calzones de hierro, esta casta de monjes guerreros portaban los evangelios en la diestra y una maza en la siniestra. Sus vestiduras blancas llevaban cosida la baucent, la cruz bermellón, que simbolizaba la pureza del espíritu.

Con la pérdida del último baluarte cristiano, San Juan de Acre, la misión fundacional de los templarios dejó de tener sentido, y enfocaron sus energías en el comercio; de hecho, se convirtieron en banqueros de reyes. Residieron un tiempo en Chipre, pero pronto trasladaron su sede a París. Felipe el Hermoso odiaba a la Orden, pero la necesitaba. Estaba arruinado. Por ello se valió de su canciller Guillermo de Nogaret para verter acusaciones sobre los templarios.
Antes de tener a su disposición al sumiso Clemente,  el soberano ya tuvo un conflicto con el anterior ocupante de la silla de San Pedro, el papa Bonifacio VIII. Un militar italiano,Sciara Colonna, abofeteo y  apresó  a Bonifacio en la villa Agnani en 1303 . La plebe se sublevó contra los 300 jinetes del condottiero, y rescató al vicario de Cristo, que logró escapar, muriendo poco después, no sin antes excomulgar a Felipe. Éste finalmente consigue hacerse con los servicios de un pontífice atado en corto, Clemente V.

Nogaret dio la orden de que se prendiera a todos los templarios simultáneamente en todo el país. Era viernes 13 de octubre, día que quedó desde entonces identificado con la mala suerte.

Una hoguera sobre el Sena

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La maldición del último Gran Maestre.

No se libró ni uno, todos fueron torturados o amenazados con promesas de dolor, desde el Gran Maestre hasta el más humilde sargento. El Papa tuvo un golpe de culpabilidad y anuló toda la acusación del proceso por no haber sido obtenida lícitamente. Pero nada sirvió, los padecimientos produjeron mentiras, y este falso testimonio prevaleció. Felipe autonombrado “Defensor de la Fe” dio alas al proceso y Clemente no tuvo otra opción que bajar la cabeza y acusar a la orden de herejía.

En una plataforma instalada a las afueras de la catedral de Notre-Dame, Jacques de Molayse recompuso y defendió su inocencia, y ofreció el sacrificio de su propia vida. Murió atado a una estaca en la isla sobre el río Sena, “purificado” por el fuego redentor en el día de la Candelaria, 18 de marzo de 1314. Los verdugos alimentaron la pira con leños húmedos para que la agonía se prolongara en el tiempo.  Los tesoros del Temple se los repartieron el Rey, el Papa y la Orden de San Juan.

Carlos de Lorenzo Ramos

C.d.lorenz@hotmail.com

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