La expansión portuguesa hacia el Río de la Plata

LA EXPANSIÓN PORTUGUESA HACIA EL RÍO DE LA PLATA

 

La política de expansión portuguesa sobre el Río de la Plata se inicia en la década de 1550, después de la implementación de un gobierno central en las colonias de Brasil.

En este momento chocan los intereses españoles y lusos en la zona. La falta de posicionamiento por parte de la Monarquía Hispánica hizo que se tomaran decisiones a nivel local.

 

La contraofensiva española hizo que los encuentros fronterizos violentos fueran cotidianos. Los indios guaranies y tupíes de la zona cayeron dentro de la esfera de intereses y se doblegaron a los esfuerzos de uno y otro bando.

 

Los portugueses a pesar de lo firmado en el Tratado de Tordesillas ocuparon vastas regiones en las cuencas del Orinoco, el Amazonas y el Río de la Plata. Este Tratado firmado en 1494 estableció un reparto de las zonas de navegación a fin de evitar conflictos entre portugueses y españoles. En las bulas alejandrinas se estipulaba que la parte oriental de America del Sur (Brasil) quedaba adscrita a la zona de influencia portuguesa.

 

Al igual que en España uno de los agentes más importantes de la expansión lusa tierra adentro para Portugal fueron los religiosos de las ordenes regulares.

 

En Brasil los primeros en llegar fueron los jesuitas a partir de 1549, y fueron utilizados por la corona lusitana para consolidar la ocupación territorial más allá del litoral.

Los pueblos fundados por los padres actuaban como frente defensivo de las zonas azucareras del nordeste contra los corsarios franceses, holandeses y los indígenas, además contienen la huida de esclavos negros.

 

De 1580 a 1640 al reunirse bajo una misma monarquía las coronas de Castilla y Portugal, bajo el Austria Felipe II, las relaciones entre Portugal y el Río de la Plata se intensifican, permitiendo a los lusos expandirse más, aunque cada reino mantuvo una relación independiente con sus colonias. Puede decirse que la unión perjudicó a los lusos pues comenzaron a recibir ataques de los holandeses en sus colonias brasileñas y asiáticas, pero esta unión permitió a los bandeirantes expandirse por territorios que no les correspondían.

 

A partir de 1620 los portugueses dejan de tener exclusividad en el comercio transatlántico debido a la Compañía de las Indias Holandesa. Ante la falta de mano de obra en el siglo XVIII surgen la figura de los “bandeirantes” o mamelucos paulistas, que apresaban indígenas para las plantaciones agrícolas y buscan metales y piedras preciosas.

 

Estos traficantes y aventureros partían desde la villa de Sao Paulo, distinta a las demás villas del territorio brasileño pues no estaba enclavada en un litoral, sino en el altiplano. Los colonos, aislados del comercio, vieron lucrativa la actividad de la caza de esclavos entre los indios y venderlos a las plantaciones de azúcar. Las bandeiras estaban compuestas por una mezcla de indios tupies, blancos y mestizos. Su figura es percibida desde el lado español como piratas, pero desde el portugués como pioneros que expandieron los dominios lusos más alla de los límites del Tratado de Tordesillas.

 

Los bandeirantes que asolaron las regiones del los ríos Paraguay, Paraná y Uruguay se constituyeron en un frente colonizador, ya que sus acciones abrieron paso a futuras expansiones territoriales en las zonas meridionales de la capitanía de San Vicente.

 

Por su parte los españoles fueron creando un cordón misionero en las regiones de Guayrá, Tepé y en la provincia de los Itatines, en el acual Brasil. La Corona esperaba que los guaranies, hábiles guerreros, detuvieran la expansión portuguesa.

Lo que provocó fue una tentación para los bandeirantes sobre el territorio ocupado por las misiones.

 

En 1628 los pauilistas formados en cuatro bandeiras de 900 colonos y 2.000 indios tupies asolaron los pueblos indios de Villa Rica y Ciudad Real.

En los años siguientes los bandeirantes siguieron bajando contra las misiones del Paraná y el oeste de Urguay. En 1647 el virrey manda armas a los curas y dos años después las misiones son elevadas a la categoría de milicias del rey. El Papa da la autorización de que porten armas de fuego, lo cual constituye un hecho sin precedentes.

 

Con esto quedan expresadas dos formas de ver la frontera: el de la guarnición fronteriza como producto de una alianza de los gobernadores, religiosos y caciques indígenas por parte española; y de expedición depredadora por parte portuguesa. Esto canalizó a los bandeirantes hacia otras zonas: el Amazonas y el Mato Grosso.

 

A partir de 1640 (ruptura con España) y 1654 (fin de las colonias holandesas en Brasil) Portugal y sus colonias entran en un periodo de revitalización. El rey Juan IV muestra un mayor interés en los dominios. De 1640 a 1680 varios proyectos particulares y oficiales estimulan la emigración de Río de Janeiro y Bahía, hasta Uruguay.

Aunque los portugueses sabían que estos territorios estaban más allá de la línea demarcada se propusieron colonizarlos mediante poblaciones estables.

Presentaron informes al Consejo Ultramarino insistiendo en que las tierras que se encontraban entre la capitanía de San Vicente en Brasil y el Río de la Plata estaban despobladas de españoles.

 

Alegaban que podían evangelizar a los indios y cultivar el suelo: los fundamentos sobre los cuales se había erigido la conquista americana. Además los portugueses apelaron al concepto de “frontera natural” que hacia el Río de la Plata. Más tarde alegarian el concepto jurídico de uti possidetis o sea ocupación de hecho.

 

Las demarcaciones existían sobre papel, pero los gobiernos no tenian suficiente fuerza para hacerlos respetar. Aun así eran un punto de referencia geopolítico o jurídico en caso de negociación.

 

La primera fundación portuguesa fue Nueva Lusitania, más tarde conocido como Sacramento (enclave portugués dentro del territorio español). Para la gobernación de Paraguay, la Plata y los indios guaranies la fundación de esta colonia supuso una provocación inadmisible. Se temía que desde este enclave se reanudarian los ataques de los bandeirantes.

 

La respuesta española fue la de reforzar Buenos Aires, atacar la colonia de Sacramento y fundar nuevos pueblos Guarini-jesuiticos en la Banda Oriental de Uruguay.

Efectivamente, en 1652 los bandeirantes invadieron Paraguay para vaciar Asunción de indígenas.

 

En 1680 los guaranies comandados por jesuitas destruyen la colonia de Sacramento. Sin embargo el gobernador Garro fue condenado a muerte por el rey de España, Carlos II, por tomar la plaza y en 1681 firma un Tratado Provisional por el que restituye Sacramento a Portugal, pero se prohíbe reforzar ese reducto con nueva gente. Los portugueses no respetarán el acuerdo y aprovecharan el enclave para restablecer el contrabando de cueros y de plata de Potosí. Para contrarrestar esto, apoyados por el gobernador, los jesuitas fundaran siete reducciones en la Banda Oriental de Uruguay.

 

En 1700, antes de la Guerra de Sucesión Española, Felipe V, para garantizar la paz con Portugal les cede la colonia de Sacramento, otorgando definitivamente legitimidad a la expansión lusa hasta el Río de la Plata.

 

Esto incluía “dominio” de plaza fortificada y de un puerto con acceso al Atlántico en medio de un territorio colonizado por la Corona española.

En 1704 Portugal se alía con Felipe V y Sacramento es ocupada por una expedición jesuítica-guaraní. En 1716 los portugueses recuperan Sacramento tras la Paz de Utrech. Emprenden expediciones hasta alcanzar las minas de Cuibabá, en el actual Mato Grosso.

 

La Corona española erige el fuerte de Montevideo para detener las expediciones de rapiña portuguesas en 1749. Un año después las Coronas de España y Portugal firman un nuevo tratado de límites en América y Asia en la que España perdía territorio en beneficio de Portugal. Fernando VI buscaba la paz y la neutralidad y además el fortalecimiento del poder real implicaba quitar privilegios a las colonias, territorios y a la Iglesia.

 

En este Convenio de Límites, apoyado por expediciones científicas, se busca llegar a una cuerdo, prescindiendo ya de lo que diga el papado.

Portugal deseaba continuar su expansión por ello cede Sacramento, que de todas formas está bloqueado marítimamente, y pide los territorios ocupados por los jesuitas. Fernando VI aprueba esta permuta. Quiere la navegación en exclusiva por el Río de la Plata y el fin del contrabando.

 

Los jesuitas, incrédulos, del tratado firmado a sus espaldas se opusieron en sus territorios de los márgenes orientales del Uruguay. El rey Fernando VI tuvo que mandar tropas para hacer cumplir su ley “sin admitir réplicas, ni excusas”.

 

Esta resolución tuvo consecuencias graves ya que en los territorios portugueses estaba permitida la esclavitud, mientras que en los territorios españoles todos los indígenas eran automáticamente súbditos de su majestad. Esto provocó obviamente la resistencia de unos indios por otra parte acostumbrados a la guerra y a las tácticas europeas. En esta Guerra Guaranítica, de 1752 a 1756 los indios combatieron a las fuerzas combinadas luso-españolas.
Finalmente en el Tratado del Pardo de 1761 se anula el traspaso de las Provincias Orientales y Portugal retiene la colonia de Sacramento. La eficiacia mostrada por los jesuitas hizo temer a Carlos III por la estabilidad de la zona y mediante la  Pragmática Sanción de 1767 decrataba la expulsión de todos los jesuitas de los territorios ultramarinos.

 

 

QUARLERI, Lia, Rebelión y guerra en las fronteras del Plata, 2009, México D.F

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