Heces y arroz, las claves de la domesticación del perro

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Un estudio genético esclarece los factores del amansamiento del lobo.

Si viajamos 11.000 años en el tiempo, a algún lugar indeterminado de Eurasia, nos toparemos con nobles salvajes asentándose, cultivando campos, pasando del Mesolítico al Neolítico. Lejos quedan las travesías nómadas en busca de carroña o alimento, ha nacido el orden y la comida abunda. Hasta el acto de deponer se regula y se crean civilizadas letrinas. Es al calor de las heces y de los carbohidratos sobrantes donde surgió el mejor amigo del hombre: el perro.

Un estudio genético llevado a cabo por el sueco Erik Axelsson ha concluido que el sistema digestivo de los perros se adaptó progresivamente a digerir arroz y patatas. Desentrañar el ADN de los canes para determinar que genes fueron importantes en la domesticación ha permitido trazar historias evolutivas similares a la nuestra.

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En India es común ver a perros persiguiendo a niños para alimentarse de sus heces.

Los científicos han secuenciado el ADN de 12 lobos europeos y de 60 perros centrándose en los genes similares, compartidos por todas las especies. El análisis engloba 36 regiones, con 122 genes que contribuyeron a la evolución canina, según ha reportado la revista Nature. El estudio incluye 19 áreas importantes para el cerebro, 8 envueltas en el funcionamiento del sistema nervioso, lo cual tiene sentido dados los cambios de comportamiento en el paso del canis lupus lupus al canis lupus familiaris.

Lo más sorprendente fue la presencia de genes encargados de digerir el almidón. Los perros tienen 30 copias del gen de la amilasa, la proteína que asimila la absorción de almidón por el organismo, mientras que los lobos tienen solo dos copias, por lo tanto los perros son más aptos para subsistir a base de una dieta agrícola de arroz o avena.

Para Axelsson otro factor determinante fue el fecal. A los perros les gustan las heces, particularmente las humanas, son una fuente probiotica de proteínas.  En el Subcontinente Indio puede verse a perros persiguiendo a niños desnudos esperando a la deposición matutina para obtener su premio. Para los primeros perros las letrinas debieron ser como maná del cielo.

Los canes aparecen hace 11.000 años en Asia, migrando junto a los humanos a Europa y pasando a América hace 9.000 años a través del estrecho de Bering. Todos los perros descienden de los lobos asiáticos, aun así es difícil rastrear sus huellas genéticas debido al mestizaje con las actuales razas europeas, que están obliterando la sangre ancestral de sus primos.

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Enterramiento de un hombre junto a su perro. Ain Mallaha. 8.000 a.C.

En el diez veces milenario pueblo de Ain Mallaha, en Israel, los arqueólogos descubrieron a un hombre viejo y a un cachorro enterrados juntos. La cría de tres meses seguramente fue sacrificada para dar compañía al hombre en la otra vida. Es el primer indicio de ese nexo que nos hermana con los perros.

Existen dos teorías sobre la domesticación perruna. Una afirma que los primeros “compañeros” amaestrados provienen de la muerte de la loba y la captura de sus lobeznos. A esta teoría se opone una afirmación rotunda: no es posible domesticar a un lobo, como mucho éste puede acostumbrarse a la presencia humana, y solo si se lo captura antes de los 8 días, cuando todavía está ciego y no ha desarrollado su mapa táctil y olfativo en libertad.

En realidad, la teoría más plausible es que se domesticaron a sí mismos, tomando ventaja del nicho ecológico que se les presentaba cuando los hombres permutaron la sociedad salvaje por el sedentarismo. Sobrevivieron aquellos canes que asimilaban mejor los hidratos de carbono y eran dóciles con los humanos, y así a través de miles de años de convivencia surgieron los perros de hoy en día. Los lobos pese a su temor ancestral hacía el ser humano, se adaptaron por la cantidad ingente de comida gratis, una prioridad equivalente a la del sexo.

En los dibujos de animales en cuevas, como en la de Chauvet-pont-D´Arc en Francia, de 31.000 años, no aparecen perros, ni en esa ni en ninguna gruta similar. El esqueleto de Ain Mallaha y las representaciones pictóricas contemporáneas a esa fecha (11.000 años) demuestran que el sedentarismo fue clave en el amansamiento lupino.

Carlos de Lorenzo

c.d.lorenz@hotmail.com

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